El "Terremoto del Siglo" evidencia enraizadas corruptelas en México: The Economist
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Sep 12, 2017 |
21:19
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A la cuenta de tres
Yolanda Morales
Reportera de Finanzas Globales de El Economista
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No sé si han escuchado la hermosa canción de José Alfredo Jiménez: “Arrullo de Luna”. Permítanme compartirles una parte: “Esta casa la compro sin fortuna… esta casa la compro con Amor. Pa´que jueguen mis hijos con la Luna. Pa´que jueguen, mis hijos con el Sol(…)

Pues no dejaba de pensar en ella, cuando veía las imágenes terribles de devastación que dejó el terremoto del jueves 7 de septiembre, en Oaxaca.

Luego, leí un análisis de The Economist que apenas divulgó esta tarde:

Un sismo muestra que México ha aprendido de desastres pasados. Fue mucho más grande, y menos malo. Pero la devastación en la que han quedado municipios de Oaxaca, donde se originó, evidencian que la cultura de la seguridad, no ha podido reemplazar las prácticas enraizadas de la corrupción y el débil cumplimiento de la ley
Este fue el diagnóstico que otorgó The Economist, la revista especializada, a cinco días de que el “terremoto del siglo”, de 8.2 grados escala Richter, con epicentro en Oaxaca y Chiapas, azotó al país.

Así. Claro y preciso. Podemos encontrar como ellos, las razones del menor impacto que tuvo el sismo en la Ciudad de México. El epicentro se encontró a una distancia mayor a la que tuvo el de 1985. Tenemos una mejor cultura preventiva, como lo demostraron los 86 segundos que tuvimos los capitalinos para salir de nuestros hogares, cuando las alarmas comenzaron a sonar. Incluso los miembros de la Armada se han vuelto expertos en apoyar a las víctimas de desastres, como quedó evidenciado en Louisiana, EU, tras el Huracan Katrina de 2005.

Pero ni esa cultura de prevención es generalizada en el país, ni los estándares de construcción han tenido una mejora importante en los más pequeños municipios, señaló The Economist.

“Parece como si hubieran bombardeado al municipio de Juchitán, Oaxaca, donde al menos 36 personas murieron, refirió el New York Times. La nueva cultura de seguridad no ha podido reemplazar las prácticas enraizadas de corrupción y débil cumplimiento de la ley”, enfatizaron.

Muchos edificios siguen levantándose en zonas vulnerables, argumentaron, “en gran parte, porque los funcionarios aceptan sobornos para permitirlo”.

Estos manejos y corruptelas, son prácticas que explican también la destrucción de Acapulco, causada en 2013 por una tormenta tropical, recordaron.

Lo que es lamentable, si tomamos en cuenta, como ha probado el Banco Mundial, que “México es uno de los países más vulnerables a los desastres naturales. Aproximadamente un tercio de su población habita en áreas expuestas a huracanes, tormentas, inundaciones, terremotos y erupciones volcánicas”.

Impacto económico
En términos económicos, detalló el Banco Mundial, esta vulnerabilidad a desastres naturales de México, “se traduce en que el 71% del PIB del país se encuentra expuesto a dos o más peligros naturales”.

En un reporte titulado “Irrompible: Generar resiliencia en los pobres frente a los desastres naturales”, los expertos del Banco Mundial sugirieron que para enfrentar estos riesgos, los países expuestos podrían responder más adecuadamente si cuentan con sistemas de alerta temprana, si consiguen mejorar en el acceso a servicios bancarios personales; y se cubren con pólizas de seguros y sistemas de protección social.

México ya ha cumplido con la mayoría de estas recomendaciones. ¿Pero cómo hacemos para garantizar que las constructoras no sobornarán a los funcionarios que permiten erigir edificios en zonas riesgosas? ¿Cómo hacemos para que los empresarios de la construcción tengan la ética suficiente para utilizar materiales resistentes, planear edificaciones seguras y garantizar la solidez de las viviendas y oficinas?

¿Cómo hacerles entender a los inspectores, presidentes municipales, gobernadores, funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), y a los más altos burócratas, que al participar en actos de corrupción, están exponiendo vidas humanas?
¿Cómo quitarnos la incertidumbre de que el apoyo que donamos los ciudadanos para nuestros connacionales en desgracia, podría no llegar a las manos que lo necesitan?

¿Cómo puedo asegurar a mis hijas, que mi generación aprendió la triste lección del terremoto de 1985, y que por ello saben ellas actuar anticipadamente, ante el sonar de la alerta sísmica? Si yo misma temo que este edificio, donde escribo, puede no contar con los parámetros de seguridad en la construcción, porque en los trámites y permisos, pudieron haberse cruzado corruptelas…

Déjenme cerrar mi comentario, con esta canción, que les digo, me parece bellísima: “…Yo quisiera que Dios, que Dios los arrullara.
Y un mañana distinto. Y un distinto mañana, que Dios
Les regalara …”

De mis Apuntes
Como siempre, este blog es dedicado a mis tres hijas. Y hoy, también a mi sobrina, Tamara. los invito a continuar esta conversación circular en mi cuenta de twitter @morales_yoly

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