¿Por qué yo también soy mexicano?
Los cómics y libros que me inspiraron el amor a la Patria
En su columna de hoy, Concepción Moreno aborda un tema muy interesante y abre un debate en el que quiero participar: qué obras nos hicieron sentirnos mexicanos.
Dice Concha:
“Digámoslo bien claro: más que cantar el himno nacional o hacer honores a la bandera, lo que forma la identidad nacional es la música, la comida, los juegos, las narraciones y los dicharachos y groserías que uno aprende mientras va creciendo. A la hora de insultar, de celebrar un gol o de bailar, no da lo mismo ser español que argentino o mexicano”.
Así, ella y unos amigos se dieron a la tarea de buscar los cómics y los libros que los hicieron mexicanos.
Y yo también quiero decir los míos.
En cómics, para mí no es la multicitada Familia Burrón o los monos narizones de Abel Quezada, misma que se queda muy atrás de Los supersabios.
Al leer los viejos números de la tira cómica que guardaba mi padrastro, me sentí francamente orgulloso de vivir en el mismo país que Paco, Pepe, Panza (entre otras cosas porque eso me daba la posibilidad de, quizá, encontrarme a la bella Polita) y por supuesto del Genial (ups, se me fue la mayúscula... pero la dejo) Germán Butze, el autor.
En libros, ni hablar: Rulfo, más con El llano en llamas que con Pedro Páramo.
También Ricardo Garibay, con La casa que arde de noche y Fiera infancia y otros años.
En ese mismo tenor, debo hacer, no sin cierta pena, una confesión: Incluiría Cantar de ciegos (una vez más, los cuentos y no Aura, la novela) de Carlos Fuentes. Pena porque detesto en lo que se ha convertido este escritor, de quien hace algunos lustros no me gusta ni un libro.
Y quisiera hacer un añadido, porque, más que cómics o libros, entiendo que hablamos de letras, y para esas no hay mejores ni más mexicanas que las de las canciones de Chava Flores.
Dice Concha que con diez novelas se Spota se avienta al Zócalo envuelta en lábaro patrio, a mí me bastarían “Los quince años de Espergencia”, “El retrato de Manuela”, “Los gorrones” y “El crimen del expreso”.
¿Y a ti?
... Hey, deberíamos hacer una aplicación de Facebook con esta idea.






Mexicano
Lino.
A mí me gusta mucho Café Tacvva :)
Sentirnos mexicanos
Hablando de letras, como lo hace el señor Lino, recupero las canciones sobre el metro de Café Tacvba y Rockdrigo González. Toda la música y todas la letras de Jaime López. Todo el desmadre y el albur, que funcionaron en los ochenta (y sólo en los ochenta), de los Botellita de Jerez, y la espontaneidad de El Personal.
Me quedo con las novelas El Complot Mongol, sobre una intriga internacional con epicentro en el barrio chino chilango, y Su nombre era muerte, con el maléfico plan de los mosquitos de Chiapas por conquistar al hombre, ambas de Rafael Bernal. Pasando, por supuesto, por Rulfo y Arreola e Ibargüengoitia y Francisco Hernández y José Emilio Pacheco.
A diferencia del maestro Manuel Lino, sí me quedo con los monos narizones de Abel Quezada y, sobre todo, con su trabajo como ilustrador. Me quedo con muchos trabajos de El Taller del Perro, el bobo Capulinita y su formato micro, el humor cáustico de Axl Medellín y, por supuesto, el fabuloso trabajo de Jis, grande entre los grandes.
Me quedo con muchas expresiones, desde el clásico Chinga tu madre al Tómala, pinche culero, o el multiusos ¡Prestas! Y del cine, una joya que no deja de brillar:
—Encontraron al Julián muerto. —No la amueles. ¿Al Julián? —Sí. —¿Dónde? —Allá en el llanito, cerca de la chicharronería. Está ahí tirado y hay cantidad de gente. —¿Y no saben quién fue? —No. Un policía dijo que lo mataron por la espalda. —¿Vamos a verlo? —Vamos. —Pus vamos.
Y así.
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