Obesos vemos, genes no sabemos

Resulta irónico que a unos días de haber celebrado “200 años de ser mexicano” (a través de pantallas gigantes o caseras) aparezca una prueba de peso de que en realidad no sabemos qué es ser mexicano (o mexicana), me refiero al índice de obesidad de la OCDE en el que en especial las mexicanas han pasado a ocupar el primer lugar.

Me explico.

En su magnífico libro Por qué a algunos les gusta el picante. Alimentos, genes y diversidad cultural (Fonde de Cultura Económica), Gary Paul Nabhan inicia con una escena demoledora.

El autor acompaña a su amigo Gabriel, indígena americano, va a recoger unos botes de leche en polvo que el gobierno de California, generoso (sic irónico, hubiera escrito Monsiváis), regala a los habitantes de las reservas (esa curiosa forma que en los Estados Unidos, cuyos habitantes tampoco tienen la más remota idea de quiénes son, han encontrado para lidiar con su diversidad étnica).

Los habitantes de la reserva necesitan la leche en polvo, pero no como alimento sino para pintar las rayas de su campo de beisbol.

“No podemos beber leche, hombre blanco –explica Gabriel-. Todos los indios tenemos intolerancia a la lactosa”.

Bueno, eso no es del todo cierto. Son intolerantes a la lactosa todos los mayores de 8 años, 71% de los mayores de 5 y el 40% de los mayores de cuatro años.

Los nativos de América, que conocieron las vacas cuando llegaron los europeos, sólo tienen lactasa (la enzima que rompe el azúcar lactosa) mientas la requieren para alimentarse de leche materna.

Y así como el gobierno californiano reparte leche a personas que no la pueden digerir, los gobiernos mexicanos también lo hacen.

Es cierto que la población mestiza de México tiene menos intolerantes a la lactosa, pero no muchos menos.

Del mismo modo, nuestro pasado, que está impreso en nuestros genes, nos hacen más propensos al alcoholismo, la diabetes y la obesidad a partir de una ingesta de calorías en forma de azúcares.

Como nuestros gobiernos han creído que la prioridad en la educación que imparten es generar al sindicato más poderoso del país y, paralelamente, a una masa de ignorantes con voto pero sin voz, lo cierto es que los mexicanos no sabemos comer ni beber.

Las pruebas están a la vista.

Y la obesidad no es un problema menor o glamoroso, como el magnífico cuadro "Hombre y mujer" del colombiano Fernando Botero que acompaña este post podría hacer suponer.

Dicen que eso va a cambiar y que las tienditas de la escuela y que la comida chatarra, y que nuevas leyes.

Supongo que estamos en nuestro derecho de dudarlo, y mucho.

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