Una fiesta de glamour
Pablo G. Escobedo / Enviado de El Economista
MIAMI. Quizá haya menos dinero en el bolsillo, incluso en el de los organizadores, pero el Super Bowl continúa siendo una fiesta masiva, en la cual participan desde los vendedores hasta los asistentes, famosos y deportistas.
Aunque las tiendas fueron menos en las inmediaciones del Estadio en comparación con los años anteriores, los productos se vendieron en buen número, al grado que antes de iniciar el partido quedaba menos de 10% de lo puesto en venta.
Afuera se podían ver varias caras conocidas del medio mexicano. Cerca del área de comida se encontraba el piloto Chava Durán apoyando a los Potros, mientras que por otro lado, Lorena Ochoa estaba a punto de observar su segundo Super Bowl de forma consecutiva. Estrellas de cine, música y deportistas caminaban como un aficionado más afuera del Sun Life Stadium.
Ya en el Estadio, los souvenirs ofrecidos por la NFL se redujeron, sobre todo por la ausencia de los cojines que recibía cada asistente para formar parte del show de medio tiempo.
Aun así, el entusiasmo fue el mismo. Desde la música de inicio, hasta el momento en el que The Who tomó el escenario, los gritos no cedieron. Y fue justo el show de la banda inglesa de lo más aplaudido por los aficionados.
El guitarrista Pete Towshend fue el primero en recibir las luces del escenario.
Segundos después la música de la agrupación británica hizo brincar a la mayoría de los asistentes. La noche continuó con el mismo entusiasmo.










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