El reinado de Luke Donald
Cristina Sánchez Reyes / El Economista
A sus 34 años, el inglés Luke Donald puede presumir de ser el rey del mundo. Con tres títulos en Europa, otro en Estados Unidos, dos top 10 en los grandes del año, y sólo tres clasificaciones fuera de los 10 primeros en el circuito europeo, Donald ha sido una maravilla de regularidad y consistencia en el 2011. Aunque aún tiene como deuda ganar un Major.
No se sabe si ahora Donald estaría en esta instancia si Tiger Woods mantuviera intacta su dictadura en el golf del orbe. Pero eso poco importa a Luke, porque más que emular los logros del otrora número uno del mundo, el británico quiere escribir su propia historia.
Dubai le vino bien al número uno del mundo, porque fue justo en el torneo realizado en aquella ciudad en la que se coronó como líder de ganancias tanto del Circuito Europeo (EPGA) como del PGA Tour estadounidense.
Su tercer puesto en el Jumeirah Golf Estates, unido al segundo del norirlandés Rory McIlroy, el único que podía hacerle sombra y que precisaba ganar el torneo, le dio al inglés el liderato en la clasificación final de la Carrera hacia Dubai, la lista de ganancias del Tour del viejo continente, con 5 millones 323,400 euros acumulados.
Donald había llegado a Dubai como ganador del 2011 de la lista de ganancias de la PGA en donde acumuló un total de 6 millones 683,214 dólares.
Entonces el inglés demostró que no se necesita un trofeo Major para coronarse como el mejor, el número uno. Más bien ese swing tan perfeccionado que lo caracteriza lo llevó a ganar en febrero el Mundial Match Play en Arizona, Estados Unidos, y poco después el Campeonato PGA en Wentworth, Reino Unido.
Su tercer título de este año lo consiguió en el Abierto de Escocia y el cuarto, en el Disney Classic. No necesitó más. Esos triunfos lo elevaron a la historia como el único golfista que se queda con el título de ganancias la misma temporada en ambos circuitos y, no conforme con ello, su constancia en el green le dio el título de jugador del año de la PGA y 48 horas después se hizo del mismo nombramiento pero en la gira europea.
Así, Donald estipuló que para ser el número uno del golf, el mejor del año, se requiere más que precisión que exige por excelencia el deporte. Y es justo eso, esa clave, lo que lo llevó a la historia, la que tendrá que mantener en el 2012, cuando el norirlandés Rory McIlroy, su compatriota Lee Westwood y al alemán Martin Kaymer acechen de cerca, esperando cualquier descuido del nuevo rey para arrebatarle el cetro, la atención del mundo.







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