Jaguares y Puebla, sin continuidad y con problemas económicos
Descenso inquieta a la familia Chargoy
A tres semanas de saber el equipo que perderá su lugar en primera división, los dueños de ambos clubes han encontrado dificultades económicas y los equipos han perdido jugadores referentes.
Carlos Herrera Lizalde
Abr 21, 2017 |
0:46
Jaguares, en el penúltimo lugar de la tabla de cociente. Foto: Cuartoscuro

A tres semanas de que concluya el Clausura 2017 y se defina el descenso, en la tabla porcentual existen dos equipos que corren riesgo y que deben mantener inquieta a una misma familia: la de los López Chargoy.

Jaguares, equipo más que comprometido con un solo punto de ventaja sobre Veracruz, último en dicha clasificación, es propiedad de Carlos López Chargoy, quien fue notificado por la Liga MX de que debe vender el club al terminar el Clausura 2017. Por su parte, Puebla, que tiene mejor margen de maniobra con siete unidades por encima de los Tiburones, le pertenece a Jesús López Chargoy. Si bien ambos equipos buscarán evitar el descenso, la realidad es que han existido errores que hoy los tienen en riesgo.

¿Cuáles han sido los pecados de los López Chargoy que pusieron a sus planteles en riesgo de descenso?

Dificultades económicas y cambios en sus planteles

En la conformación de las plantillas de los seis torneos que se toman en cuenta para definir el descenso, tanto Jaguares como Puebla se han caracterizado por carecer de continuidad. Los problemas económicos que se han hecho públicos por parte de jugadores y la misma Federación han afectado a los clubes.

Hace un par de semanas se destapó que los jugadores de la Franja adeudaban los meses de febrero y marzo. En Jaguares, franquicia que inició el semestre con más presión al estar sólo cuatro puntos del último sitio de la porcentual, está al corriente en sus pagos. El año pasado intervino la Comisión del Jugador y por sus constantes problemas están avisados de que el equipo deberá ser vendido. Lo que es un hecho es que los técnicos que han pasado por ahí se han tenido que enfrentar al armar planteles casi nuevos de un semestre a otro. Por ejemplo, el cuadro chiapaneco dio de alta a 11 elementos del Clausura 2015 al Apertura de ese mismo año; un año más tarde, en ese mismo cambio de campeonatos igualó la cifra, y para el actual Clausura 2017 la superó al llegar a 12.

El conjunto camotero del Clausura al Apertura en el 2015 tuvo 11 altas, mientras que para el siguiente certamen alcanzó apenas una menos. Gabriel Simón, quien fue auxiliar técnico de Pablo Marini en el cuadro camotero en el Apertura 2015 y el Clausura 2016, dijo a El Economista que tantas altas y bajas de futbolistas “sí complican un tanto la adaptación al sistema”, aunque él atribuyó que el problema del primer campeonato en el que calificaron a la liguilla, al segundo en el que el equipo no caminó con 10 elementos nuevos, situación que le costó el puesto al cuerpo técnico, se debió a un tema estancamiento.

“El equipo tal vez se estancó un poco. El bajón que tuvieron los jugadores en el segundo torneo lo atribuyó a relajación”, opinó Simón.

El tema de los directores técnicos tampoco ha sido ajeno a los cambios; mientras Puebla acumula seis en el mismo número de torneos, Jaguares lleva cuatro Sergio Bueno estuvo en dos etapas distintas.

Venta de jugadores estelares

Los apuros económicos que han atravesado los equipos les han obligado a desprenderse de jugadores que eran figuras de sus aficiones. Por Puebla, el caso más sonado fue el de Matías Alustiza, delantero argentino con el que marcó 45 goles antes de ser vendido al Atlas a finales del 2016. En Chiapas, casos como Avilés Hurtado, Silvio Romero y Francisco Silva dejaron huecos en la plantilla.

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