“En la PGJDF no tenía mucho tiempo para leer”: Mancera

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Angélica Pineda / El Economista

Foto EE: Mario Hernández

Como abogado de la ciudad, Miguel Ángel Mancera tuvo poco tiempo libre, pero sí el suficiente para estar con sus hijos Leo y Miguel, de cuatro y siete años, respectivamente.

Abogado intenso y padre dedicado, es especialista en cambiar pañales, con cambiador y sin cambiador, en restaurantes. Además de estar con sus hijos, disfruta de la aviación, pasatiempo que comparte con Leo. Aficionado de Los Pumas, es también buen tirador, maneja con destreza rifles de alto impacto, reveló en una entrevista a un medio especializado.

Para bajar la adrenalina del día a día, Mancera recurre también a la música y la lectura. En entrevista con El Economista revela algunos de sus métodos:

“En música escucho de todo, a veces algo de chill out –música electrónica relajante- pop, y a veces clásica”.

En cuanto a la lectura, su anterior trabajo le dejaba poco tiempo disponible.

“En la Procuraduría no tenía mucho tiempo –para leer- porque era muy demandante. De niño leía cuentos, después pasé a las novelas y luego a los libros especializados. En la Facultad de Derecho te dejan leer muchos libros, sobre todos de autores extranjeros”


-¿Ahora qué lee?

Retomé un libro de Maquiavelo, pero con introducción de Napoleón Bonaparte. También uno de –Francisco- Martín Moreno que habla de las pasiones. Interesante también y leí uno muy rápido ‘Presidente en espera’, que tiene que ver con un tema de aspiración presidencial”.


TAREA DE “HÉROE”

Con esa voz suave, a veces bajita que lo caracteriza, Mancera insta a no tolerar casos como el del empresario Miguel Sacal, quien en un acto de discriminación golpeó e insultó a un empleado.


-¿Cómo manejar este tipo de cosas?

“Con la denuncia. Que los ciudadanos denuncien y que ésta se siga hasta sus últimas consecuencias. Que halla seguimiento a las indagatorias. No se puede tolerar este tipo de conductas”.

Mancera predica con el ejemplo. Siendo joven sufrió un accidente. Una revista especializada recogió la anécdota: con engaños firmó un papel que eximía de cualquier responsabilidad al conductor. Su exigencia de justicia lo llevó frente a Victoria Adato Green, entonces procuradora capitalina, quien dio seguimiento al caso hasta llegar a sus últimas consecuencias.

Ese episodio influyó para que Mancera se decidiera por estudiar Derecho Penal en la UNAM, tarea no exenta de riesgos, como cuando en abril del 2010 negoció la rendición de dos ladrones en la Gustavo A. Madero.

Vestido con chaleco antibalas, el procurador negoció la liberación de un rehén y logró, con planeación, la captura de los delincuentes. Todo con saldo blanco.

El miedo no le impidió hacer su trabajo y por eso fue llamado héroe por la prensa nacional. Con modestia aceptó los elogios y siguió combatiendo el crimen.

Al término de su gestión al frente de la PGJDF, entregó buenas cuentas. Uno de sus mayores logros fue la reducción del 12.6% en los 14 delitos de mayor impacto en la ciudad.

apr / Con información de Quién y Animal Político

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