Irlanda afectada por apostar al sector inmobiliario
Yolanda Morales Quiroga / El Economista

La debacle de la economía irlandesa comenzó 10 años atrás, cuando apostó a la vivienda como uno de sus motores de crecimiento.
Los precios de las edificaciones se triplicaron y el sector inmobiliario impulsó por si sólo 60% de los créditos bancarios, derramando riqueza incluso en el sector financiero.
Nadie podía dudar del éxito de las decisiones de aquella economía, que desde fines de los años 90, hasta 2007, consiguió un progresivo crecimiento del PIB de 8% promedio anual, característica que le valió para ser identificado en todo el mundo como el Tigre Celta en clara alusión a la fortaleza de los tigres asiáticos.
No obstante, recargándose en cuentas que no cuadraban con la realidad, al inflarse el precio de las construcciones comenzó a generar un stock de viviendas y edificaciones sin colocar.
Las consecuencias fueron quiebras de constructoras, incremento de carteras vencidas en bancos que acreditaron a constructoras e hipotecarias y una contracción de la bonanza económica.
Para mediados del 2008, su desequilibrio fiscal superaba 6% del PIB, lo que motivó el recorte de 7.5% en el salario de los burócratas. Según el FMI, “Irlanda transita por la mayor recesión de las economías avanzadas”.
El FMI estima que ha perdido, sin remedio, 20% de su producto, en incumplimiento de pagos principalmente de urbanizadores inmobiliarios.









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