El ineludible papel de las agencias calificadoras

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AFP

Foto EE: Archivo

París.- Las agencias de calificación como Standard & Poor's, que acaba de degradar la nota de nueve países de la Eurozona y privar a Francia de su triple A, son criticadas desde hace diez años, sin que los detractores consigan ponerse de acuerdo para limitar su influencia en los mercados financieros.

El oligopolio formado por tres grandes agencias, las estadounidenses Standard and Poor's (S&P) y Moody's y la francoestadounidense Fitch, ha sido inevitable para los inversores a lo largo de más de veinte años, a medida que las finanzas se globalizan.

La primera oleada de críticas surgió con el escándalo, en 2001, de la empresa energética estadounidense Enron, que disfrutaba de una buena nota cuatro días antes de su cierre.

Seis años más tarde, con la explosión de la crisis de las "subprime" las agencias volvieron a estar en el ojo de mira de las críticas por no haber anticipado la crisis.

Unas semanas antes de la tormenta, otorgaron la mejor nota posible, la triple A, a productos financieros de alto riesgo vinculados con las "subprime", de los que se ha huído como de la peste desde entonces.

Superadas por los acontecimientos para unos, pirómanas para otros por el pánico que provocan entre los inversores, el trío está también acusado de conflicto de intereses, ya que están remuneradas directamente por las mismas entidades (empresas y Estados) a las que califican.

Sin embargo, todos los intentos de reguladores y legisladores, estadounidenses principalmente, para disminuir el peso de las agencias han fracasado.

A mediados de noviembre, el comisario europeo para los Mercados Financieros, Michel Barnier, presentó un proyecto para tratar de endurecer la reglamentación, pero finalmente tuvo que renunciar a uno de los principales puntos, la posibilidad de suspender la calificación de los Estados que reciben ayuda internacional.

"La importancia de las agencias la han construido en parte las autoridades de la vigilancia", señala Jezabel Couppey-Souberan, profesora de la Universidad Paris-I Panthéon Sorbonne.

De hecho, el nuevo marco regulador, conocido como Basilea III que va a aplicarse a los bancos a partir de 2013, concede incluso un papel mayor a la calificación.

Los bancos centrales escudriñan sistemáticamente las calificaciones de activos que aceptan o no como garantía.

Para Couppey-Soubeyran, "esto ha sacralizado la medida de riesgo que constituye una calificación".

Además de las críticas por el propio funcionamiento de las agencias, las reservas también se dirigen por su limitado número.

"La competencia no se decreta", considera Gunther Capelle-Blancard, director adjunto del Centro de Estudios Prospectivos y de Informaciones Internacionales (CEPII).

"Para conquistar parte del mercado, hay que diferenciarse de sus competidores y asumir eventualmente mayores riesgos" dando muestras de complacencia con los clientes, ya sean empresas o Estados.

La pequeña agencia de calificación estadounidense Egan-Jones se caracteriza habitualmente por sus decisiones radicales. A principios de diciembre degradó la nota de Francia, dejándola en "A", cuatro escalones por debajo de la "AA+" que le otorgó el viernes S&P.

Las agencias también se han visto afectadas por la supuesta debilidad de su personal, procedente de la segunda fila del mundo de las finanzas.

"No tienen los medios para contratar a los mejores analistas", dice Eric Singer, asociado de la agencia de reclutamiento Singer & Hamilton, que ve en ellos "personas con una visión contable pero no una visión estratégica".

"Cuando veo la densidad de los equipos, hay gente capaz", le contradice otro directivo de otra agencia de reclutamiento, que pidió el anonimato.

Pero para Singer, la composición de los equipos y sus métodos de trabajo son arriesgados: "Son personas que nunca han hablado a directivos importantes y les piden que hagan análisis sobre la base de cuentas y unas cuantas entrevistas".

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