¿Cómo afectaría a la economía mundial una guerra entre las dos Coreas?
Un conflicto bélico entre las dos Coreas tendría efectos negativos inmediatos en el PIB mundial, las cadenas de suministros industriales y en el precio del petróleo. Pasado el conflicto, el costo de la reconstrucción de Corea del Sur equivaldría al 30% del PIB de EU, según cálculos de una consultora.
Foto: Reuters

La guerra verbal entre Estados Unidos y Corea del Norte escala las tensiones geopolíticas en el mundo, ya produce análisis sobre cuáles swerías las eventuales consecuencias para los mercados y para la economía global.

La consultora canadiense Capital Economics publicó un estudio sobre el tema, en un escenario en el que Corea del Norte atacara de pronto a la vecina Corea del Sur, aliada de Estados Unidos.

“La experiencia de conflictos militares del pasado muestra el gran impacto que las guerras pueden tener sobre la economía. La guerra en Siria llevó a una caída del 60% en el PIB de aquél país. El conflicto militar más devastador después de la Segunda Guerra Mundial fue la Guerra de Corea (1950-1953), conflicto en el que murieron 1.2 millones de sur-coreanos y que condujo al país a una caída del PIB de más de 80%”, según consta en el estudio de la consultora.

Un nuevo conflicto directo entre las dos naciones tendría proporciones relevantes para el mundo. Las fuerzas militares de Corea del Norte incluyen 700,000 hombres y decenas de miles de piezas de artillería. El blanco más próximo sería la capital de Corea del Sur, Seúl, en la que habita un quinto de la población y de la economía del país y está muy próxima a la frontera.

Según el análisis, como Corea del Sur contribuye con 2% de la producción económica global, una caída de 50% de su PIB derrumbaría directamente el PIB global en 1 por ciento. Pero habría efectos indirectos también a considerar. “El principal de ellos es la interrupción de las cadenas de suministro globales, que tienen han tornado más vulnerables por la introducción de sistemas de entrega ‘just-in-time’”, dice el economista Gareth Leather. Él acuerda que meses después de que las inundaciones en Tailandia del 2011 descendieron, las fábricas de electrónicos y automóviles en todo el mundo aún acusaban escasez de suministros.

Imaginemos entonces en un escenario de guerra a Corea del Sur, que exporta tres veces más productos intermediarios que Tailandia, que es el mayor productor de cristal líquido en el mundo (40% del total global) y el segundo mayor de semicondutores (17%). Además de eso, el país es un fuerte productor de automóviles y tiene tres de las mayores constructoras navales del mundo. Capital calcula que llevaría cerca de dos años el reconstruir una fábrica de semicondutores a partir de cero.

En Estados Unidos el impacto fiscal sería significativo, en un escenario actual de deuda ya en 75% del PIB. Como ejemplos, en 1952, en la Guerra de Corea, el gobierno estadounidense gastó el equivalente a 4.2% de su PIB en el conflicto. La Guerra del Golfo costó 5% del PIB de un año.

La reconstrucción de la infraestructura en Corea del Sur, que implicaría la reposición de acero, aluminio y cemento de China, no sería, en teoría, inflacionaria y sí estimuladora de la demanda global por estos productos, dice Capital. “Estados Unidos gastaron cerca de 170,000 millones de dólares en la reconstrucción después de las recientes guerras en Afganistán y en Irak. La economía de Corea del Sur es cerca de 30 veces mayor que las de esas dos economías combinadas. Si Estados unidos gastaran proporcionalmente lo mismo en la reconstrucción en Corea del Sur, sería como añadir 30% del PIB a la deuda pública”.

¿Y como quedarían los mercados?

Para la consultora, la repercusión más inmediata sería en los precios del petróleo, como sucedió en la Guerra del Yom Kippur en 1973 y en la primera Guerra del Golfo, que elevaron fuertemente los precios. Pero Corea no es un país productor de petróleo, y el impacto sobre la confianza podría, por el contrario, causar una caída en los precios.

Como hoy, los inversores tenderían a buscar activos libre de riesgo y las monedas de los mercados emergentes se desvalorizarían. La Reserva Federal de Estados Unidos, en caso de pánico, suministraría amplia liquidez a los mercados, como hizo después de los ataques de 11 de septiembre, para minimizar los daños para la economía real.

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