El obituario del Homo sapiens. Entrevista con Yuval Noah Harari
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Ene 17, 2017 |
15:10
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Yuval Noah Harari tomó por asalto el mundo académico con la publicación de Sapiens. Breve historia de la humanidad (Debate, 2014), un libro de historia donde plantea que la superioridad humana sobre el resto de los animales se debe a la revolución cognitiva, a las capacidades de colaboración masiva y a la invención de ficciones, principalmente la religión y el dinero, que permiten la creación y cohesión de civilizaciones. Harari, con un sentido del humor cáustico capaz de ridiculizar hechos y situaciones preconcebidas, tenía pendiente otra embestida: Homo Deus. Breve historia del mañana (Debate, 2016), un ejercicio de prospectiva puesto en circulación a finales del año pasado que deja poca esperanza al futuro del hombre como lo conocemos.

Sapiens fue una bomba: ahí, Harari pronosticó la transformación del Homo sapiens debido a las posibilidades que abren los desarrollos tecnológicos y, sobre todo, la biotecnología. Se volvió un best-seller, se tradujo a 40 idiomas y fue celebrado por lectores de distintos orígenes como el presidente Barack Obama, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, o el filósofo Slavoj Žižek. Ahora vuelve a la carga con un libro afincado en la historia que fotografía el mañana, no como un ejercicio de futurología sino como una colección de las posibilidades abiertas por la humanidad luego de vencer el hambre, la peste y las guerras. Homo Deus es un ensayo erudito, radical y muy divertido poblado de ideas perturbadoras, un tratado más parecido a un obituario del Homo sapiens que a una celebración de las conquistas futuras del hombre.

Para este profesor de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien cumplirá 41 años el próximo 24 de febrero, el Homo sapiens ha emprendido tres nuevos proyectos: la búsqueda de la inmortalidad, de la felicidad y, en consecuencia, de la divinidad. La nueva religión, entendida como la máxima fuente de autoridad en una civilización, se encuentra en desarrollo en Silicon Valley y los creadores de esta ficción son corporaciones como Google y Facebook. La biotecnología, la inteligencia artificial y la recopilación y el análisis masivo de los datos personales transformarán los sistemas económicos y, sobre todo, modificarán la subjetividad individual y la libre determinación.

“Cuando la tecnología nos permita remodelar la mente humana, Homo sapiens desaparecerá, la historia humana llegará a su fin y se iniciará un tipo de proceso completamente nuevo, que la gente como el lector y como yo no podemos ni imaginar”, escribe Harari en Homo Deus. A continuación presento la amplia entrevista concedida por Harari el lunes pasado, vía telefónica desde Jerusalén.

Yuval Noah Harari, autor de Sapiens y Homo Deus. Foto de Richard Stanton. All rights retained © 02/06/14.

Homo Deus tiene un montón de ideas perturbadoras, como la posibilidad de vencer a la muerte o alcanzar la divinidad. ¿Pero cuál es la idea del libro que más quieres que se recuerde?

—Creo que serían dos ideas que están vinculadas. Por un lado es la idea de que la autoridad está cambiando, de ser ejercida por humanos para ser ejercida por algoritmos y, por otro lado, la idea de que aún estamos muy lejos de entender la mente de los seres humanos. Estamos mejorando en entender el cuerpo y el cerebro, pero el cerebro no es la mente. La pregunta más importante que la ciencia enfrenta en el siglo XXI es la pregunta de la mente y de la conciencia. ¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se genera?

Mi miedo es que, en el pasado, los humanos han aprendido a controlar el mundo que los rodea, pero no entendieron el balance ecológico, así que con el poder de la manipulación hemos trastornado el sistema ecológico entero. Ahora estamos adquiriendo la habilidad de controlar y manipular el mundo dentro de nosotros mismos pero no entendemos la mente y no entendemos el balance dentro de nosotros, y el peligro es que de la misma manera en la que desestabilizamos lo que nos rodea desestabilizaremos o incluso destruiremos el balance mental interno, el ecosistema mental. Así que yo diría que la tarea más urgente de la ciencia es entender no sólo el cuerpo y el cerebro, sino sobre todo tratar de entender la mente.

—Donald Trump ganó la Presidencia de Estados Unidos apostando a los riesgos y a las desigualdades y en contra de ideas clave del capitalismo, como el libre comercio y la globalización. ¿Qué nos deparan los próximos cuatro años?

—Hoy en día, los problemas más importantes que enfrenta la humanidad no sólo son el sobrecalentamiento global y el cambio climático, sino las nuevas y disruptivas tecnologías, como la inteligencia artificial y la biotecnología. Ninguno de estos peligros puede ser manejado por un solo país y el nacionalismo no ofrece ninguna solución al calentamiento global ni al avance de tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial. Sólo una cooperación internacional puede hacer algo y esta es una de las razones por las que pienso que el negar el calentamiento global es mucho más común entre los nacionalistas en la derecha que en otras partes del espectro político, porque no tienen ninguna solución nacionalista y prefieren negar el problema. Pero el problema es real, el cambio climático causado por la acción humana es una gran amenaza para los seres humanos y el ecosistema en general.

Similarmente las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial representan un peligro, por ejemplo la posibilidad de que miles de personas sean reemplazados en sus puestos de trabajo y sean sacadas del mercado laboral, creando una nueva clase inservible, y ni siquiera Estados Unidos puede manejar esta situación por su propia cuenta. Así que espero que pese a la elección de Donald Trump, y pese a todas sus declaraciones, Estados Unidos y otros países puedan continuar buscando soluciones a través de la cooperación.

—¿Hemos diseñado el camino que nos llevará a la extinción?

—Depende de a lo que nos referimos cuando hablamos de extinción. Creo que el Homo sapiens, como hemos conocido a la humanidad durante decenas de miles de años, está a punto de desaparecer. En un siglo o dos, los seres humanos como tú o como yo desaparecerán. No necesariamente por algún tipo de catástrofe, más bien desaparecerán porque la tecnología nos permitirá cambiarnos y mejorarnos y crear diferentes tipos de entes inteligentes que dominarán el mundo y serán diferentes que nosotros, de la misma manera en la que nosotros somos diferentes de los neandertales y de los chimpancés. En este sentido, sí, los avances tecnológicos están pavimentando el camino hacia la desaparición del Homo sapiens. Pero todavía persiste la pregunta sobre qué es lo que nos reemplazará. Tal vez nos extinguiremos ante una catástrofe, como el sobrecalentamiento global, pero tal vez nos reemplace algo que sea mejor que el Homo sapiens.

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—¿La aceleración del tiempo juega algún papel en la conquista de los tres nuevos proyectos que usted identifica para la humanidad (la inmortalidad, la felicidad y la divinidad)?

—Sí, indudablemente. Toda esta tendencia de aceleramiento de inventos tecnológicos, que resulta también en la aceleración política, económica y social, está propulsada en gran medida por estos tres proyectos: superar el envejecimiento y la muerte, encontrar la llave de la felicidad para hacer a la gente no sólo más poderosa sino también feliz, y finalmente convertir a los seres humanos en dioses, y no me refiero de manera metafórica, me refiero de manera literal, de que estamos en el proceso de adquirir habilidades divinas de creación y destrucción, habilidades que tradicionalmente se asociaban con los dioses. En la Biblia, Dios creó humanos, animales y plantas según sus deseos, pero ahora los científicos están aprendiendo cómo crear plantas, animales y hasta humanos. Y es muy probable que la aceleración tecnológica que vemos estos días no sea nada comparada con la que veremos en las siguientes décadas.

Hasta ahora, lo que los seres humanos hemos aprendido es a cómo manipular el mundo que nos rodea. Cómo manipular la geografía, los animales, las plantas, los medios de comunicación y el transporte, pero en la siguiente década pienso que aprenderemos cómo manipular el mundo dentro de nosotros, cómo obtener el control de lo que está pasando en el interior de nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Y por eso el producto más importante del siglo XXI no serán herramientas externas, como vehículos o armas, sino que los principales productos de las economías serán cuerpos y cerebros, aprenderemos cómo diseñarlos y cómo fabricarlos.

—¿Están en riesgo nuestras libertades ante los nuevos proyectos de la humanidad? ¿Debemos diseñar nuevas ficciones sobre las libertades y los derechos humanos?

—Creo que necesitaremos nuevas mitologías, nuevas ficciones, nuevas religiones y nuevas ideas, no porque las viejas fueran malas. La idea de los derechos humanos ha hecho mucho bien a la humanidad en los últimos 200 o 300 años, el problema es que cada vez está menos adaptada a las nuevas realidades del siglo XXI. Por eso pienso que no sólo necesitamos nuevas tecnologías sino que también necesitaremos nuevas ideologías y nuevas religiones adaptadas a las condiciones del siglo XXI.

El lugar más interesante hoy en día, desde el punto de vista de la religión, no es el Oriente Medio sino Silicon Valley. Las corporaciones como Google y como Facebook están en el negocio no sólo para crear tecnologías y gadgets, sino que están para crear nuevas religiones. La religión al final se trata de autoridad, es la máxima fuente de autoridad en política, economía, ética. En el pasado, en las edades antiguas, la gente pensaba que la autoridad provenía del cielo, de por encima de la nubes, de los dioses. Si querías decidir quién debía ser rey, dios decidiría quién sería el rey; si se necesitaba decidir qué era bueno y qué era malo, dios decidía qué era bueno y qué era malo, y nos lo escribía en la Biblia o en el Corán.

En los últimos dos o tres siglos, con el nacimiento de las ideologías de la democracia y de los derechos humanos, el liberalismo, entre otras, la idea de autoridad pasó de las nubes, del cielo y de dios hacia los humanos. Ahora los humanos dicen: “Quieres saber quién debe liderar el país, debemos preguntarle a la gente. Quieres saber qué es bueno y qué es malo, debemos preguntarle a la gente qué es lo que los hace sentir bien”... y lo que los hace sentir bien es bueno y lo que los hace sentir mal es malo. Lo mismo sucede con la economía: “el cliente siempre tiene la razón”. Por alguna razón no hay autoridad por encima del cliente que le diga qué hacer. Así que esto es lo que ha dominado el mundo en los últimos dos siglos, con las ideologías de humanismo y derechos humanos y liberalismo, pero ahora la autoridad está a punto de moverse otra vez hacia afuera de los seres humanos hacia las nubes, pero esta vez en lugar de regresar a dios se irá hacia las nubes de Google.

Cada día se le atribuirá más y más autoridad a los algoritmos de big data que entiendan a los seres humanos, que nos entiendan a nosotros mejor de lo que nosotros nos entendemos a nosotros mismos, a través de la recolección de datos, de cómo te comportas y de a dónde vas y dónde compras y qué compras, pero sobre todo con datos de lo que está pasando en el interior de tu cuerpo, con la ayuda de sensores biométricos y pruebas genéticas que recolectan una enorme cantidad de datos sobre ti y la analizan con nuevos y poderosos algoritmos, capaces de aprender de los datos.

Estamos muy cerca del punto en el que una corporación como Google o un gobierno como los de Estados Unidos o China sean capaces de entenderte a ti mucho mejor de lo que tú te entiendes a ti mismo. Serán capaces de saber qué es lo que quieres, por qué lo quieres, qué te gusta, qué te disgusta y cuando se tenga un algoritmo que te entienda mejor de lo que tú te entiendes, la autoridad será capaz de salir de los humanos y migrar hacia los algoritmos sabelotodos.

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—La nueva economía global hace pensar que el concepto de ciudadanía, producto del Estado liberal, se encuentra en redefinición para imponer responsabilidades económicas. ¿Cuál es el papel del capitalismo y los actores de la economía en los nuevos proyectos humanos?

—En una primera fase, tendrán un rol más importante porque muchos de estos proyectos son manejados no por gobiernos sino por las fuerzas del mercado y por corporaciones privadas. Mientras estos desarrollos se vayan acelerando, veremos cambios económicos enormes y nadie sabe a ciencia cierta cuáles serán las consecuencias de los cambios económicos. Uno de los ejemplos que ya mencioné es el hecho de que las máquinas están aprendiendo y lo hacen cada vez mejor y su inteligencia artificial supera a los seres humanos en cada vez más tareas. El mercado laboral será revolucionado y millones de personas serán sacadas del mercado laboral y una nueva y numerosa clase de personas se creará. Aún no tenemos ningún modelo económico que explique qué pasaría con la sociedad y con la economía cuando tienes cientos de millones de personas que no tienen un empleo y no tienen algún tipo de valía económica. Ya se están pensando en nuevos modelos, pero esto probablemente significará un cambio económico inmenso y no sabemos cómo nuestro sistema actual de capitalismo y libre mercado podrá lidiar con ello.

Aún más importante es la idea en el libre mercado de que el cliente tiene la razón, de que la autoridad más alta en el mercado es el cliente, ¿pero qué pasa cuando tienes algoritmos que entienden al cliente y sus deseos mejor que el propio cliente y la autoridad para tomar decisiones económicas por mí está migrando de mí a estos algoritmos? Así que el libre mercado de vieja usanza ya no estará vigente bajo esas condiciones, así que ¿qué nuevos sistemas serán creados? No lo sabemos. No estoy diciendo que el capitalismo desaparezca necesariamente, pero en orden para sobrevivir deberá reinventarse y necesitaremos nuevos modelos económicos para enfrentar esa situación.

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—¿Se encuentra en riesgo la subjetividad individual?

La subjetividad individual está en riesgo con este tipo de cosas. Cuando la autoridad sale del individuo hacia los algoritmos. Las libertades de los individuos pueden desaparecer no por que exista una policía secreta que te fuerce a hacer algo que tú no quieras, pero cada vez más las decisiones más importantes de tu vida no serán tomadas por ti, basándote en tus sentimientos. Te acostumbrarás a seguir las decisiones de estos algoritmos externos. No es que el individuo vaya a ser oprimido por el Estado o por un nuevo tipo de gobierno, más bien el individuo se desintegrará desde adentro. A lo que llamamos individuo, y que pensamos que es un ser único, indivisible y que tiene deseos auténticos, esto se desintegrará cuando lleguemos a entender qué es lo que pasa dentro de nuestros cuerpos y de nuestros cerebros.

Lo que la ciencia no nos dice es que no existe algo individual. El significado de la palabra individual indica algo que no puede ser dividido, pero la ciencia sabe que cada persona es una colección de sistemas en el cuerpo y en el cerebro que no tiene un mismo núcleo, y que un algoritmo externo puede entender todos estos diferentes sistemas bioquímicos que hacen funcionar tu cerebro y tu cuerpo y que además son los responsables de tus deseos y anhelos y una vez que pasa esto, ya no existe un individuo. Tú serás entendido como una colección de diferentes sistemas químicos sin un núcleo central. Una vez que pase esto, la discusión sobre el libre albedrío y los derechos humanos será completamente irrelevante porque está basada en una vieja e imprecisa concepción de lo que un ser humano es.

—¿La privacidad también está amenazada?

—Sí, por las mismas razones. Pienso que la batalla en el siglo XXI respecto a privacidad será sobre la privacidad por sí misma. Si quieres obtener cada vez mejor atención médica, necesitarás dejar de lado tu privacidad para dejar que, digamos Google, te siga todo el día, no sólo lo que hacemos en el mundo, sino lo que está pasando dentro de nuestro cuerpo todo el día. Usando sensores biométricos, que ya se están desarrollando el día de hoy, Google podrá monitorear tu presión cardiaca, los niveles de azúcar en tu cuerpo o la actividad de tu cerebro y todo tipo de datos biomédicos, y al usar estos datos podría proporcionarnos un mucho mejor cuidado de la salud. Por ejemplo, podría diagnosticar cáncer y podría advertir de cualquier otro riesgo de salud. Pero a cambio tendrás que entregar tu privacidad. Tendrás que dar a esta corporación el derecho de seguirte todo el día, no sólo en tus actividades sino también de una manera mucho más íntima y privada; estará revisando tu corazón o la actividad en tu cerebro.

Sospecho que la mayoría de las personas a las que se les dé la opción entre conservar su privacidad y obtener un mejor cuidado de la salud escogerían un mejor cuidado de la salud. Así que la salud será el gran enemigo de la privacidad.

Portada del libro Homo Deus, de Yuval Noah Harari, publicado por la editorial Debate en México en 2016.

Homo Deus. Breve historia del mañana. Yuval Noah Harari. Traducción de Joandomènec Ros. Debate, México, 2016. 496 páginas. 319 pesos (electrónico, 199 pesos).

Esta entrevista se publicó originalmente en Economicón el 17 de enero de 2017.

Puedes escribirme a soto.galindo@gmail.com o leer más en Economicón.

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