David Vann, a la conquista de los siete mares
Su celebrada novela Sukkwan Island, la cual recibió el Prix Médicis Etranger 2010, pronto en México.
Alejandro Flores/El Economista
Feb 7, 2011 |
18:28
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El paisaje, la atmósfera y el territorio son fundamentales en buena parte de las obras que componen la gran tradición literaria estadounidense. Desde Ernest Hemingway y Wiliam Faulkner hasta Cormac McCarthy y Richard Ford, el ambiente y la geografía indican en sus obras más que un continente, un estado del alma.

David Vann, hasta hace poco un escritor desconocido, es el último en engrosar las filas de esa gran tradición literaria y, hoy en día, luego de que varios agentes y editores le advirtieran que nadie querría leer sus libros, recibe elogios en el mundo entero por sus dos novelas publicadas en apenas dos años: Sukkwan Island (traducida ya en lengua española por la editorial Alfabia) y Caribou Island, recientemente publicada en Europa y EU.

Fiel a su estilo, el estadounidense David Vann nos describió el paisaje que miraba al atender la petición que le hicimos de concedernos esta entrevista: es una tarde cálida, después de comer una deliciosa cena de chipirones en salsa de jamaica, ceviche, vino y tequila; afuera de su hotel, una cama de olas baña de espuma la costa de Isla Mujeres, México, uno de los sitios predilectos de Vann para hacerse a la mar.

La navegación ha sido parte importante de su vida. Fue su refugio durante cinco años luego de que decidiera no seguir insistiendo en su carrera como escritor, cuando nadie le hacía caso, antes de que mandara su novela a un concurso, que es donde finalmente tuvo suerte.

Por eso se entiende que Vann afirme que 2010 ha sido el mejor año de su vida, pues no sólo encontró un nicho interesado en publicar su primera novela sino que logró lo impensado: Sukkwan Island recibió el Prix Médicis Etranger 2010 (Premio Médicis para obra extranjera en Francia) tras 12 años de nadar a contracorriente.

La noticia la recibió en su casa. Atendió el teléfono y alguien le comunicó la noticia, él sonrió y después de colgar tomó asiento, respiró y al darse cuenta que estaba solo en casa oprimió sus sienes con los dedos pulgar y medio de la mano y de esos ojos color laguna brotaron lágrimas de felicidad.

En su debut, David Van ha sido catapultado a las grandes ligas. Y no es mera casualidad. Su prosa dignifica y defiende un estilo y una mirada plenas de un desencanto activo como el que cubre a la más grande literatura occidental desde los clásicos griegos, como La Iliada y La Odisea, enmarcados asimismo en la alta literatura de viajes y naufragios: el combate, de antemano perdido, del hombre contra la naturaleza, entendida ésta como un abismo en donde el hombre ve el reflejo nítido y cruento de sus más sórdidos rincones.

Una novela perfecta y la marca del suicida

Sukkwan Island es una novela perfecta y deslumbrante, narrada con una prosa precisa y esbelta, en donde los sentimientos se agolpan sobre nuestros sentidos al pulso de la marea, el bosque y la fosa. La traducción al español es limpia y, proteica, el responsable un joven escritor y traductor nacido en Zaragoza: Daniel Gascón, que no traiciona la letra sino la expande.

La historia de Sukkwan Island se nutre de una de las obsesiones más singulares de Vann: el suicidio de su padre. El suicidio es un tema pero no el central en Sukkwan Island.

Sin embargo, este tema es el motor, pensemos en el filósofo Albert Camus, para quien el suicidio es el dilema vital de los hombres.

Cuando Vann tenía 13 años de edad, su padre (un hombre depresivo, desesperanzado y con dos divorcios a cuestas) le propuso que pasaran un año en Alaska. El adolescente David le dijo que no quería y al cabo de dos semanas su padre se mató. El hablaba por teléfono con su segunda mujer: "Te amo pero no voy a vivir sin ti", le dijo y luego se pegó un tiro.

"Yo estuve enojado durante mucho tiempo con él porque sentí que lo hizo por egoísta, fue un acto cruel de su parte. Le dijo aquello a mi madrastra 11 meses después de que los padres de ella habían sido asesinados, además tres días después del suicidio de mi padre fue cumpleaños de ella y todavía recibió unas flores que le había enviado mi papá. Eso fue especialmente cruel. Ahora, 30 años después veo a mi padre con más simpatía, sin duda él estaba sufriendo y no pudo pensar con claridad", reflexiona Vann, quien por su experiencia descree de la idea de que exista algo así como un "suicidio lógico", la gente simplemente pierde la claridad, ahí es donde aflora la imprudencia, otro de los temas fundamentales de la novela.

Abordo de un meteoro literario

Conforme el lector avanza a horcajadas de ese meteoro literario, veloz y silente que es Sukkwan Island, desea que el protagonista corrija, sea capaz de "entender" pero tal cosa no ocurre, y en ese tono desencantado es donde se tensan las conexiones poéticas entre Vann y sus antecesores, fundamentalmente McCarthy.

Vann afirma que no se trata de un ajuste de cuentas. En la novela, hay dos personajes, un padre y su hijo. El padre le propone a su hijo pasar un año en Alaska y el niño responde que sí. En ese sentido, podemos leer entre líneas una especie de fabulación que responde a la pregunta ¿qué hubiera pasado? si Vann le decía que sí a su padre. De la mano, los personajes de la novela se enfrentan a las inclemencias del tiempo amparados en una cabaña equipada con todo lo necesario pero sin electricidad; cuentan además con un pequeño bote en caso de emergencia, pescan salmones y matan a los osos que ronden su morada y su comida.

"Cuando escribí Sukkwan Island estaba leyendo seis novelas de William Faulkner y Cormac McCarthy, esto fue años antes de que se publicara El camino de McCarthy por lo que no fue una influencia en mi novela pero de la que sí estaba muy influido era por la que considero su mejor novela: Meridiano de sangre. Me interesaba cómo los dos autores convertían paisajes literales en paisajes figurativos (describiendo montañas, “cuya verdadera geología no era la piedra sino el miedo”, por ejemplo), y yo estaba tratando de contar la historia de mis personajes de manera indirecta, a través del paisaje”, explica.

“El 2010 ha sido el mejor año de mi vida. Han pasado tantas cosas que yo ni siquiera sabía que era posible. Acudí a 10 festivales internacionales de escritores, en Austraia, Francia, Irlanda, Escocia, Inglaterra, Holanda, etcétera. Presenté mi libro en muchos países de Europa. Mi libro se publicó en España por el sello Alfabia, de la joven editora Diana Zaforteza. Actualmente estoy trabajando en un documental en Noruega sobre el barco Oseberg Viking. En 2011, se publica en Noruega, Alemania,Francia, España, Dinamarca, Suecia, Países Bajos, Italia, Portugal, y otros países mi nueva novela Caribou Island. Así que creo que el 2011 será maravilloso”.

Vann no solo habla de literatura, también es muy crítico y puntual al hablar de su país: “Los estadounidenses nos engañamos a nosotros mismos. Queremos creer que somos una buena influencia para el mundo entero pero la verdad, por supuesto, es que hemos sido exclusivamente una influencia nociva por más de 50 años.

“Nuestra influencia negativa no se limita a la participación directa. Hemos impulsado la actual Guerra en México, al ofrecer un mercado de muchas drogas y proveyendo un fácil acceso a armas de fuego, como rifles calibre .50".

"Tenía la esperanza de que la elección de Obama podría cambiar las cosas, pero se trataba de una tonta esperanza... En los cuentos de Gabriel García Márquez siempre hay un carnaval, y todos se reúnen para que las cosas cambien, parece que puede ser posible pero, al final, cada carnaval termina en decepción".

aflores@eleconomista.com.mx

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