Giménez Cacho, al borde del abismo

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Alejandro Flores / El Economista

Medianoche de frío en la Ciudad de México. El actor Daniel Giménez Cacho sale serio del teatro El Milagro, en la colonia Juárez: camina con pasos amplios pero firmes, con las manos dentro de las bolsas del pantalón de mezclilla negro, fuma un cigarrillo y lleva la cabeza gacha: tiene dudas a tan solo veinticuatro horas de distancia del estreno de la puesta en escena La piedra de la paciencia, original del escritor franco-afgano Atiq Ramihi, la cual se estrena el día de hoy en el marco del fmx-Festival de México.

“Estamos en un punto peligroso: como un caracol sobre un cuchillo, está a punto de pasar pero podría no. Estamos o al borde del ridículo, el aburrimiento y el horror, o a punto de lograr una cosa extraordinaria”, confiesa con sinceridad el director del montaje Daniel Giménez Cacho, que después del ensayo general del miércoles continuó platicando con los actores hasta las 2:30 de la mañana.

“Apenas es la séptima obra que dirijo y sigo aprendiendo. Para mí Juan José Egurrola era genial, con una frase te podía abrir toda una veta y estoy trabajando en tratar de identificar cuáles son las cosas verdaderamente profundas que le puedes decir a un actor”, confiesa con humildad el director.

Giménez Cacho, con pluma en mano y un cuaderno de notas sobre sus piernas, escribía una innumerable cantidad de apuntes con el interés de poner la obra en su punto. Su nerviosismo era evidente, incluso al día siguiente, horas antes del estreno cuando nos concedió esta entrevista.

Desvelado y algo enjuto pero vivaz, el actor sabe que faltan aspectos por detallar pero se relaja: “así es el pinche teatro”, dice.

“Siempre fui muy rebelde a los finales felices. Pero esta obra para mí es un proceso de alivio. Todavía estoy buscando que el público, conforme avanza la obra tenga la sensación de que todo lo que pasó ante sus ojos ha servido de algo. Que las vidas de estos personajes nos hagan mejores, más humanos. Como ocurre con la piedra”, dice Cacho.


Una confesión que libera

La obra trata sobre una pareja musulmana. El se encuentra en estado de coma. Y ella, ante tal eventualidad, se ve obligada a cuidarlo. En sus tribulaciones repara en que ahora puede hablarle a su antojo, algo que antes no podía hacer: “yo poseo tu cuerpo y tu posees mis secretos”, dice el personaje que interpreta la actriz Daniela Schmidt.

“Entonces, la obra habla sobre qué poder tiene la palabra y la capacidad de formular ideas y de entender cosas: cómo incide en las persona, y las puede llegar a transformar. Esa es la diferencia entre hablar o callarse”, comenta el actor.

La obra se enmarca en el contexto de la guerra civil afgana de mediados de los 90, entre muyahidines y talibanes. El título hace alusión a una piedra que es fundamental en la religión islámica. Se trata de una piedra ubicada en una esquina del templo sagrado del islam, la Meca. El nombre de dicha piedra es sangue sabur. El rito religioso consiste en que los fieles den vueltas alredor del templo mientras con mucha fuerza confiesen todo su sufrimiento a dicha piedra. Si la motivación es auténtica y la entrega total, el mineral explotará poniendo fin al sufrimiento.

“Esa idea se me hace muy enternecedora, me conmueve mucho, lo mismo que alguien clamando al cielo, eso me revela esta condición nuestra de átomos perdidos buscando consuelo, buscando paz en lo inanimado, de cómo el sufrimiento y la esperanza del hombre puede hacer que las cosas reaccionen. Es como hablarle a la noche y que te conteste. Ese tipo de cosas me revela la gran soledad del ser humano: esperar que una piedra reaccione a lo que dices es muestra de eso”, dice el director.

“Ella llega por momentos a perder la fe pero al final tiene una vuelta de contacto con lo sagrado, y eso me parece muy importante”, añade el actor.

“Preferí el teatro a la realidad”
Poco más de dos años el actor cargó con el gusanito de adaptar esta obra al teatro. La conoció porque su amiga Fabbiene Bradu se la regaló. El la leyó con esmero y al poco tiempo conoció a Daniela Schmidt, en una una función de la obra de Mauricio García Lozano Unos cuantos piquetitos. La voz poderosa de Schdmit lo cautivó:

“Hacía mucho tiempo que no escuchaba una voz como esa. Le di a leer la obra, le gustó y es hasta ahora en coproducción con el Festival de México que podemos montarla”, dice Daniel.

Tratándose de una obra que trata sobre la violencia, las vejaciones, maltratos y atropellamientos a las mujeres, Giménez Cacho confiesa que estuvo tentado a adaptarla a México:

“Pensé en una serranía, con condiciones de marginación, violencia del narco. Pero luego pensé que era más interesante jugar un poco al teatro y no tanto a la documentación o al retrato de una supuesta realidad. Me gustó más la idea de pensar que esto podría ser como una obra de Shakespeare, en Afganistán como si dijeras “en algún lugar lejano”, con personajes vestidos de manera exótica para nosotros, con comportamientos religiosos que no entendemos.”

Por la tarde del jueves, el director todavía trabajó con los actores, marcando algunas escenas horas antes del estreno. Sobre una cuerda ante el abismo, la pregunta es: ¡dé que lado de la navaja cayó? Ese volado le toca echarlo al espectador.

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