Niñas, un álbum perturbador

Credito:

Paulina Ugarte Chelén

Hay libros extraños, y Niñas es uno de ellos.

En un primer momento no parece más que un libro bonito; sin embargo, después de una primera hojeada, es difícil borrarlo de la memoria.

A manera de álbum de estampas, resulta un tanto perturbador y dispara la imaginación en varias direcciones, como por ejemplo: que este pequeño objeto oscuro bien pudo pertenecer a un coleccionista que se quedó embelesado por la tristeza y soledad que transmiten las niñas retratadas. O también es fácil imaginar que alguien lo encontró en el ático desvencijado de una mansión victoriana o, incluso, que los personajes de la obra emergen desde las paredes tapizadas de esa casona cada vez que se pasan las páginas.

La contratapa menciona que se trata de pequeñas estampas de niñas que se resisten a crecer. También entonces podía tratarse de uno de esos curiosos álbumes post mortem, tan comunes a finales del siglo XIX, en los que se retrataba a los muertos como si estuvieran vivos.

Así, cualquiera que sea el paisaje literario que se dibuje en la mente del lector, o la evocación a la que lo lleve el paseo por estas páginas, es casi seguro que se tratará de un viaje placentero.

Los textos, a cargo de Jimena Néspolo, son pequeñas estampas -a veces narrativa, a veces prosa poética- con un toque efímero, vago y ambiguo que lleva la imaginación del lector a merodear por los mundos esbozados por Marta Vicente en sus ilustraciones.

Niñas destripadoras de muñecas, niñas de piedra, niñas del cementerio. Niñas de lobos, niñas gemelas, niñas de animales. La galería de personajes bien pudiera parecer siniestra, pero no lo es. Son sólo niñas tristes, hermosas, solitarias y fantasmagóricas. Una es propiamente niña fantasma; no obstante, el álbum da la impresión de retratar apariciones que, negándose a crecer, se quedaron suspendidas en el tiempo (efecto logrado mediante los rostros difuminados que emergen desde el papel tapiz y por las tonalidades en blanco, negro y gris, con toques de rojo que son los que predominan).

Hay temas que los adultos hablan en voz baja cuando hay niños presente, y la tristeza es uno de ellos. Es como si se pensara que bajando la voz, el niño quedará fuera de esa realidad, pero, ¿no sería más prudente darle elementos que lo ayuden a sobrellevar situaciones tristes? Los libros, como todo arte, siempre han sido buena opción para acercarse de manera creativa y simbólica a esas temáticas difíciles para los adultos. La tristeza no es mala, simplemente es y no hay que esconderla.

Afortunadamente cada día hay más editoriales que se animan a publicar historias o narrativa que rompe con lo “políticamente correcto” dentro del ámbito de la literatura infantil, y eso se agradece porque refresca el panorama.


Niñas

Autor: Jimena Néspolo y Marta Vicente

Editorial: Adriana Hidalgo

Páginas: 48

Costo: $239

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