MUAC: arte, ficciones, política y violencia
Con temas fuertes, donde predomina la violencia, y tratamientos contundentes, el recinto es una visita obligada en estas vacaciones.
Concepción Moreno / El Economista
Jun 30, 2011 |
19:29
Foto EE: Araceli López
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Visitar el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) es como caminar por un laberinto de arte: se cruza un pasillo y hay una instalación, se cruza otro y entramos a otra exposición. Es muy emocionante.

Ahora que comienzan las vacaciones escolares, ir al MUAC puede resultar una experiencia familiar atractiva en la que se puede enfrentar a los niños y adolescentes con temas nuevos. No solo se puede ver arte e informarse de los asuntos de fondo que animan cada exposición, también hay talleres de verano para los niños más pequeños, y debates y conferencias para los adultos.

Y si va solo pero tiene ganas de ir comentando con alguien las exposiciones, el MUAC tiene un simpático programa de guías: jóvenes estudiantes de arte que acompañan y platican con quien se acerque a ellos para pedir sus servicios.

Este mes en el museo hay cuatro exposiciones atractivas, de temas contundentes, fuertes; tres de ellas relacionadas directamente con la violencia. Por un lado el discurso de poder y violencia de artista argentino Enrique Jezik, por otro la revisión del archivo personal del historiador y curador Olivier Debroise, allá la instalación Plegaria muda de la colombiana Doris Salcedo y para finalizar, el inicio del ciclo de exposiciones Palestra con la muestra Utopía y distopía.

La ficción de uno mismo

No importa si usted no sabe quién fue Olivier Debroise. Recorriendo la instalación que lleva su nombre se enterará de casi todo lo que tiene que ver con él.

Debroise fue curador, historiador y, ocasionalmente, artista é mismo. Falleció en 2008, dejando tras de sí un rico acervo documental. Fue uno de los más importantes expertos en la obra de la fotógrafa Lola Álvarez Bravo, y también de artistas como Tina Modotti y María Izquierdo.

La instalación es una revisión de su archivo. Nos adentramos en sus papeles íntimos: ahí están desplegados sus conversaciones con Álvarez Bravo, algunas páginas de sus diarios personales, fragmentos de su vida conservados con esmero y, evidentemente, cariño.

La instalación juega con idea de que uno se crea a sí mismo como personaje a través de sus objetos. Uno es una ficción, una narrativa que puede leerse como si se tratara de una novela.

El archivo de Debroise permite, además, conocer cómo se trabaja la curaduría de arte en México. Debroise dejó escuela.

Una oración por los caídos desconocidos

10 mil jóvenes han muerto en los últimos 20 años en Colombia. 10 mil muertos menores de 20 años que han caído por la narcoviolencia, el terrorismo y la guerrilla.

A esos 10 mil, sumándole los que han caído en México, en toda Latinoamérica, dedica Doris Salcedo su instalación Plegaria muda.

Plegaria muda es un silencioso e inquietante jardín donde algunas briznas de pasto surgen de cientos de tumbas. Cada tumba, cada brizna de pasto, es el recuerdo por esas vidas sesgadas cuando apenas comenzaban. La paz que necesitaban para crecer solo puede hallarse ya en el silencio del recuerdo.

En absoluto silencio, la instalación es un recorrido lúgubre y solemne. Una oración por los caídos sin nombre.

El poder es un arma cargada

Cuando uno entra a Obstruir, destruir, ocultar, exposición de la obra de Enrique Jezik, uno se encuentra con una urna de huesos humanos rodeada de alambre de púas. Esa entrada da el tono perfecto para comenzar el recorrido.

La obra de Jezik lidia con el poder que divide a las sociedades entre fuertes y débiles, entre armados y desarmados. La definición típica del Estado como el monopolio exclusivo de la violencia es uno de los puntos de partida de la exposición.

Esos que tienen el poder son los que tienen prerrogativas sobre la seguridad de los otros, sobre el cuerpo y la mente de los que están inermes. Jezik explora las armas como objetos estéticos, extensiones del alcance humano, además de observarlas no solo como agentes de destrucción sino también como posibles cinceles y herramientas para el arte.

Entre otras obras, en Obstruir, destruir y ocultar hay esculturas hechas, literalmente, a punta de balazos. Una de las instalaciones está hecha de cristales blindados con varios impactos de balas de alto calibre. Al fondo se escuchan los impactos de bala. Imposible no sentirse sobrecogido, indefenso. Jezik establece claramente su punto: una bala condensa todo lo que de violencia conoce la humanidad.

No solo hay discurso de violencia y poder a partir de las armas de fuego, también a partir del aparentemente más seguro terreno de la política. Jezik traza con un taladro un enorme mapamundi. Los golpes y cortes de la herramienta son una metáfora de los actos violentos y de poder con que se trazan las fronteras políticas de los estados.

Entre el ideal y la desgracia

Siguiendo con el discurso de violencia y poder está la magnífica Utopía y distopía, exposición colectiva que revisa el trabajo de varios artistas asiáticos.

Utopía y distopía es la primera de la serie de exposiciones Palestra, que explorará el arte que se hace en los países "pasados por alto", esos que no alejados del poder hegemónico de Occidente: Asia, África y Europa oriental.

La exposición que nos ocupa revisa el trabajo de artistas que crean en países de regímenes autoritarios, donde la libre expresión es prácticamente inexistente.

Con la reciente detención y desaparición del artista chino Ai Weiwei (lo acaban de liberar sin mayor explicación), Utopía y distopía se vuelve una exposición trascendental: ¿cuántos artistas como Weiwei hay en Asia? ¿Cuántos desaparecen?

La muestra, curada por la tailandesa Gridthiya Gaweewong, demuestra que aún bajo el yugo del poder despótico, el arte es una potencia invencible. Allí donde el Estado tiene el monopolio de la historia, el arte se convierte en testimonio, en la única vía de salida de las historias de los oprimidos.

MUAC

Insurgentes Sur 3000, dentro del Centro Cultural Universitario

Miércoles, viernes y domingo de 10 de la mañana a 6 de la tarde. Jueves y sábados hasta las 8 de la noche.

cmoreno@eleconomista.com.mx

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