Descubren facetas ocultas del pintor Eduard Munch
"Munch, el ojo moderno", exposición en París revela que era un artista moderno, anclado en su realidad y al tanto de las últimas técnicas como el cine y la fotografía.
Foto: absolutnoruega.com
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París.- Melancólico, solitario, torturado, son adjetivos que acompañan siempre al noruego Edvard Munch, autor del célebre "El Grito", pero una exposición en París revela que era un artista moderno, anclado en su realidad y al tanto de las últimas técnicas como el cine y la fotografía.

"Munch, el ojo moderno", que abrió este miércoles en el Centro Pompidou, hasta el 9 de enero, reúne unas 140 obras del artista, la mayor parte de cuales fue ejecutada después del 1900.

"Siempre se presenta a Munch (1863-1944) como un artista del siglo XIX, Pero no es cierto: él realizó las tres cuartas partes de su obra en el siglo XX. Es un pintor moderno", afirmó, tajante, Clément Chéroux, que organizó la muestra con Angela Lampe, otra experta en la obra del artista noruego.

"La mayor parte de las pinturas, esculturas, litografías presentes en la muestra fueron ejecutados en el siglo XX", precisó el comisario, que destacó que la exhibición aspira a "cambiar la percepción" sobre la vida y la trayectoria del artista noruego.

Entre los tesoros presentados por los museos noruegos para esta muestra figuran obras maestras de su primer periodo, como el espectral lienzo "L'Enfant Malade" (1896), que escandalizó en su época, y "Vampiro en el bosque" (1893), que revelan todo el poderío y el pincel simbolista y expresionista de Munch.

Chéroux reconoció que muchos quedarán decepcionados que la exposición no incluya "El Grito" (1893). "Pero ninguna de las cinco versiones de esta obra puede salir de Noruega", explicó el comisario.

Explicó que lo que el Pompidou busca es "ofrecer no una retrospectiva más -hubo muchas ya en Europa en los últimos años- sino una exposición que se erige contra los clichés que rodean a Munch, mostrando que la mayor parte de su pintura no es introspectiva, sino que parte del mundo exterior".

La primera sala de la exposición está consagrada a las primeras obras de Munch, como "La niña enferma", "La Pubertad" y "El Beso", que recuerdan lo que escribió una vez el artista noruego: "La enfermedad, la locura y la muerte han sido los ángeles que rodearon mi cuna".

Pero luego surge un Munch que vive con su tiempo, que explora, se aventura, y a quien las nuevas técnicas visuales nutren su búsqueda pictórica.

El noruego pintó bosques nordicos, pero también marchas obreras, un incendio, la ejecución de militantes comunistas en Finlandia.

"No era un pintor recluso. Además, estaba fascinado por el cine, por la fotografía. En 1902 se compró una pequeña cámara, que utlizaba todo el tiempo. Leía revistas, diarios, veía en el cine los noticieros, le encantaba el teatro, incluso creó escenografías", indicó Chéroux.

"Su pintura fue nutrida por la fotografía y cine", recalcó el comisario de la muestra, que incluye un pequeño filme rodado por Munch en 1927, cuando tenía 64 años.

"En muchas de sus obras se refleja su pasión por la fotografía, como en este lienzo donde pinta a un caballo desbocado, una composición que sale directamente del cine", subrayó el experto durante la presentación a la prensa de la exposición.

Además Munch no vivía aislado: viajó por Europa, conoció las obras de Paul Gaugin y de Van Gogh, pero también a los cubistas en París, y a los expresionistas en Berlín, indicó.

"Munch no fue un pintor del siglo XIX, como se escribe siempre, sino un artista que pertenece al siglo XX", concluyó Chéroux, recordando que el noruego murió a los 81 años, el mismo año que dos artistas que impulsaron las vanguardias del siglo XX: Vasili Kandinskyk, el pionero de la abstracción, y Piet Mondrian, el padre de la abstracción geométrica.

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