Eastwood se mete al clóset de Edgar Hoover

Credito:

Concepción Moreno / El Economista

En uno de los momentos más poderosos de J. Edgar, el protagonista recibe de su madre una de esas frases que dejan heridas espirituales que no cicatrizan. “Antes que tener un hijo homosexual” le dice, “prefiero un hijo muerto”. Acto seguido, le enseña a bailar para que pueda encontrar a una chica bonita con quien casarse.

El protagonista no es otro que J. Edgar Hoover, uno de los hombres más poderosos que ha conocido Estados Unidos y, por ende, el mundo. Durante 47 años, de 1924 hasta su muerte en 1972, Hoover dirigió el Buró Federal de Investigaciones, el FBI.

Casi medio siglo en el que se convirtió en una controvertida figura pública, lo mismo amado que odiado, sobre todo temido: poseía un enorme archivo que contenía todo tipo de información comprometedora de todos los personajes públicos, incluidos todos los presidentes (siete) con los que le tocó lidiar.

Durante su gestión, la investigación policiaca se volvió científica; bajo su mando, el FBI logró capturar a criminales de alto perfil, persiguió con rabia perruna al comunismo y fue un adalid del racismo. Un ejemplo de todo lo que se esperaba de un respetable hombre de raza blanca en siglo XX estadounidense.

Un monstruo desnudo y asustado

J. Edgar es la nueva cinta de Clint Eastwood, con guión de Dustin Lance Black (Milk), una épica biográfica sobre un hombre que jamás tuvo paz. Como sabrá el lector, de J. Edgar Hoover se sabe también que le daba por el travestismo y que toda su vida la pasó como un homosexual de clóset.

La película ataca por ese costado la historia de Hoover. Narrada en primera persona mientras Hoover dicta sus memorias, J. Edgar nos permite indagar no sólo en lo que Hoover está dispuesto a reconocer de sí mismo.

Leonardo DiCaprio interpreta a Hoover (la apariencia juvenil de DiCaprio le permite llevar al personaje desde la adolescencia hasta la vejez) con vulnerabilidad. No es una de las mejores actuaciones de DiCaprio, pero su esfuerzo alcanza para hacernos cercano al Hoover privado.

Como los dos grandes ejes de la vida de Hoover están su madre Anne Marie (Judi Dench), con la que vivió toda la vida y a quien debe sus traumas, su inseguridad y hambre de grandeza; y Clyde Tolson (Armie Hammer), el joven agente al que reclutó, junto a quien pasaría décadas, compartiría vacaciones y a quien le haría la promesa de jamás perderse una comida juntos. Tolson es lo más parecido que el casto y miedoso Hoover tendría a una pareja. Inclusive es Tolson quien recibe la herencia de Hoover.

J. Edgar tiene sus fallas. La narrativa no siempre es fluida, DiCaprio sobreactúa por momentos y en especial el maquillaje que avejenta a los actores es un verdadero distractor de lo malo que es. Sin embargo, el filme de Eastwood es una excelente cinta histórica que pinta de cuerpo entero a la sociedad estadounidense de todo un siglo. Es exactamente el tipo de tragedia americana con la que Eastwood se siente cómodo.

Es fascinante cómo un monstruo público tan infranqueable no es entregado como un ser pequeño, asustado, desnudo.

cmoreno@eleconomista.com.mx

Su voto: Nada Promedio: 4.7 (3 votos)

Añadir comentario

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.