El México visto por Cartier-Bresson y Strand llega a París
AFP
París.-Paisajes desérticos, rostros de mujeres indígenas, pescadores, Iglesias, prostitutas: las visiones sobre México de dos grandes fotógrafos del siglo XX, Henri Cartier-Bresson y Paul Strand, son confrontadas en una muestra que abrió sus puertas el miércoles en París.
Las imágenes en blanco y negro ponen asimismo frente a frente a dos hombres: Strand (1890-1976), un judío neoyorquino que descubrió México en 1932 y se enamoró de su cultura y su gente, y Cartier Bresson (1908-2004), que a los 24 años supo captar con su Leica las risas y el dolor de ese país.
La exposición en la Fundación Cartier-Bresson, que estará abierta hasta el 22 de abril, consagra un piso entero a cada artista, con unas cuarenta instantáneas de cada uno.
Los dos artistas descubrieron México en el mismo periodo, con sus cámaras, y ambos cruzaron luego sus pasos en Nueva York, donde experimentaron con el cine. Pero, pese a las convergencias, su obra es totalmente distinta.
El México de Strand, que tenía 42 años y atravesaba una crisis personal cuando llegó, es sobrio, religioso. Sus paisajes son majestuosos, y las mujeres indígenas tienen un aire de Madonas del renacimiento.
Sus imágenes reflejan una obsesión, casi mística, por la composición. En una hermosa foto, son las redes de los pescadores que crean la composición del cuadro.
Strand, un ateo, captó la religiosidad del pueblo mexicano como casi nadie lo ha hecho, dijo a la AFP Mauricio Maillé, responsable de la colección de fotos del estadounidense que fueron adquiridas por la Fundación Televisa, que ha cedido unas 40 para la exposición en París.
"Strand decía que no compartía, pero que entendía, ese aspecto religioso, místico del pueblo mexicano", agregó Maillé.
Con el apoyo de las autoridades mexicanas, Strand hizo una serie de películas sobre México, entre ellas "Redes", sobre los pescadores de la aldea de Alvarado en pugna contra una sociedad corrupta, que es presentada en la muestra.
Strand regresó a Nueva York, después de que ese proyecto fuese abandonado tras la elección de Lázaro Cárdenas en 1934, y publicó un portafolio con 20 fotograbados sobre México que revelan su sensibilidad social y política.
En los años 50, huyendo de la caza de brujas desatada en Estados Unidos, el artista se radicó en Orgeval, Francia, donde pasó el resto de su vida.
La trayectoria de Henri Cartier-Bresson, que desembarcó en México en 1934, a los 24 años, en el marco de una misión etnográfica francesa, es muy distinta, pero la muestra demuestra que los dos hombres compartieron no sólo un gran amor por ese país, sino una obsesión por la composición de la imagen.
México "es espléndido, su gente también. Estoy loco por este país", escribió el joven francés, que decidió quedarse en ese país cuando la misión que lo había llevado fue suspendida, por falta de fondos.
Utilizaba una Leica, pequeña, práctica, que "consideraba como la extensión de su ojo", señaló Agnes Sire, directora de la Fundación Cartier-Bresson.
Fue con ese discreto aparatito que fotografió a prostitutas esperando a sus clientes en la Calle Cuauhtemoctzín, a niños jugando, a hombres durmiendo en un mercado.
Los dos artistas convergieron en 1935 en Nueva York, donde Cartier-Bresson empezó a aprender cine con Strand. "Cambié de instrumento", dijo el francés, que dos años después partió a España, donde realizó documentales en el frente republicano, entre ellos uno sobre la Brigada Abraham Lincoln.
La exposición será presentada después de París en Cherburgo (norte), de mayo a setiembre. Al mismo tiempo, el Palacio de Bellas Artes de México ofrece la primera muestra del trabajo de Strand en México, desde la celebrada en 1934.
BVC












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