Promesas incumplidas en la psiquiatría
Moisés Rozanes T.
Hace tres décadas, Carlos conoció por vez primera un hospital psiquiátrico. Era entonces un joven estudiante a quien sus mentores atribuían dotes intelectuales sobresalientes augurándole un futuro excepcional.
De pronto, comenzó a recluirse en una habitación al fondo de su casa para reflexionar sobre la manera de inventar algo realmente útil para la sociedad.
El progreso de México era su mayor obsesión y pensaba, con inquebrantable convicción, que su destino en la vida era hacer un descubrimiento tan importante y novedoso que pudiera acabar, de una vez por todas, con la pobreza, el atraso, el conformismo, la mentira y la corrupción nacionales.
Antes de cumplir esta misión Carlos tenía que resolver un desafío formidable. Había que desenmascarar a todos aquellos individuos oscuramente empeñados en despojarlo de sus fórmulas e inventos.
¡Y qué mejor oportunidad para perpetrar tan ruines propósitos que la que ofrece, al enemigo invisible, el descanso nocturno! Porque sólo dormido –razonaba Carlos– algún vecino envidioso y malintencionado se atrevería a entrar en su habitación. Es por eso que comenzó a ingerir estimulantes. Al dejar de dormir podía mantenerse siempre vigilante.
Durante su primera estancia en el hospital psiquiátrico de San Juan de Dios, frente a la antigua basílica de Zapopan, recibió 10 electrochoques, además de un riguroso esquema medicamentoso. Se le diagnosticó esquizofrénico paranoide y después de tres semanas, pudo regresar a casa “bastante amansado”, según comentó su afligida madre.
Desde aquel entonces lo han vuelto a internar en repetidas ocasiones, siempre contra su voluntad y absolutamente convencido del extraordinario valor de su misión. Sin haber cometido jamás un delito, Carlos estuvo dos años en prisión, puesto que un familiar consideró que sólo en la cárcel “no resultaba peligroso para la sociedad”.
Durante todos estos años de atención psiquiátrica se le han administrado diversos medicamentos. No obstante, nada ni nadie ha podido convencerlo aún de que la sustancia derivada de su fórmula secreta es inflamable sólo porque resulta de una mezcla de agua con bastante gasolina.
La realidad, sin embargo, es que desde hace medio siglo la investigación psiquiátrica no ha producido mayores innovaciones para el tratamiento del núcleo delirante de las psicosis.
Muy a nuestro pesar –y también de las ventas millonarias-, los medicamentos disponibles no han resultado todo lo efectivo que debieran ser para aliviar a tantos enfermos mentales.
A pesar de que se ha avanzado en la terapia psico-social, debemos reconocer que son muchísimos los pacientes que aun recibiendo el mejor tratamiento farmacológico disponible no logran recuperarse.
Muchas promesas hizo la psiquiatría a finales del siglo pasado. La mayoría no se han cumplido. Aún falta mucho por entender y hacer en favor de las personas enfermas mentales.












Querido Moisés: Contra lo
Querido Moisés:
Contra lo usual, esta vez debo manifestar mi inconformidad por el sesgo de tu artículo. Planteado en un congreso nuestro, sería un buen ejercicio de autocrítica y señal de nuestra permanente inconformidad, del insaciable deseo de contar con más y mejores recursos; publicado en un foro dirigido a un auditorio heterogéneo me parece ingenuo e incluso peligroso, buena leña para el fuego de los antipsiquiatras.
La lectura sugiere fraude y/o incompetencia, ¿De quién? ¿De la Psiquiatría? No, Moisés, "la psiquiatría" es un ente subjetivo, amorfo y etéreo, el lector lo traducirá como el psiquiatra, es decir tú y yo. La gente cree lo que quiere creer y seleccionará la frase que mejor le acomode para fortalecer el prejuicio.
No dices mentiras, pero omites demasiadas verdades que a la luz de las frías estadísticas muestran un cambio radical en la calidad de vida de nuestros pacientes. Te invito a considerar mis palabras como un acto amistoso y mi atrevimiento a disentir (por primera vez en tanto tiempo), como señal de confianza y cercanía.
Un abrazo. Miguel E. Balderrama
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