Te cambio tu obra maestra por mi sándwich de jamón
Concepción Moreno / El Economista
¿Cuánto cuesta una obra de arte? ¿Cuánto vale? Aunque pareciera lo mismo, ambas magnitudes son diferentes. Haciendo ambas preguntas, la Casa del Lago inaugura en su espacio El Anexo la exposición Pobre artista rico.
Pobre artista rico más que una exposición como cualquier otra, donde una va y observa pasivamente, es un juego artístico en el que el público es parte integral del recorrido.
Regresemos a nuestras dos preguntas del principio: ¿cuánto cuesta una obra de arte? ¿Cuánto vale? En el caso de Pobre artista rico, las obras cuestan exactamente $7,262. Es el presupuesto que el curador Willy Kautz le dio a cada uno de los artistas participantes (entre los cuales están artistas jóvenes interesantísimos como Eduardo Abaroa, Artemio y Melanie Smith) para hacer su pieza. ¿Y cuánto valen? Eso lo decidirá el público.
El juego de la exposición es divertido y también inquietante. Se invita al visitante a hacer ofertas por cada una de las piezas expuestas. La única regla: no se vale ofrecer dinero. Uno puede, por decir algo, ofrecer una cena al artista a cambio de su obra. O un abrazo. O cinco boletos para el cine. O, por qué no, un sabroso sándwich de jamón. En fin, todo aquello que el visitante considere que representa el valor de la obra.
Las ofertas se irán pegando en los murales junto a las obras y formarán parte de la exposición. El último día para hacer una oferta es el 29 de abril. El 4 de mayo los artistas decidirán la oferta ganadora y realizarán el trueque. Como explica Kautz, el acto estético está en la transacción. En vez de entrar en el sistema de la economía de mercado, entramos en el universo de la economía del regalo, en el que un objeto obtiene un valor universal inconmensurable monetariamente.
Pobre artista rico forma parte del nuevo programa de artes visuales que la Casa del Lago presenta este jueves. Como parte de su oficio por lo experimental, la Casa del Lago propone cinco nuevos espacios para apreciar y participar del arte más nuevo y arriesgado.
Valiéndose de su escenario, el majestuoso Bosque de Chapultepec, como contraste, la Casa del Lago ofrece en sus espacios exposiciones pequeñas, perfectas para la reflexión, la pedagogía y la investigación estética. El objetivo es serle fiel al espíritu experimental que siempre ha animado a la Casa del Lago desde su fundación en 1959 bajo las órdenes de Arreola
El nombre de cada uno de los espacios o plataformas habla de periferia, de lugares de fuga, de excentricidad. Estas cinco plataformas son: la Sucursal, el Anexo, donde se presenta Pobre artista rico, un espacio de investigación sobre valor artísticos; el Gabinete, espacio donde se presentarán tres exposiciones al año; el Salón, dedicado a obras pictóricas y gráficas, y finalmente, los Jardines, para proyectos escultóricos comisionados.
cmoreno@eleconomista.com.mx












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