Arte en México, ¿cómo se compra?
De acuerdo con el coleccionista y empresario César Cervantes, el sector en México “lleva 15 años espectaculares en los que no baja y únicamente sube. Sin embargo, en mercados emergentes como el mexicano el rezago cultural es altísimo”.
Leticia Gasca Serrano / El Economista
Feb 13, 2012 |
1:00
César Cervantes, coleccionista y director de Taco Inn. Foto EE: Araceli López

“Un día comencé a coleccionar, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble e implacable amo”, dice César Cervantes, coleccionista de arte, parafraseando a Truman Capote. Cervantes ha conciliado su interés por el arte con su labor como empresario —es director corporativo de Taco Inn— y se ha posicionado como uno de los coleccionistas más activos e importantes de México.

Cuando el empresario estudiaba la universidad adquirió casi por instinto su primera pieza en la galería de un centro comercial. Es una pintura abstracta, geométrica y ochentera, cuyo artista desconoce, pero que cuelga con orgullo en una de las paredes de su oficina.

Mientras forjaba su empresa, que ahora mantiene operaciones internacionales, dedicaba el tiempo libre a actividades culturales, visitaba sitios históricos, museos y exposiciones. Empezó a adquirir piezas que llamaban su atención en bazares de arte, luego puso el ojo en los artistas locales. Desde mediados de los noventa colecciona con seriedad. Tiene la convicción de que lo mejor es comprar en galerías, pues “son un primer filtro”, y considera que las adquisiciones en subastas deben ser estratégicas y llevarse a cabo sólo cuando se busca una pieza en particular.

El mercado del arte en México puede ser evaluado desde la perspectiva de la oferta, pero también de la demanda, y de acuerdo con este coleccionista el sector “lleva 15 años espectaculares en los que no baja y únicamente sube. Sin embargo, en mercados emergentes como el mexicano el rezago cultural es altísimo”.

Rafael Matos Moctezuma, director de la Casa de Subastas Matos, ha desarrollado cinco perfiles de interesados en arte y César Cervantes encaja perfectamente en la descripción del auténtico coleccionista:

Tiene verdadera pasión por el arte y por adquirirlo, está enterado sobre el arte que le interesa, desarrolla un sentido que le permite definir y acotar el campo de lo que colecciona”, define Rafael Matos.

Patricia Sloane, curadora de arte, agrega al perfil que “el coleccionismo es un estilo de vida, pues quien adquiere arte con este sentido no lo hace pensando en una inversión. Puede que haga avalúos de sus obras, pero lo hace porque es un estudioso del mercado y no porque su principal motor sea el dinero”.

COLECCIONISMO EN MERCADOS EMERGENTES

Andrés Blaisten es también un coleccionista consumado. Durante 35 años ha forjado la mayor colección de arte moderno mexicano en el mundo en manos de un particular. Por ello, hace cinco años recibió una invitación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para hacer un museo que albergue su colección y la muestre al público.

A partir del 22 de octubre del 2007, una parte significativa de las piezas de Blaisten forman parte del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, donde se exhiben obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo, entre otros.

El coleccionista ha acumulado la experiencia necesaria para afirmar que el mejor periodo para comprar arte es cuando domina la incertidumbre financiera:

Cuando hay un momento de crisis el mercado es menos activo. Entonces yo compro más, pues confío que la situación económica va a mejorar. Es esos momentos aprovecho para adquirir obra en un entorno de compradores menos competido”, explica Blaisten.

¿Qué hacer para incrementar el número de coleccionistas como César Cervantes o Andrés Blaisten? Patricia Sloane responde que en un mercado inmaduro, en una economía emergente como la mexicana, es imposible que un gran porcentaje de la población se dedique al coleccionismo. “Que viva la diferencia, no todo el mundo debe dedicarse a coleccionar arte”, concluye la curadora.

POR DINERO O POR AMOR

El ambiente de la subasta se ha tornado tenso. Dos compradores están pujando en un “mano a mano” por hacerse de una obra. Se trata de un hombre y una mujer de edad madura, sentados en diferentes extremos de la sala, y parece que ninguno está dispuesto a dejarse vencer.

Unos minutos atrás, al hombre le ofrecieron una copa de vino que aceptó gustoso. Del otro lado del salón, su rival rechazó la copa pues “prefería esperar a su esposo para brindar con él”.

El precio de la obra crece de 5,000 en 5,000 pesos, y tanto el hombre como la mujer siguen levantando sus respectivas paletas.

De pronto, el martillero decide dar una segunda mirada a ambos contendientes para saber si se trata de coleccionistas famosos. Atónito, rompe la dinámica de la subasta y pregunta en voz alta al hombre:

¿Ya vio que está pujando contra su esposa?”.

La pareja había decidido comprar la obra para celebrar sus bodas de plata. Ambos pensaban que el otro aún no había llegado aún a la subasta. Al final quedaron las carcajadas de los presentes y la sonrisa del subastador: gracias a la confusión la obra se había vendido a un precio inusualmente alto.

PROTAGONISTAS DEL MERCADO

El martillero o subastador es la punta del iceberg de la labor de una casa de subastas. Para desempeñar su labor con éxito debe saber de arte y desarrollar una sensibilidad especial para comprender la dinámica de los compradores. Nadie mejor que él para explicar el comportamiento de compra del mercado en México.

Rafael Matos, además de haber tenido una galería y actualmente una casa de subastas, es martillero. Esta experiencia le ha enseñado que el mercado es particularmente sensible a acontecimientos de gran impacto.

El 23 de marzo de 1994 fue asesinado Luis Donaldo Colosio. El día 24 teníamos una subasta pero nadie acudió, la gente simplemente no quería comprar arte. De forma similar, octubre del 2008 se caracterizó por subastas con muy poca audiencia, ese mes se hizo oficial el colapso de los mercados a raíz de la crisis hipotecaria”, afirma Matos.

El comportamiento de compra también puede ser evaluado cuantitativamente, tal como lo hicieron Deloitte y ArtTactic al encuestar a 140 asesores de arte en el 2011: 84% de los asesores aseguró que el principal impulsor de la adquisición de arte entre sus clientes fue el valor emocional; 61% se refirió al valor social (estatus, prestigio, relaciones), y 60% argumentó la sensación de rareza (exclusividad).

Aunque la mayoría de estos factores son intangibles no financieros, es imposible ignorar que 57% de los asesores considera al arte como un activo en el cual es posible invertir.

Deloitte y ArtTactc también encuestaron a los coleccionistas de arte, para quienes el aspecto emocional de la compra todavía se ubica como la motivación más importante, con 97% Mientras tanto, 49% de los coleccionistas mencionaron estar fuertemente impulsados por el rendimiento de la inversión y 39% dijo ver el arte como un componente clave en su estrategia de diversificación de la cartera.

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