El artista honesto trabaja para sí mismo
Concepción Moreno / El Economista
Daniel Lezama vive de su obra desde hace 12 años cuando ganó la Bienal Tamayo y su trabajo fue reconocido en grande. La popularidad que goza en México se refleja en sus ventas, pues, como indica el Informe del Mercado del Arte publicado por El Economista, su principal mercado aún está en el extranjero.
—¿Cuál es su percepción general del mercado del arte? ¿La influencia del mercado es negativa o positiva sobre la creación?
—La obra es indisociable de su recibimiento, pero en última instancia, si la obra es honesta que haya una respuesta a la obra es irrelevante. El artista trabaja para satisfacerse a sí mismo, si no lo hace así, creo que es deshonesto. El artista es el primer espectador de su obra, más allá del mercado. El mercado de arte siempre ha sido cosa más de economistas que de artistas. Ahora todo está más mecanizado, hay todo un sistema de aproximación entre el artista y el gran público. Hay promotores, vendedores, críticos, en fin toda una estructura técnica más allá del arte.
—¿Cómo le fue a usted el 2011, vendió más, menos que otros años?
—Siempre estoy al pendiente de mis ventas. Me considero mi propio representante ante la galería. Yo mismo promuevo mi obra.
—¿Dónde es el principal mercado de sus obras, en México o en otros países?
—Podemos decir que mitad de mi obra se vende en México y mitad en el extranjero. En México se me conoce mucho y vendo relativamente poco, en el extranjero se me conoce poco y vendo relativamente mucho respecto a lo que se me conoce.
—¿Es fácil para un artista contemporáneo vivir de la venta de sus obras?
—No, no es fácil. Yo vivo de mi obra desde el año 2000. Durante mis años de estudiante tuve otro trabajo para poder vivir. En el 2000 gano la Bienal Tamayo y comienzo a tener éxito. Se requiere suerte, contactos, en fin. Ahora, vivir de ser artista no significa ser rico. Hace 10 o 15 años, sí. Eso ha cambiado. Ser un artista rico significa moverse en círculos internacionales o en círculos políticos.
—¿Cómo es la relación de un artista con su galería y con sus coleccionistas? ¿Es cercana, adversaria, de cooperación?
—No siempre tengo relación con la gente que compra mi obra. Vamos, creo tener una relación de afinidad espiritual, de gusto compartido con quien compra mis obras. La gente que le gusta mi trabajo no es la gente que compra otro tipo de obras. Yo diría que quien me compra tiene una relación emocionalmente cargada.
Con los galeristas ha sido una relación tortuosa, marcada por un grado de incomprensión.
Daniel Lezama
Pintor figurativo
(México DF, 1968).











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