La industria está marcada por la informalidad
El inestable camino del negocio del arte
El sector lucha por alcanzar la mayoría de edad. Es pequeño, caprichoso y muy influenciado por el exterior. Obedece los postulados de la economía en contadas ocasiones y, en palabras del economista Rafael Matos, es “inversamente proporcional a la bonanza del país”.
Leticia Gasca Serrano / El Economista
Feb 13, 2012 |
1:00
relacionadas
compartir

En un par de horas se vendieron 38 millones de pesos. Era la noche más relevante del año para el mercado del arte en México. En la Casa de Subastas Morton estaban todos los que debían estar: coleccionistas, compradores ocasionales, corredores, artistas, socialités y amantes del arte que iban sólo a ver y beber.

Desde hace tres años, Morton levanta las más altas expectativas y demuestra su poder de convocatoria en las subastas de arte latinoamericano que realiza en mayo y noviembre. La segunda cita del 2011 era especial. Se ofertaron 194 obras de Diego Rivera, Dr. Atl, David Alfaro Siqueiros, Juan Soriano y Gabriel Orozco y muchos otros.

Al cabo de varios minutos de pujas reñidas, cifras de múltiples ceros y aplausos por la tenacidad de no dejarse doblegar ante otros compradores, salió al escenario el óleo de una mujer sentada, con un fastuoso vestido de holanes blancos y un rebozo rojo sobre un hombro.

Era un célebre autorretrato de María Izquierdo, terminado en 1940. La pieza se ha exhibido en Londres, Lima, Tokio, Osaka y París. Muchos pensaban que se había extraviado o estaba olvidada en alguna pared. La puja fue larga e intensa. Incluso se recibieron ofertas telefónicas. La disputa continuó hasta que la obra subió al triple de su precio inicial.

Los participantes no contaban con que competían contra el más grande coleccionista de María Izquierdo en el mundo. El hombre, de lentes y atuendo impecable, reflejaba la tranquilidad que han forjado sus 35 años en el medio. Pacientemente, Andrés Blaisten continuó pujando hasta hacerse del autorretrato: 2.1 millones de pesos. Fue la tercera pieza más cara de la noche.

La obra no estaba en buen estado, necesitaba limpieza y restauración. Pensé que a nadie le iba a interesar, pero sorpresivamente la pelearon y subió al triple. Creo que la compré a la mitad de lo que realmente vale. Si se hubiera subastado en Nueva York, se hubiera vendido mucho más cara”, afirma Blaisten, dueño de la colección que lleva su nombre y que está albergada en Centro Cultural Universitario Tlatelolco, en la Ciudad de México.

La escena retrata de pies a cabeza el mercado del arte en México, sorpresivo, incierto e inestable, un adolescente en busca de su propia personalidad. Es una industria con gran influencia del exterior, en la cual cuando a la economía mexicana le va mal, al mercado del arte le va bien.

El nicho mexicano es pequeño y en proceso de maduración. Y es un sector marcado, sobre todo, por la informalidad. Según cálculos de El Economista, en el 2011 tuvo un valor de 20 millones de dólares, de los cuales 6.5 millones de dólares se movieron en operaciones en casas de subastas; 12 millones de dólares, en galerías, y 1.5 millones de dólares, a través de corredores de arte.

Representó en el 2011 apenas 0.05% de la participación mundial, frente a mercados maduros como el chino, que acapara 41.43 por ciento.

La cifra de México es minúscula si se compara con mercados maduros como China, Estados Unidos y Gran Bretaña. Sólo en operaciones en subastas durante el 2011, la firma Artprice registró 4,740 millones de dólares en China; 2,720 millones, en Estados Unidos, 2,240 millones, en Gran Bretaña.

Leer más: Todos coinciden: invertir en arte es buena opción

LA OTRA MANO INVISIBLE

Rafael Matos Moctezuma, economista y fundador de Rafael Matos Casa de Subastas, describe el comportamiento del mercado mexicano como “muy inestable e inversamente proporcional a la bonanza del país”. Matos afirma: “En vacas flacas, los ricos se hacen más ricos y compran arte. A mayor profundidad de una crisis, mayor oferta de arte y mayor demanda, pero esto no necesariamente se traduce en altos precios, pues los pocos compradores abusan de la situación difícil que atraviesan los vendedores necesitados de recursos”.

El subastador agrega:

En comparación con nuestra historia, economía y población, el mercado es raquíticamente pequeño. Somos un productor interesante, hemos dado grandes artistas, pero pocos grandes coleccionistas. Los altibajos de la economía colocan a los pequeños compradores del sector ilustrado de la clase media en situaciones difíciles, lo que les impide seguir adquiriendo obra y los lleva a ofrecer lo que poseen a quienes concentran la riqueza nacional”.

A Ercilia Gómez Maqueo, economista y directora de la Fundación José Cuervo, su pasión por el arte la transformó en una especialista en la materia. Esa conjunción de conocimientos e intereses se reflejaron en su primera experiencia al vender obras de arte.

Intenté seguir las leyes de la economía así que exhibí una obra con un precio muy alto y varias más a precio moderado. Mi sorpresa fue que tuve más interesados en comprar la pieza cara. En este peculiar mercado las leyes de la oferta y la demanda no funcionan igual, pues la teoría indica que a mayor precio disminuye la demanda. En el arte, cuando se incrementa el precio, muchas veces también sube la demanda”, cuenta Gómez Maqueo.

El mercado del arte obedece los postulados de la economía en contadas ocasiones. Vivian Gorinstein Kushner, gerente del Departamento de Arte Moderno y Contemporáneo de Morton Casa de Subastas, agrega un factor adicional: las obras que proceden de México son todavía muy baratas. “Si comparamos los precios del arte mexicano contra los del arte moderno y contemporáneo en otros países observamos que son menores, aunque hay sus excepciones. Sotheby's vendió en noviembre del 2011 una obra de Tamayo en dos millones de dólares, una cifra inusualmente alta”.

Una propuesta estética contundente, original y con personalidad influye en la cotización positiva de un artista, pero hay otros factores que inciden de forma más directa y a veces efímera en el valor de la obra. Por ejemplo, que sea adquirido por un coleccionista famoso, que participe una exposición relevante —sobre todo cuando ésta tiene lugar en el extranjero— o que reciba una crítica favorable de las voces más respetadas.

En mercados que no alcanzan la mayoría de edad, como es el caso mexicano, es común observar cómo se construye un pedigrí artificial a ciertas piezas. Un coleccionista profesional adquiere un buen cuadro y lo coloca en exposiciones, libros, conferencias y unos años después la obra emerge al mercado de las subastas al doble o triple de su valor.

EL ENTORNO INTERNACIONAL

Sotheby’s y Christie’s, casas subastadoras con reconocimiento internacional, dedican dos veces al año —en mayo y noviembre— subastas específicas al arte latinoamericano. Si en ellas triunfa comercialmente un artista mexicano, esto se verá reflejado en las galerías y casas de subastas del resto del mundo.

Gran parte de los compradores, sobre todo aquellos que ven en el mercado una oportunidad de inversión, prefieren apostar a los artistas consagrados pues son ventas seguras. “Se siguen vendiendo muy bien Rivera, Orozco, Siqueiros, Frida, Tamayo y Toledo. Son los artistas que llegaron a más altos precios en el 2011 y siempre”, dice Rafael Matos.

Javier Lumbreras, presidente de Artemundi Global Fund, el segundo fondo internacional más grande en su tipo, observa en la falta de regulación del mercado del arte en México una se sus características definitorias:

Cualquier persona con un martillo y un clavo puede ser galerista, pues no hay requisitos que regulen la entrada a laborar al arte de manera profesional. Esta falta de regulación afecta otros aspectos como la titularidad de la obra, nada garantiza que quien te vende una pieza es su legítimo propietario. Por ello, en el sector imperan el desconocimiento y la desconfianza”.

Patricia Ortiz Monasterio, fundadora de la galería OMR, ha percibido en los últimos cinco años un crecimiento sostenido del mercado y en particular una apertura hacia artistas locales. El principal factor de cambio, dice, es la nueva generación de compradores que “viaja más, ve más, tiene mayor poder adquisitivo y está más conectada”.

Desde la perspectiva de las galerías, Mónica Manzutto, de Kurimanzutto, ha presenciado en los últimos años el crecimiento del mercado de arte en el país.

Se trata de un coleccionismo privado en el cual existen distintos tipos: por un lado están las fundaciones o museos privados como Jumex, CIAC (Colección Isabel y Agustín Coppel) y el Museo Amparo. Por otro, los individuos, algunos con un enfoque claro de desarrollo de su colección; otros con compras más esporádicas. A nivel de instituciones públicas existe un gran vacío, ya que no hay un proyecto sólido para conformar un patrimonio nacional”, afirma Manzutto.

La directora y fundadora de Kurimanzutto describe al 2011 como un año sólido en el cual los artistas que mejor se vendieron fueron Dr. Lakra, Abraham Cruzvillegas, Gabriel Kuri, Carlos Amorales, Gabriel Orozco, Damián Ortega, Minerva Cuevas y Jonathan Hernández.

Patrick Charpenel, director de la Colección Jumex, coleccionista y explorador constante del arte en México, confirma la tendencia: “De acuerdo con un reporte de Sotheby’s, el mayor mercado de arte en México es el contemporáneo”, dice.

EL ARTE COMO INVERSIÓN

La proporción de arte contemporáneo que se comercializa en México no garantiza que se trate de una buena compra, en particular para quienes buscan un retorno financiero. Esta corriente es la que presenta un mayor riesgo de liquidez. Aunque se considera al arte como un activo poco volátil, su principal riesgo no radica en que el precio de la obra vaya a bajar, sino que no haya mercado para vender la pieza posteriormente.

Otro de los grandes retos reside en el riesgo asociado con los fenómenos financieros internacionales. La crisis de deuda soberana en Europa y el lento crecimiento en la economía de Estados Unidos han mermado la confianza de los compradores.

Un estudio de confianza en el mercado de la consultora ArtTactic concluye que de enero a octubre del año pasado el nivel de confianza disminuyó 55% y el punto más bajo de confianza podría llegar en el primer semestre del 2012. La excepción son China e India, donde el panorama es mucho más optimista.

Andrés Blaisten, el hombre detrás de la colección que lleva su nombre, augura que en el 2012 crecerá el mercado, sobre todo el coleccionismo privado.

Antes de la crisis del 2008 muchos museos en Europa y Estados Unidos compraban arte activamente, pues tenían muchos recursos. En el momento en que estalló la crisis y los museos dejaron de comprar en volumen, los artistas y las galerías fueron afectadas. Los mercados del arte no son paralelos a los mercados financieros. El mercado del arte tiene un plazo más largo y en general se trata de inversiones más estables. Lo peor que te puede pasar al comprar una obra de buen nivel es que no suba su valor. Y yo nunca he perdido al invertir en arte”, afirma Blaisten.

BVC

0 Comentarios
Comentarios
Periódico El Economista es una empresa de