Carmen Boullosa conversa sobre su más reciente libro
La patria insomne: panóptica de un mundo fracturado
El terremoto de 1957 en la ciudad de México dio origen a la vocación de Carmen Boullosa tenía entonces tres años.
Alejandro García Abreu / El Economista
Jun 10, 2012 |
21:48
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El terremoto de 1957 en la ciudad de México dio origen a la vocación de Carmen Boullosa —tenía entonces tres años.

Creo que sí fue ahí, en ese momento (…) que fui picada por el oficio. Y tuve impresa no sólo mi vocación, sino mi poética, el deber ser de mi narrativa: recuperación y traición del pasado, utilización de la historia aceptada como escenario, fractura de las distancias, exposición en el área pública de lo privado e imposición del tono reservado a la conversación privada en el área pública”, escribió Boullosa en Cuando me volví mortal (Cal y Arena, 2010).

Ese deber ser, su poética, cobra un nuevo significado en La patria insomne (Ediciones Hiperión/Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011), libro de poesía sobre la muerte y el combate entre “Vigilia y Sueño”, sobre “los Señores del insomnio” y la “Patria atribulada”.

En el poema fragmentario —que participa de poetas como Ramón López Velarde y José Gorostiza, de compositores como Agustín Lara y Francisco Gabilondo Soler Cri-Crí, y de dichos populares— Boullosa (ciudad de México, 1954) reacciona ante la violencia que se vive actualmente en México y afronta el flujo de la sangre en una suerte de lamentación.

En entrevista, la escritora conversó sobre la escritura del poema.

Anteriormente has escrito sobre el insomnio y has confesado que peleas durante noches sucesivas por conciliar el sueño. En La patria insomne ese tema se funde con la oscilación entre lo público y lo privado, evidente en gran parte de tu obra. ¿Cómo resolviste fusionar ambos recursos?

Viviendo en Nueva York tengo la certeza de que hay una casa mayor: mi imaginario México, que me acuna y arropa. Con la catástrofe, con el baño de sangre, la patria —íntima y a la vez pública— ha quedado fracturada. Ya no es un sueño, tampoco es una vigilia: es insomnio.

Escribí el poema desde el horror y el desconcierto. Lo terminé hace dos años y medio. No podía entender qué estaba pasando en México. Ahora tengo una formulación más clara, aunque no suficiente para escribir un ensayo.

He vivido el espacio público como una tragedia privada. En el poema lo público y lo privado están en la misma silla.

En Cuando me volví mortal revelaste que escribes “con una sensación de irritación”, que tienes que agarrarte “desde una región oscura”. ¿Creció tu irritación mientras explorabas la región oscura esbozada en La patria insomne?

En lugar de que creciera la irritación creció una sensación de dolor. Traté de abordarlo con sarcasmo. La patria insomne es un texto más desnudo de emociones que otros. No tenía cotejos. Escribí el poema de un trazo, de principio a fin. No lo pude contener.

Has aseverado que una característica de tu poética es la fractura de las distancias y firmaste el libro en Brooklyn y Coyoacán. ¿Cómo fue el proceso de escritura entre los dos lugares?

Voy a hacerte una confesión: lo firmé en los dos lugares pero lo escribí en Brooklyn. No hubiera escrito el libro si hubiera estado en México. No podía firmarlo sólo en Brooklyn porque escribí el poema desde la hipotética totalidad de la patria. A la hora de firmarlo hice algo impreciso: me referí a Coyoacán, mi barrio, pero se trata de México. Y me he dado cuenta de que el poema está roto. Es una panóptica de un mundo fracturado.

alejandro.garcia@eleconomista.mx

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