Obras sujetas al mercado público sin ofertas monetarias
Pobre artista rico: más allá 
de la economía de mercado
Hace tres meses, en Arte, ideas y gente les hablamos del experimento Pobre artista rico.
Concepción Moreno
 / El Economista
Jun 26, 2012 |
20:48
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Hace tres meses, en Arte, ideas y gente les hablamos del experimento Pobre artista rico.

Pobre artista rico, en la Casa del Lago, fue un divertido e interesante ejercicio estético y económico. ¿Cuánto cuesta una obra? ¿Cuánto vale? Ambas magnitudes no son la misma. Y, para comprobarlo, siete artistas, convocados por el curador Willy Kautz, se involucraron en este juego. Los creadores recibieron un presupuesto fijo de 7,262 pesos y, con éste, habrían de crear una obra.

Las piezas estuvieron expuestas durante varias semanas en la Casa del Lago. Pero he aquí el asunto capital de Pobre artista rico: las obras estuvieron sujetas al mercado público. Los visitantes podían hacer ofertas a los artistas a cambio de su obra. La única regla era que ninguna de las ofertas podía ser monetaria. Se trataba, según Kautz, de que los visitantes ejercieran su creatividad y pensaran en las obras como bienes que estaban más allá de su valor en el tradicional mercado de arte.

Hubo quien hizo más arte con su arte, como Eduardo Abaroa y Melanie Smith y Artemio, que intercambiaron sus obras por proyectos de investigación estética. Abaroa, cuya pieza era el primer lingote producido por la minera canadiense First Majestic Silver en el disputado terreno de Wirikuta, obtuvo un mapa digital de la zona huichol que servirá no sólo como arte, también para darle mayor visibilidad a los problemas de los huicholes.

Un caso intrigante, con cierto misterio, fue el de Karmelo Bermejo que hizo intercambio con otro de los artistas participantes.

Bermejo había aportado a la exposición una bola hecha con billetes equivalentes a los 7,262 de presupuesto recibido. La pieza de Karmelo Bermejo fue la única obra que se subastó por la cuantía más alta de dinero, que fue quemada, por Gabriel de la Mora, el 31 de mayo, a puerta cerrada, en la oficina del jefe de Artes Visuales de Casa del Lago, como lo indicaron las instrucciones de Bermejo planteadas al inicio de la muestra.

De la Mora y Sofía Táboas cambiaron sus obras por sendos viajes. De la Mora se va Nueva York y Táboas, a Ixtapa. El único intercambio que fracasó fue el de Jorge Satorre. Satorre había construido una pieza que consistía en una mesa con imágenes en serigrafía y una serie de etiquetas de cerveza dobladas caprichosamente. Se recibieron pocas ofertas y ninguna llegó a interesar al artista.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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