Construir algo a partir de nada: Fernando García Ponce
Fernando García Ponce cumplió con la misión de los padres fundadores, creó algo que no existía antes y detrás de él, toda una generación de artistas se transformó.
Concepción Moreno
 / El Economista
Ago 16, 2012 |
23:16
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Fernando García Ponce (Mérida, Yucatán 1933 – México DF, 1987) cumplió con la misión de los padres fundadores: creó algo que no existía antes y detrás de él, toda una generación de artistas se transformó. A partir de su obra (y la de otros artistas de su generación como Vicente Rojo y Manuel Felguérez), la pintura mexicana nunca volvió a ser la misma: desaparecieron los motivos mexicanistas y la necesidad de las reivindicaciones sociales a través del arte y de pronto los artistas sólo estaban interesados en los alcances de la pintura como forma estricta.

García Ponce perteneció a la Generación de la Ruptura (en la que también figuró su hermano, el escritor Juan García Ponce), ésa que fue definitoria para la transición del arte de la Escuela Mexicana de Pintura a la creación moderna muy propia de una visión cosmopolita.

En la plástica, eso significó la llegada al mundo artístico nacional de la pintura abstracta. Fue en la década de los 60 cuando Fernando García Ponce partió plaza, pero, con la llegada de los 70, su obra maduró y se volvió completamente memorable por su completa abstracción. Como lo explicó Juan García Ponce: “(Fernando) quería convertir el silencio en voz, la nada en algo, por medio del color y la luz solamente, sin tener una referencia natural”.

Un impulso constructivo es el nombre de la gran retrospectiva de la obra de García Ponce con la que el Museo de Arte Moderno (MAM) rinde homenaje al pintor a 25 años de su fallecimiento.

Llamar pintor a García Ponce es una mera convención; de todo su quehacer plástico, lo que más se conoce es su pintura, que va de lo figurativo en sus años tempranos, particularmente dedicados al retrato, hasta su madurez, que llegó pronto, cuando se entregó a un abstraccionismo que ya nunca dejaría. No hay que pecar dando a las pinturas abstractas una interpretación figurativa: lo que García Ponce retrató es intangible, como su imaginación. El gran acierto de Un impulso constructivo es mostrarnos que, además de su trabajo pictórico, García Ponce cultivó otras áreas: el collage y, de manera especial, la arquitectura.

El recorrido es corto pero grato. Son 45 obras que incluyen algunos planos y proyectos de construcción, trabajos del estudiante de arquitectura que fuera el joven García Ponce (profesión que, por cierto, llegó a ejercer en su natal Mérida). En sus trabajos arquitectónicos también se puede apreciar su vocación de iconoclasta: son construcciones que pecan de modernas y son notables en su bizarría.

Es curioso que se haya dedicado durante tanto tiempo tan poca atención a los trabajos de collage de García Ponce, pues vistas a distancia, todas las pinturas abstractas del autor parecen en sí mismas collages. El yucateco exploró el collage como forma estética completa (no como ejercicio ni como bosquejo de una futura obra) desde los años 70, es decir, casi una década antes de que los creadores de los 80 llenaran sus colecciones con collages. Sin duda fue García Ponce alguien que no le tuvo nunca miedo al futuro, ni al silencio ni a la nada. Atestigüen su valentía en el MAM.

cmoreno@eleconomista.mx

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