Ismael Guardado: medio siglo de creación
En las piezas que ha creado Ismael Guardado aparece y reaparece el instante, ese lapso sin tiempo definido, Es la fascinación de y por la cópula, celebración que aviva los sentidos.
Andrés de Luna
Oct 11, 2012 |
22:59
compartir

El deseo es una bestia negra. Pequeño, tímido y reptante o brioso con lenguas de fuego y la monumentalidad de un dragón en brama. Los artistas han querido ir tras la representación de la experiencia sexual, desde los lejanos siglos fundacionales de la caverna de Lascaux, en cuyas paredes rocosas un cazador herido de muerte exalta la vida por medio de una erección final. A lo largo de la historia del arte los encuentros estéticos con el erotismo han dependido de las condiciones de censura, del régimen de la mirada y de la osadía de los creadores. En el siglo XX, periodo transgresor por excelencia, el cuerpo recobra sus esplendores íntimos y se manifiesta en el acto lúbrico de muchas maneras. Ismael Guardado, artista de exquisitez plástica, congrega en la Sala del Museo de Arte Abstracto de Zacatecas treinta y cinco años de labor, de 1977 la pieza más antigua hasta las más recientes del 2012. ¿Qué transita por ese paréntesis temporal de más de tres décadas? Ante todo, y lo primero que salta a la vista, es la capacidad de Guardado por asombrarnos ante sus imaginaciones, ante su asombro por el deseo y sus consecuencias. Él trabaja en diferentes técnicas, que los mismo van de la serigrafía a la litografía, que al carbón y a la pieza escultórica de barro y metal. El tema que une a todo el conjunto es la conciencia de aquello que transcurre en la materialidad lúdica y lúbrica del otro, de los otros.

Ismael Guardado en 20 Actos de amor barroco viaja por el laberinto de Eros. Líneas que describen pliegues, que marcan vellos o que se entregan a la majestad de la vida que supone el sexo enamorado. El filósofo francés Michel Onfray anota que “el deseo es polígamo, no se preocupa por la descendencia, es sistemáticamente infiel y furiosamente nómada.” Esto lo observa el artista bajo la perspectiva de un mundo hipersexualizado, sinfonía de trazos multiplicados que dejan ver y ocultan, que establecen el diálogo abierto y en susurros que están a la vista y que sin embargo esconden algo de sus secretos. Pocas veces el deseo ha tenido una representación semejante, una ojeada cautiva a una lubricidad que circula por estas obras que nunca terminan de verse porque están activas, son ellas y los fantasmas que suscitan.

Ismael tuvo en cuenta la conjunción de lo abstracto y lo figurativo, rasgos de ambas formas de expresión se conjuntan y de esa manera lo que podría ser evidencia entra en el terreno de las interpretaciones, de la vestimenta de aquello que es fantasía, transformación, magma puro que se desborda en la calidez volcánica del sexo enfebrecido, rutilante, iluminador.

En las piezas que ha creado Ismael Guardado aparece y reaparece el instante, ese lapso sin tiempo definido, que se congela y descongela según la circunstancia, y que antecede a los hechos, aunque en sí mismo lo enuncia, y que es la magia del encuentro de las partes genésicas antes de la unión. Es la fascinación de y por la cópula, celebración que aviva los sentidos y recupera el goce por la vida. Contemplar el hecho a través de la plástica de Guardado es encontrarse con la belleza corporal del acto mismo.

Nada detiene a los amantes, sólo la mirada de un artista que prolonga la experiencia al otorgarles la dicha de lo instantáneo, de lo que ocurrirá sin más, pero que es necesario procesarlo a través de un ojo mirón que se da cuenta de las cosas y las eleva por encima de lo inmediato.

El humor, ese barniz indispensable, también aparece en estas piezas que habitan esta Sala. De pronto, unas sencillas prensas para hacer tortillas se convierten en coloridas serpientes fálicas, que amenazan a todo lo que esté a su alrededor. Piezas de barro y metal que son otras maneras de asumir el deseo. Sólo que ahora estas obras son herederas de la ironía picaresca y a ella se deben con orgullo. Este espacio es el bastión de un deseo múltiple y recurrente, que sólo un artista con el talento y el virtuosismo de Ismael Guardado han podido conciliar con tal intensidad y hermosura. Aljibe del tiempo, este es un templo profano en el que se consagra algo de lo más valioso de lo humano: el recreo de Eros.

0 Comentarios
Comentarios
Periódico El Economista es una empresa de