Jordi Muñoz no cree en patentes pero desarrolla tecnología
Entre los compradores se encuentran la NASA, Walt Disney, Genera Atomics, Boeing, Northrop Grumman y universidades de todo el mundo.
Foto: Cortesía Conacyt

Jordi Muñoz es un joven empresario quien desarrolló un piloto automático para aeronaves no tripuladas. A sus 26 años, es socio de una compañía que, según sus estimaciones, generará a finales del 2012 ganancias por 4.8 millones de dólares.

A partir de la realización de ese piloto automático, Jordi Muñoz pudo adaptarlo para diseñar y fabricar aeronaves no tripuladas. El Quadcopter (nombre en inglés que significa cuatro hélices o propelas) es uno de los minihelicópteros que ha desarrollado y el de mayor venta. Cuenta con sistema GPS, viaja programado por coordenadas y, opcionalmente, tiene paracaídas que se activa para aterrizar cuando llega a su destino.

Las aplicaciones de este vehículo no tripulado dependen de la creatividad y necesidad del usuario. Se ha utilizado para la entrega de medicinas en lugares poco accesibles; vigilancia aérea en la construcción del aeropuerto de Palenque, monitoreo de zonas de alto riesgo, revisión de terrenos por parte de inmobiliarias, inspección para detectar plantíos de marihuana o en el diseño para la construcción de otros robots.

Además, a este minihelicóptero se le puede colocar grabadoras de audio y cámaras de video con la posibilidad de ver las imágenes en tiempo real; sensores para medir niveles de contaminación; radares para escanear un área y hacer mapas topográficos, así como sensores de temperatura y radiación en caso de incendios o desastres nucleares. El objetivo de esta última aplicación es minimizar pérdidas humanas.

También están dentro de la lista de sus compradores la NASA, Walt Disney, General Atomics, Boeing y Northrop Grumman, empresas dedicadas desde al ámbito recreativo hasta la tecnología espacial y la aeronáutica civil y militar.

NUEVA PRÁCTICA DE HACER NEGOCIOS

Jordi Muñoz no ha registrado ninguno de sus trabajos porque considera que las patentes frenan el desarrollo de la tecnología; sin embargo, esto ha sido el éxito de su empresa. “Es un fenómeno extraño, pero funciona. Liberas algo gratuito y la sociedad te premia aportándote conocimiento”.

Este joven investigador ejerce bajo el sistema de “código abierto”, ya que todos sus trabajos de investigación están publicados en Internet para que las personas puedan tener acceso y utilizarlos, modificarlos o mejorarlos. Lo redituable es que, en agradecimiento por compartir sus investigaciones, los usuarios lo apoyan con los avances que logran. “La comunidad mundial me regala sus conocimientos -afirma Jordi-, y eso me permite ofrecer mis productos a un bajo costo.

“Una empresa tiene que invertir miles de dólares en un área de diseño con sueldos altos a ingenieros y trámites de patentes; me deshice de esa carga económica y la transferí en ahorro para mis productos. Por ejemplo, un minihelicóptero que tiene un costo en el mercado de 5,000 dólares, yo lo vendo en 200. De esta forma todos ganamos”.

POR ANDAR DE DESEMPLEADO

La historia de Jordi Muñoz como empresario inicia cuando viaja de Tijuana a la ciudad de México, donde busca ingresar al Instituto Politécnico Nacional para cursar la carrera de Ingeniería en Aeronáutica, esa institución era la única que impartía la especialidad.

Pero, a pesar de contar con excelentes calificaciones, es rechazado por esa casa de estudios y, al no tener con otra opción, regresa al norte del país.

Posteriormente, se casa con una ciudadana estadounidense y emigra a ese país.

Durante ocho meses, no pudo trabajar ni estudiar debido a que no contaba con su documento de residencia o Green Card (tarjeta verde). Jordi Muñoz aprovechó ese tiempo para desarrollar sus trabajos y, con el objetivo de compartirlos con otros aficionados, los subió a YouTube.

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