México está atrasado en bioseguridad
Se han tomado medidas para incrementar el número de laboratorios de seguridad nivel 3 y existe al menos uno de nivel 4 en construcción.
Elizabeth Ruiz Jaimes / El Economista
Feb 5, 2013 |
19:19
Foto: Reuters

Una sola mutación a un virus como el de la influenza humana o al de la gripe aviar podría poner en riesgo a la humanidad, porque la investigación puede caer en manos de bioterroristas o porque investigadores, sin laboratorios de alta seguridad, intenten una mutación y sufran un escape del virus, explicó el internista e infectólogo, Alejandro Ernesto Macías Hernández, entrevistado a raíz del acuerdo de la semana de continuar, en algunos países, con investigaciones en esta área.

Reconoció que pese al riesgo que existe en la mutación de virus “estamos entre dos fuegos”, pues sin duda la información que pueda obtenerse de las mutaciones inducidas (que se reanudaron la semana pasada en laboratorios de Europa pero aún no en Estados Unidos), serían de utilidad para el conocimiento del virus mismo y del desarrollo de vacunas o antivirales que podrían mitigar su diseminación.

El científico consideró que el país no tiene problemas de bioética, pero que los laboratorios de nivel 3 de bioseguridad son muy escasos, lo que hace difícil poder trabajar con seguridad patógenos como los de la influenza o la gripe aviar.

El especialista se dijo preocupado porque en el país tenemos un retraso en la bioseguridad en general, no sólo con virus de influenza, sino con patógenos comunes como bacterias que causan tuberculosis o brucelosis, por mencionar un ejemplo.

Enfermedades como éstas pueden afectar a trabajadores de laboratorios clínicos y de investigación. En lo que se refiere a virus de influenza, no existen grupos de trabajo con las condiciones ideales para trabajar con virus mutantes pues esto requiere laboratorios de bioseguridad BSL-3 (nivel 3) o incluso BSL-4 (nivel 4), que son muy escasos en el país, destacó.

Al respecto, la investigadora especialista en inmunología, María Cristina Rodríguez Padilla, dijo que en Monterrey se está instalando una cámara de nivel 4, pero no tiene todas las condiciones que requiere un laboratorio de este mismo nivel.

La científica explicó que la instalación de laboratorios de bioseguridad nivel 3 y 4 no se puede construir de la noche a la mañana, pues tienen medidas de contención muy especiales y desafortunadamente en México no existe el personal técnico para este tipo de tareas.

Rodríguez Padilla dijo que no fue la crisis de influenza humana del 2009 lo que hizo que se establecieran más laboratorios de bioseguridad, pues éstos ya se habían establecido como meta a seguir por parte del sector salud con el Plan Puebla-Panamá, y agregó que el gobierno mexicano ya está tomando medidas al respecto, para incrementar el número de laboratorios BSL-3.

“Es importante lo que la Secretaría de Salud está haciendo… (por ejemplo), está haciendo una red de laboratorios satélites para monitorear epidemiológicamente las cepas que se vayan presentando para, si se presenta una mutación, inmediatamente tomar medidas al respecto”.

En México, dice la investigadora, no se están haciendo mutaciones inducidas, pero sí se está buscando un tratamiento contra el virus.

MÉXICO Y LOS
LABORATORIOS BSL-3

Los laboratorios de bioseguridad (BSL-3) están ubicados en el InDRE, en la Unidad de Bioseguridad del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, en Veracruz, en el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, en la Universidad de Monterrey y en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Hasta el cierre de esta edición, no se encontró información de la existencia de laboratorios de nivel 4, sólo existe una cámara de este nivel que está en construcción en Monterrey.

En junio del 2012 se dio a conocer que el Departamento de Servicios de Salud Humana de Estados Unidos ratificó la participación y permanencia del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre) de México, como miembro de la Red de Laboratorios Nacionales de Respuesta, cuya misión es atender de manera oportuna las emergencias de salud pública.

La Red de Laboratorios Nacionales de Respuesta está conformada por el Departamento de Servicios de Salud Humana de Estados Unidos, equivalente a la Secretaría de Salud de México, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, el FBI y la Asociación de Laboratorios de Salud Pública.

México es el cuarto país en el mundo, además de Canadá, Australia y Reino Unido, en unirse al grupo, cuya misión es mantener y reforzar una red nacional e internacional de laboratorios que responda ante emergencias de salud pública, asociadas con actos de terrorismo químico y biológico o enfermedades emergentes por patógenos altamente virulentos.

Algunos países de Latinoamérica que cuentan con laboratorios de bioseguridad nivel 3 son: Argentina, Brasil, México y Panamá, los cuales están diseñados para el manejo seguro de agentes biológicos como Brusella, Virus de la Fiebre del Valle Rift, Encefalitis Equina Venezolana, Ántrax y Tularemia, tuberculosis e influenza.

¿Qué son los laboratorios de bioseguridad?

Según investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León, hasta finales del siglo XX se establecieron los lineamientos para la manipulación de patógenos peligrosos para el ser humano de una forma segura en instalaciones especializadas conocidas como Laboratorios de Bioseguridad Nivel 3 y 4.

Estos laboratorios se caracterizan por exigir prácticas microbiológicas, equipo y medidas de seguridad que permiten generar un medio ambiente seguro para el profesional del laboratorio.

En un laboratorio nivel 3 (BSL-3), además de prácticas, equipo y medidas adecuadas, se manejan agentes conocidos o no conocidos que potencialmente puedan transmitirse por aerosol o salpicaduras y que pueden causar una infección potencialmente letal.

Los de nivel 4 (BSL-4) involucran la manipulación de agentes exóticos peligrosos que representan un gran riesgo por causar enfermedades letales, que pueden transmitirse vía aerosol y para los cuales no haya vacuna ni terapia conocida.

Este tipo de laboratorios son aquellos en los que se manejan agentes patógenos considerados como potencialmente peligrosos por las posibilidades que existen del surgimiento de un subtipo pandémico o por haber dado origen a una epidemia o pandemia que no ha podido ser controlada (patógenos emergentes y reemergentes, respectivamente).

Además de participar en las diferentes estrategias de vigilancia epidemiológica nacionales e internacionales, los BSL-3 y BSL-4 representan un punto de apoyo importante en el caso de la lucha contra el bioterrorismo, dado que permitirían aislar y diagnosticar de forma rápida el agente biológico utilizado.

elizabeth.ruiz@eleconomista.mx

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