La obsesión de una mujer 
por capturar a Bin Laden
La película de Kathryn Bigelow está entre las nominadas al Oscar; aunque imperfecta, es una cinta bélica más que satisfactoria.
Concepción Moreno
 / El Economista
Feb 21, 2013 |
17:11
Foto: Especial


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A los estadounidenses se les puede criticar de hipócritas y de moralinos, pero no de cobardes. Propongo que aprendamos algo de ellos: su capacidad para enfrentar los hechos de su pasado reciente no en la sombra, ni en el pasillo de los rumores, sino a plena vista. ¿Qué es más visible para ellos (y para el mundo) que lo que produce Hollywood?

La administración de Obama ha hecho públicos, con el entusiasmo con el que se presume un éxito, los detalles de la búsqueda, captura y ejecución de Osama bin Laden. Y eso a pesar de la controversia que generó internacionalmente (no importa cómo se quiera aderezar: lo cierto es que la operación fue ilegal).

Sin embargo, poco se habla de los años de fracaso, de esos cuando Bin Laden parecía un ser tan inasible como un símbolo. Poco se reconoce de las acciones, nada heroicas, de los agentes secretos y militares encargados de esa búsqueda.

Digo que La noche más oscura de Kathryn Bigelow es una cinta valiente, aunque imperfecta. Es un cuento agrio, por momentos árido, de la misión Gerónimo, que acabó con Bin Laden y que al final deja al público decidir si una década de guerra valió la pena. Ésta no es una historia de héroes, sino de burócratas monotemáticos.

Bigelow ha enfrentado una campaña de descrédito por su retrato de los agentes de la CIA como seres adictos a la tortura. Por favor: ésta es la mujer que tan elocuentemente puso en escena la adicción a la guerra de un soldado estadounidense en The Hurt Locker. La tortura fue vital para el éxito de la misión. Es de celebrarse que la cinta no se ande con timideces al respecto y lo aseste como un hecho rotundo.

CON JESSICA CHASTAIN

Valiente e imperfecta. Empecemos por la imperfección. Es una película larga y no especialmente entretenida. La tensión se va perdiendo hacia el final.

Así como The Hurt Locker lanzó al entonces desconocido Jeremy Renner al infinito y más allá, La noche más oscura ha convertido a Jessica Chastain en la actriz que toda la industria cinematográfica desea y que los críticos adoran.

La nominación al Oscar era obvia.

Chastain es Maya, una valiente agente de la CIA que está segura de que Bin Laden se esconde no en algún lugar desconocido de Afganistán, sino a casi una milla de la más importante academia militar del vecino Pakistán. ¿Quién es usted? le pregunta el Director de la agencia cuando le presentan la hipótesis. “La hija de la chingada que descubrió el lugar, señor”, contesta Maya. Sólo le faltaría mascar tabaco y escupir para verse más agresiva.

Si bien es cierto que la actuación de Chastain merece todo los elogios, su personaje no es especialmente original ni complicado. Vamos, digamos que si Ellen Ripley, la heroína de Alien, fuera agente de la CIA, aquí estaríamos. La mayor parte de la gracia del personaje reside en que está interpretado por una mujer.

¿Lo mismo se podría decir de los elogios que recibe la directora Bigelow por ser una mujer que se atreve a hacer cintas de guerra? No. Una cinta como ésta la filmaría quien fuera.

GRANDES ACIERTOS

Hablemos entonces de los aciertos de La noche más oscura. Su puesta en escena es alucinante. El espectador se siente sumergido sin ninguna advertencia en una misión militar. La terminología críptica que los personajes usan parece muy real. La investigación de los hechos es periodística (a bordo está Mark Boal, guionista de The Hurt Locker y alguna vez periodista de investigación. Una nominación al Oscar merecida). No obstante, no hay mucha vuelta intelectual. La trama es lineal y muy clara: se trata de atrapar a Bin Laden, no de psicoanalizar a nadie.

La obsesión de Maya por atrapar a Bin Laden mantiene la trama interesante durante 90% de las más de dos horas y media de duración. A pesar de la tortura y de lo que se opine de las acciones de Estados Unidos, uno se encuentra definitivamente en el bando de Maya. Así es el buen cine de acción.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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