Dinero, cascajo e I Ching: llegó el Gallery Weekend
El recorrido incluye galerías con décadas de experiencia como OMR o espacios jóvenes como Le Laboratoire.
Concepción Moreno / El Economista
Sep 26, 2013 |
22:26
Foto: Cortesía
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Nada más entrar a la galería Le Laboratoire se topa con un billete enorme que ocupa la mitad de la pared. Es rojo, con una figura al centro que se ubica sí y no, un me suena pero no sé de dónde. Es un dios azteca que alguna vez estuvo en los billetes de 100 pesos.

Quién es no importa, todos sabemos su nombre: money, lana, baro, el dios dorado (o rojo o verde) que domina nuestras vidas.

El artista mexicano Enrique Rosas se preguntó qué había en un billete, el que sea. Hay, por supuesto, una obra gráfica que puede desintegrarse en líneas paralelas y círculos concéntricos; dibujos hijos de movimientos pendulares que dibujan los intrincados patrones que decoran el papel moneda.

Hoy no están, pero el día de la inauguración habrá una serie de péndulo haciendo dibujos en la sala. El vaivén de la naturaleza también está en el dinero. No es raro que el I Ching salga a colación mientras Rosas describe su obra. El I Ching: ese libro de aforismos crípticos que se usa para leer destinos y que, como todo lo oriental, parece tener la edad del mundo.

Pero hay más. Rosas considera que en el dinero, en su materialidad, hay una forma de inmaterialidad: la abstracción de una identidad. La identidad agrandada de los pueblos se refleja en su moneda. Ese gesto idiosincrático de retratar héroes y dioses nativos en la lana lleva a esta afirmación: a un pueblo se le conoce por su dinero.

Rosas propone el diseño de los billetes que mejor representen al mundo en que vivimos, transnacional y conectado hasta en las desgracias (y casi nunca en las victorias). En un billete válido por 1 Facebook (Rosas no da nombre a su divisa pero usa la f del logo de Facebook levemente alterada) aparecen los poderosos de hoy: Barack Obama cena con los 11 titanes de la industria tecnológica.

Es mejor el de 0 Facebook: dos olas se enfrentan, una es el mar, la otra, roja, es la energía nuclear. El evento es el tsunami japonés y la desgracia de la central nuclear de Fukushima. El billete vale cero porque, dice Rosas, todavía no hemos dimensionado lo que pasó en Japón ese día, ese choque de nivel cósmico entre la naturaleza y lo civilización. En cada obra, mensajes en código binario y sexagesimal. El 
I Ching como inspiración, las monedas y el péndulo se mueven para denominar el valor de nuestro futuro.

De estas reflexiones y de una deconstrucción paso a paso del dinero (como obra gráfica, símbolo, identidad y poder; como pasado y futuro) se trata Sell Your Money, exposición con la que Le Laboratoire se une al Gallery Weekend.

El Gallery Weekend incluye a 15 de las mejores galerías de la ciudad de México. Galerías con décadas de experiencia como OMR o espacios jóvenes como el propio Le Laboratoire.

Como sucede en Berlín desde hace más de una década, una costumbre que se ha esparcido por diversas ciudades del mundo, el Gallery Weekend llega con la intención de quedarse en nuestro calendario artístico.

Infografia

ADICCIÓN AL I CHING 
Y A LA DECONSTRUCCIÓN

Resulta que Enrique Rosas no es el único artista en el Gallery Weekend que se inspiró en el I Ching. En Arróniz, el mexicano Taka Fernández (80% de los artistas expuestos en el Gallery Weekend es mexicano) pinta cuadros brumosos en los que aparecen los ideogramas del libro oráculo.

Fernández quiere viajes por el Mississippi. En realidad no, pero ha construido una balsa de la que Huck Finn podría sentirse orgulloso. Sí flota. Como pieza de la exposición en Arróniz, esa gran balsa hecha con madera de desecho, barriles de plástico, llantas, coronada por un restirador y una silla. O sea que la idea es ir pintando mientras se navega.

Los temas comunes surgen a la tercera o cuarta galería. La deconstrucción está presente en Le Laboratoire, Arróniz (Taka trata de descifrar qué hace arte al arte, si el objeto o la mano del artista. Eso debe contar como deconstrucción, creo) y en OMR.

La veterana OMR está devastada. Un terremoto o alguien muy enojado con un martillo actuaron a sus anchas. Un muro lleno de hoyos, polvo en el suelo, cascajo por doquier.

Todo se trata de una intervención. La obra de Pablo Rasgado es el espacio de la propia galería. Su exposición Ojo por diente examina el proceso de creación de final a principio. Lo hace una manera tan bella y tan cuidadosa, a pesar del cascajo y el martillo, que principio y fin se vuelven uno. Lo que importa es el proceso.

Con el polvo de las paredes de OMR, Rasgado crea figuras de lodo: pirámides, manos, pies. Poco van perdiendo consistencia y la forma. Se vuelven polvo: un sucedáneo del polvo primordial.

Hay crítica política, como en las alcancías de cochinito con el rostro de Agustín Carstens en la galería Altiplano; Ryan Brown se burla de los usos y formalismos de los museos en El52 y en Proyectos Monclova hay una esculturas hechas con jeans viejos y cemento, obra de Marie Lund.

Todo muy divertido pero un tanto… frío, quizá. Vacío. Como si los autores se escondieran detrás de la ironía. Es un problema del arte contemporáneo y por supuesto en el recorrido por las galerías mexicanas se encuentra.

Estamos en sintonía con el mundo, pues.

La experiencia personal, entrañable y difícilmente traducida, aparece donde no lo esperaba: Kurimanzutto. El vietnamita-danés Danh Vo con su Log Dog esconde pedazos de su historia íntima en su arte. En un montón de leños, si se ve con cuidado, se pueden ver las piernas de un crucificado: es el testimonio del catolicismo del padre de Vo.

Unas cajas de cerveza mexicana trabajadas con hoja de oro (de tal forma que parecen gritar: ¡Sol! ¡Victoria! ¡Corona!) son testimonio de la observación que el artista hace de nuestro país, un lugar donde hasta las cervezas hablan de imperialismo y colonización.

Aunque Vo se niega a dar mayor explicación de su obra, la sensación es de entendimiento. Un código eterno y milenario hay entre la obra y quien la mira interrogante. Como con el I Ching.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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