A celebrar a la tierra, pero sin mayúscula
La publicación del Centro Común de Investigación espera generar conciencia sobre la importancia que tiene la conservación de los suelos.
Manuel Lino / El Economista
Abr 27, 2014 |
22:06
María y la cosecha de maíz de las comunidad indígena Kari’ña de El Guamo, Venezuela. Foto: Cortesía
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El pasado 22 de abril se celebró el Día Mundial de la Tierra, situación que se aprovecha internacionalmente para recordar la gran importancia de lo que está sobre la tierra, sin mayúscula, pero, paradójicamente, casi nada se dice de lo que está debajo de ella.

Con el énfasis que se ha hecho en épocas recientes sobre la gravedad del cambio climático, poca atención se ha puesto en el suelo, no sólo en el que pisamos sino del que dependen todos nuestros cultivos y el resto de la biodiversidad del planeta; es decir, una parte fundamental de nuestro capital natural

Así, “con el fin de aumentar la concienciación sobre la importancia del suelo, parte esencial del capital natural, y para comprender mejor el impacto del cambio climático en el mismo”, el Centro Común de Investigación (JRC, por su sigla en inglés) de la Unión Europea se ha dado a la tarea de hacer Atlas de Suelos de las diversas regiones del mundo. Ya se hicieron el de Europa y el de África y el de Latinoamérica y el Caribe, hecho en una amplia colaboración entre edafólogos de la UE, EU y, por supuesto, muchos de la región.

Uno de los primeros datos que se destaca en el Atlas de la región es que los suelos naturalmente fértiles para la agricultura son apenas el 10% del territorio (están sobre todo en las pampas argentinas). Aún así , el potencial agrícola de Latino América y el Caribe es alto, de 576 millones de hectáreas, pero 45% de estas tierras en América del Sur y 74% en Mesoamérica están afectadas por procesos de degradación.

Esta degradación está relacionada, sobre todo, con el cambio climático y la llamada presión antrópica.

CON LOS PIES EN LA TIERRA

En entrevista realizada en la reunión del 2014 de la Academia Americana para el Avance de la Ciencia en Chicago, el italiano Luca Montanarella y el boliviano Ronald Vargas, un par de los muchos creadores y editores de la obra, comentan que la mayor parte de la gente, con la creciente urbanización, ha perdido contacto con la servicios vitales que prestan los suelos.

Como resultado de esto la protección de los suelos no suele verse como una prioridad en las políticas públicas.

Para la Sociedad Latinoamericana de Ciencias del Suelo (SLCS), según se lee en el prefacio del Atlas, “Latinoamérica enfrenta actualmente muchos y graves problemas, de entre los que destacan la conservación de sus recursos no renovables e indispensables en la producción de alimentos y lograr una producción que permita garantizar el abastecimiento de nuestras poblaciones y sus requerimientos nutricionales —es decir, la vida misma”.

Y en su opinión, las posibles vías de solución de estos problemas “involucran directamente al suelo y lo convierten en un recurso natural imprescindible de preservar”.

Sin embargo, mencionan que “a pesar de la gran importancia de este recurso para el desarrollo de la vida en La Tierra, existe una falta de conocimiento generalizada de la ciudadanía, tanto en lo referente a los recursos naturales que Latinoamérica posee, como acerca del valor de los mismos”.

El conocimiento por parte de la ciudadanía les parece fundamental porque “los gobiernos no desconocen el valor real del recurso suelo para la vida, sino que anteponen sus intereses personales, políticos y económicos a los de la sociedad. Es por ello que la solución está en la información y la educación que el día de hoy se ofrezca a la ciudadanía, ya que sólo a través del conocimiento, la conciencia, la gestión y la exigencia por parte de los ciudadanos a su gobiernos para emprender y ser parte de toda acción necesaria para preservar el suelo y prevenir su degradación, será garantía de su conservación”.

REBASAR LOS LINDEROS

Con la elaboración del Atlas, que se distribuirá sobre todo en escuelas preparatorias y universidades, surgieron muchos otros proyectos de investigación, comentan Montanarella y Vargas.

Los primeros y más evidentes se generaron cuando las fronteras políticas entre dos países “cambiaron” la composición del suelo a uno y otro lado de la imaginaria línea divisoria. Buscar la concordancia natural de estos datos se ha vuelto una prioridad y ha decantado varios proyectos internacionales.

Otro proyecto que destacan los investigadores es la próxima elaboración de otro grupo de Atlas, pero éstos sobre la biodiversidad que se encuentra bajo los suelos, “que es amplísima, muy importante y en su mayor parte desconocida”, comentó Montanarella.

UN CASO PARA CHAPINGO

En la primavera de 1908 fue asesinada Margarethe Filbert en una población de Bavaria, y su asesino fue capturado poco después. Fue el primer caso resuelto usando la geología forense.

El químico Georg Popp analizó la tierra acumulada en los zapatos del sospechoso del asesinato de la señora Filbert y encontró evidencia (fragmentos de ladrillo, polvo de carbón y cemento) de que había estado donde fue encontrada la víctima y no en el campo de cultivo donde él decía haber estado trabajando (que hubiera dejado porfirita, cuarzo y mica).

Ahora, podemos ver casi todos los días casos similares en CSI… Pero si un investigador policial mexicano necesitara saber sobre suelos para resolver un caso, ¿a dónde tendría que ir a preguntar?

Para el JRC no hay duda, cualquiera que quiera saber sobre los suelos de este país tendría que ir a la Universidad de Chapingo o al INEGI, instituciones que fueron de gran ayuda para los autores del Atlas de suelos de América Latina y el Caribe.

En la elaboración del Atlas, cuenta el boliviano Ronald Vargas, México destacó por su amplio conocimiento y porque buena parte de los edafólogos de América Latina se formaron en Chapingo.

manuel.lino@eleconomista.mx

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