Desarrollo o conservación, 
una falsa dicotomía
El tema de este año Islas y su Biodiversidad, se llevará a cabo del 14 a 25 de mayo.
Manuel Lino / El Economista
May 7, 2014 |
22:48
La Isla Contoy se considera una “isla ecológica”. Foto Cortesía Conabio
compartir

El tener que escoger entre desarrollo o conservación “es una falsa dicotomía”, comenta Valeria Sousa, una de las principales responsables de uno de los casos más fascinantes de conservación que se hayan dado en México. A fin de cuentas, agrega la Dra. Sousa, “la naturaleza no está a nuestro servicio, somos parte de ella”.

La investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM formó parte del panel de presentación de la 4a Semana de la Diversidad Biológica, que este año, con el tema Islas y su Biodiversidad, se llevará a cabo del 14 a 25 de mayo en hasta ahora 21 estados de la República y en la Biblioteca Vasconcelos, en el caso del Distrito Federal.

Por su parte, Carlos Galindo Leal, director de comunicación de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), organizadora del encuentro, comentó que la principal herramienta de la conservación es el conocimiento social. Si la gente sabe...

La idea es que ese conocimiento no sea nada más científico, sino también emocional, por lo que se incluyen actividades artísticas en el programa.

MÉXICO, RICO EN ISLAS
(NATURALES Y ECOLÓGICAS)

Su aislamiento hace a las islas ecosistemas excepcionales, tanto en la diversidad de sus seres vivos como en su fragilidad.

No es en balde que a Darwin se le haya ocurrido en unas islas, las Galápagos, que la evolución de los seres vivos funciona a través de la selección natural, pues son hábitats extremos y generan sus propias especies, distintas a las continentales; pero al mismo tiempo muy frágiles. “En el mundo, 70% de las extinciones ha ocurrido en islas”, informa Galindo.

El estudio de las islas es una rama fundamental de la Ecología. Galindo comentó sobre una de las teorías más importantes: “Cuando se hizo el canal de Panamá, se inundó toda la zona y hubo una montaña que quedó como una isla, Barro Colorado, que es uno de los sitios más estudiados del mundo en su diversidad biológica. Y a pesar de que se hizo una protección muy estricta de la zona, empezó a perder y a perder especies”, lo que reveló a los investigadores que no era sólo cuestión de proteger un sitio. “No pueden ser ‘islas en un mar agrícola o un mar urbano’, no pueden quedar aisladas”, agregó.

Es por eso que para esta celebración de la Semana se amplió la definición de islas para incluir a las “islas ecológicas”; es decir, sitios únicos rodeados de ecosistemas distintos que se dan en México de manera sorprendente. Tenemos la cadena de volcanes entre Nayarit y Veracruz, el Eje Neovolcánico Transversal, y cada una de las puntas de esos volcanes son “islas ecológicas” con fauna única.

En esta categoría también entran muchos lagos: los volcánicos como Alchichica (Puebla) y Zempoala (Morelos), o aislados como Cuatro Ciénegas (Coahuila); y también algunos ecosistemas del fondo del mar y los cenotes de la península de Yucatán.

México tiene nada menos que 1,360 y a las que, en general, se conoce muy poco. Esto hace que casi la mitad de las especies biológicas en México sean endémicas, lo que implica una gran riqueza y al mismo tiempo una gran fragilidad.

CAPITAL NATURAL
Y OTROS VALORES

“Le tuvimos que poner Capital Natural para que vinieran los reporteros de El Economista”, comentó divertido Carlos Galindo cuando este reportero le hizo notar que este concepto, creado más bien para convencer de la importancia de la conservación a líderes con poder político y económico, no parece aplicarse a las islas, cuya biodiversidad es exclusiva y útil sólo para el propio ecosistema.

“Hay muchos tipos de valores. Están el valor espiritual, el afectivo, el estético, los que más me gustan; luego están el ecológico y el económico.

“Pero si queremos saber cómo los seres vivos nos sirven a los seres humanos, el último ejemplo es el lagarto de Chakira, una de las dos especies de lagartos venenosos del planeta. Está en Cuernavaca, y hace poco se encontró que en su veneno (sólo te muerde si le pones el dedo en la boca, porque es muy lento) hay una sustancia que se está utilizando para la diabetes. Espero que le cambiemos de capital natural a simplemente naturaleza.

“Está la frase trillada de que si no conoces algo no lo valoras ni lo respetas ni lo amas, así que el primer paso (para la conservación) es conocer”. Pero “cómo hacer que la sociedad conozca y valore la biodiversidad es lo que estamos haciendo en esta Semana y en el trabajo de la Conabio”.

Y la sociedad, asegura, está conociendo, se está moviendo para conservar su riqueza natural.

CUATRO CIÉNEGAS, ISLA DE ESPERANZA

La “isla ecológica” Cuatro Ciénegas, Coahuila, tiene desde el espacio la forma de una mariposa y se ve completamente vacía.

En 1999 la NASA “me dijo: éste es el lugar con menos fósforo en el planeta”, comenta Valeria Souza.

“¿Qué significa no tener fósforo? —explica la investigadora— No es sólo lo que forma nuestros huesos junto con el calcio, es toda la energía en la célula, en la forma de ATP y la herencia, porque es parte constitutiva del ADN y ARN. Si no hay fósforo no hay vida, punto y se acabó”.

Son “islas” de agua azul transparente en la mitad de un desierto sin uno de los nutrientes principales. No parece haber vida, dice Sousa, pero “después de 15 años de estudiarlo podemos decir que es el lugar más diverso de México y algunos de esos organismos llevan ahí desde el principio de la vida; sus descendientes reciclando los mismos átomos, así que “es también una máquina del tiempo que nos lleva al Arqueano y al Precámbrico”. Los estromatolitos (similares a los primeros vestigios de vida) que se encuentran en Cuatro Ciénegas “son los descendientes directos de los microbios que transformaron un planeta naranja en el azul que es el actualmente”.

Hasta hace unos tres años, estas peculiares islas ecológicas y sus habitantes estaban en extremo peligro de extinción, pero gracias a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, y a Conagua, se cerró una compuerta que llevaba 60 años drenando el corazón del valle y un río muerto renació, se recargaron los acuíferos y las lagunas renacieron; al igual que los microbios que les dan de comer a los demás”, comentó.

Se logró también con la colaboración de empresas como Lala, que usaba el agua para riego, y la concientización de la población local (sobre todo los niños) sobre la riqueza de la zona.

Para Souza, Cuatro Ciénegas “es otra isla, un grito de esperanza único, pero que se puede volver un archipiélago y un continente. Podemos salvar al mundo si nos aplicamos y hacemos la tarea”.

Comenta que además en Cuatro Ciénegas, el valle de Chulince (el más amenazado y el más importante), es el primer lugar del mundo donde se está haciendo un “inventario total” con marcas de ADN. “Con financiamiento de la Fundación Carlos Slim estamos contando desde los coyotes hasta los virus”.

Y hacen esto porque “mucha de la biodiversidad, que no vemos porque está bajo tierra o bajo el agua o es muy chiquita, es esencial para el reciclaje de nutrientes”.

manuel.lino@eleconomista.mx

0 Comentarios
Comentarios
Periódico El Economista es una empresa de