Revelan características conductuales de las urbes
¿Ciudades inteligentes?
Las crisis económicas no solo afectan a los individuos perjudicados directamente, sino a todo el comportamiento a nivel colectivo.
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Saber lo que hará en los próximos años cada habitante de una ciudad, con sus propias motivaciones y sentimientos, es una tarea prácticamente imposible; pero si se analizan todas las decisiones particulares en su conjunto aparecen unos patrones demográficos o “coherencia colectiva” que se puede predecir.

Así lo refleja el estudio que científicos de España y Argentina publican en el Journal of The Royal Society Interface. El equipo ha desarrollado algoritmos que desvelan cómo lo que pasa en un determinado momento en una ciudad a nivel demográfico depende de lo que sucedió en los años anteriores, así como de la presencia de otras grandes urbes cerca.

“Podemos decir que los sistemas urbanos tienen una inercia o memoria de su pasado”, explica el autor principal, Alberto Hernando, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza). “Puede sonar obvio, pero esto implica que una decisión tan personal como mudarte de casa o emigrar también depende de cuánta gente hizo lo mismo el año pasado de forma independiente, ¡gente que en realidad nunca has conocido!”.

Los investigadores han aplicado sus algoritmos a las ciudades de España y Estados Unidos. Los resultados muestran que las ciudades españolas de más de 10,000 habitantes tienen una memoria media de 15 años. La cantidad de gente que en un año particular se ha mudado a otra ciudad presenta una correlación muy alta con la que lo hizo el anterior, pero esa correlación va decayendo según se retrocede en el tiempo y, tras 15 años, la correlación ha bajado a la mitad.

Guerras y crisis quedan 
en la memoria

La memoria de las ciudades de Estados Unidos alcanza los 25 años, según los algoritmos. Además, se ha comprobado que sucesos como su guerra civil o la crisis del 29 han modelado esa memoria, generando una especie de “amnesia postraumática”.

“Las crisis económicas no sólo afectan a los individuos perjudicados directamente por la crisis, sino a todo el comportamiento a nivel colectivo”, explicaAlberto Hernando.

El otro resultado de la investigación es que el crecimiento de una ciudad también está determinado por la forma en que se desarrollan las vecinas y la distancia de influencia varía según el país. La distancia de interacción es de 80 km en las españolas y 200 en las de Estados Unidos.

“Las ciudades no son objetos individuales, forman parte de una red más global y su futuro está ligado al de su entorno”, refiere el investigador. “Significa que para hacer proyecciones del futuro de una ciudad en particular necesitas conocer también lo qué pasará con las vecinas”.

Hernando destaca que desarrollar la teoría matemática que englobe las inercias e influencias en las ciudades será “importante para la toma de decisiones a nivel territorial, por ejemplo, para advertir de las consecuencias de una decisión tomada a corto plazo por razones electorales o económicas, ya que las consecuencias perdurarán durante varias décadas”.

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