El Convite: Casa de la síncopa y la buena bohemia
Una historia familiar, un barrio y jazz. Eso y más es El Convite.
Los hermanos Alberto, Edgardo y Celina Aguilar en su restaurante, con 20 años de tradición. Foto EE: G. Marquina
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“En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido”. Una frase que se le atribuye a Séneca y que sin duda tiene un grado de verdad dependiendo la experiencia individual de tomar o no esa ruta. En el caso del restaurant El Convite —que nació bajo la estela de las secuelas que dejó el llamado error de diciembre a una nación herida económicamente— lo fue, según me contó Alberto Aguilar, quien junto a sus hermanos Celina y Edgardo abrió este espacio, referente del jazz en la Ciudad de México.

La historia

Una decisión valiente tomada hace exactamente 20 años por los Aguilar y su mamá, Laura, los llevó a abrir una fonda como manera de subsistir, tras una separación conyugal.

Para Alberto, la determinación de ese negocio en particular originó principalmente una dinámica en su nuevo y reducido núcleo familiar, en la que él, su madre y sus cuatro hermanos ocupaban la hora de la comida como espacio de cohesión para compartir sus aconteceres, pesares, y alegrías del día a día. Nada fuera de lo ordinario para cualquier familia que privilegie la unión y santifique la merienda. Sin embargo, en la casa de los Aguilar no era tan simple: cada uno sería el encargado de cocinar para el resto por una semana.

La alternancia en el cargo de chef, además, venía con un presupuesto limitado y una regla: no carne asada; un platillo demasiado ingenuo y elemental que no fomenta el apego a la comida y las tradiciones, reveló Alberto. La apretada economía y tal mandamiento estimularon la creatividad culinaria de los Aguilar, la cual, a la fecha, es evidente, junto con su preparación profesional artística y gusto por la bohemia.

El nacimiento de El Convite fue, si bien una necesidad, también una combinación de los intereses de los hermanos Aguilar, quienes se especializaron en actividades particulares dentro de la operación del incipiente restaurante: Alberto, por su gusto en la preparación de los alimentos, se enfocó en la cocina; Celina, en la curaduría y administración, y Edgardo, en las relaciones públicas y maridajes.

El barrio, 
personalidad aparte

No es secreto que el groove culinario de la Ciudad de México encuentra su mayor dinamismo en el circuito Roma-Condesa-Polanco; estructura funcional limitada a una fórmula: un cuatro cuartos, un intro-verso-coro. Pero como la síncopa, El Convite desplaza el acento y traslada a la colonia Portales —barrio popular más conocido por su mercado y el reciente boom inmobiliario— un foro de expresión jazzística de primer nivel.

La decisión de arraigarse en la Portales devino, relata Alberto, del afán y necesidad de encontrar un local con los debidos permisos para establecerse enteramente en la legalidad. Basta con recordar que en el México debilitado por la crisis económica, levantar un negocio no era tarea sencilla, y mucho menos en un barrio que hace 20 años parecía olvidado, relegado de la Del Valle y Coyoacán. Para los Aguilar no había margen de error.

Al final, su decisión rindió frutos al convertirse en el único restaurante con una propuesta diferente en una colonia en la que residía una gran número de músicos, artistas y la comunidad intelectual y académica de la ciudad.

SI no la catedral del jazz,
 sí su santuario

La transformación de una fonda a uno de los escenarios predilectos para la crema y nata del jazz chilango se originó en los antecedentes artísticos de los Aguilar, así como en su gusto musical.

Desde el inicio, narró Alberto, sabían que querían algo diferente; no estaban seguros de que el jazz en vivo sería la vía, pero tenían el ímpetu por destacarse. En su génesis, El Convite fue también una galería para obras plásticas (la preparación académica de Alberto es de diseño gráfico) y un escenario para microteatro y performance (Celina estudió artes escénicas). No obstante, no fue sino hasta su primer aniversario que la música impregnó las paredes de El Convite, para no irse nunca más.

De entonces hasta hoy, lumbreras del jazz nacional como Héctor Infanzón, Iraida Noriega, Aarón Cruz, Dannah Garay y Alex Mercado han sido residentes comunes en este santuario de la improvisación, los estándares y el swing. De la misma manera, grandes promesas internacionales como Osmany Paredes, D’Juvens Colas & Charles Jean David, Carolina Camacho, Rotem Sivan, entre muchos más, han compartido sus propuestas con los comensales de El Convite.

Con una decoración sencilla, una cocina pulcra y a la vista, El Convite tiene una atmósfera afable, que se complementa de manera perfecta con la calidez y fraternidad de los hermanos Aguilar, además de una cava de vinos y cervezas artesanales nacionales. El jazz es la esencia que mantiene todo unido y hace de este espacio un absoluto necesario para los amantes de la buena música y la bohemia.

“Al final, el negocio no estaba en la comida, sino en cómo se sentía la gente”, me dijo Celina. Los comensales se van felices de El Convite. Estoy seguro de ello.

Mi experiencia gastronómica en El Convite fue, por la cruel tiranía del tiempo, inconclusa e inadecuada. No pude probar con la tranquilidad requerida las propuestas de Alberto, Celina y Edgardo y lo que probé, estoy seguro, pudo haber sido mejor. Me quedo con ganas de volver y sumergirme de lleno en la experiencia completa.

El Convite

Ajusco 79 Bis

Portales

Teléfono: 56014052

jorge.camarena@eleconomista.mx
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