NUESTRA NATURALEZA SE BENEFICIA DEL DESARROLLO SUSTENTABLE
Mayakoba, ejemplo 
de sustentabilidad
¿Existe algún ejemplo de desarrollo turístico sustentable y de gran escala en México?, preguntamos a biólogos y ecólogos especialistas en humedales y manglares. La respuesta fue siempre la misma: Mayakoba.
Laura Vargas-Parada
Feb 29, 2016 |
0:06
El complejo turístico no afecta a la naturaleza. Foto: Cortesía
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Quinta y última parte

El Desarrollo Turístico Mayakoba, ubicado en la Riviera Maya en el Caribe mexicano, pertenece al grupo Obrascón Huarte Lain (OHL) y es reconocido como un modelo de desarrollo sustentable por organizaciones como el Rainforest Alliance, la Iniciativa de Turismo del Arrecife Mesoamericano (MARTI, por su sigla en inglés) y la Organización Mundial de Turismo de las Naciones Unidas.

“Para alcanzar la sustentabilidad es necesario integrar el conocimiento científico a los aspectos sociales, económicos y legales ligados al desarrollo,” explican los editores del libro Ecological Dimensions for Sustainable Socio Economic Development, publicado por la editorial WIT Press.

Uno de los capítulos de ese libro se dedica a describir el modelo de Mayakoba.

De acuerdo con ese texto, Mayakoba tiene una extensión de 650 hectáreas divididas en dos zonas turísticas (I y II) y se ubica en un área geográfica conocida como Sistema Ambiental Punta Bete-Punta Maroma: una zona con ecosistemas de gran valor ecológico y un balance muy frágil: arrecifes de coral, dunas costeras, humedales de manglar y selva tropical.

Con una inversión total estimada en 2,050 millones de dólares, hasta el momento se ha invertido poco más de la mitad para desarrollar la primera etapa del complejo turístico (la zona I). En el proyecto participaron investigadores de varios países, incluyendo 12 centros de investigación mexicanos, tres centros de investigación estadounidenses y compañías de consultoría ambiental especializadas en medio ambiente, planeación urbana y turística, legislación, diseño arquitectónico y procesos de construcción.

Entre estas últimas, Consultores en Gestión Política y Planificación Ambiental SC (GPPA), una empresa conformada por científicos mexicanos, tuvo a su cargo el estudio de caracterización ecológica (a nivel biológico, geológico e hidrológico).

Dos preguntas resultaron críticas para la consultora mexicana: ¿cómo utilizar los ecosistemas sin que pierdan su estructura y funciones básicas?, ¿cómo utilizar los bienes y servicios ambientales no sólo para preservarlos sino para mejorarlos?

El proceso para desarrollar la zona I tomó siete años, cuatro de ellos dedicados a lograr un diseño arquitectónico enfocado en la conservación y mejora de los ecosistemas. “Se trata de lograr que la obtención de beneficios económicos y las actividades de la sociedad sean compatibles con la preservación de los ecosistemas”, explica el maestro en ciencias y socio de GPPA, José Luis Rojas Galavíz.

Una pregunta clave que se hicieron los consultores en 1994 fue ¿cuál debe ser la metodología a seguir para que un desarrollo sea sustentable? “¡No había! Ese fue uno de los grandes retos que nos movió a mis socios y a mí para participar en el proyecto. Sobre la marcha la fuimos construyendo y hoy es base de nuestra empresa”, cuenta Rojas, uno de los autores del capítulo sobre Mayakoba.

Un problema de modelo

Rojas y sus socios realizaron un análisis de los modelos turísticos tomando como base la calidad ambiental.

Identificaron cuatro tipos. Los modelos sostenibles que comprenden desde la protección estricta del ecosistema (como en las áreas naturales protegidas) a aquellos que preservan, restauran o mejoran el entorno de alguna forma, y los modelos no sostenibles que llevan eventualmente al daño, la pérdida grave o total del ecosistema.

Así, tenemos al ecoturismo de aventura (con una densidad mínima y una rentabilidad estimada baja); turismo ecosensible ecológico (con densidad media o baja, muy alta calidad y rentabilidad limitada); ecocosmético —en el que se promueven acciones puntuales, por ejemplo, un lavado menos frecuente de toallas y sábanas y se usan productos biodegradables — (con alta densidad y calidad y rentabilidad variable), y los masivos de alto impacto (con densidad muy alta y rentabilidad alta y estable, como los llamados all inclusive).

Dado que el modelo masivo de alto impacto era ecológicamente inviable, “había que encontrar un modelo innovador pero rentable, un concepto que denominamos lujo natural”, explica Rojas.

Los consultores tenían experiencia previa en el área, habiendo colaborado en el programa de ordenamiento ecológico del corredor Cancún-Tulum. Decidieron trabajar en un tipo de desarrollo con densidad media y muy alta calidad ambiental. En opinión del consultor, todavía hay mucho que puede hacerse para desarrollar modelos más conservacionistas que pudieran utilizarse en beneficio de las áreas naturales protegidas.

Todo al revés

El primer problema para desarrollar una metodología de trabajo fue la secuencia de análisis prevista en la guía disponible para elaborar la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) —un instrumento que evalúa el efecto que una obra o actividad podría tener “sobre el ambiente y la salud humana”.

“Primero, hay que presentar el proyecto y luego determinar si eso tiene relación con alguna ley. Luego sigue la descripción ambiental y finalmente haces la evaluación de impacto”, dice Rojas. “Nosotros decidimos cambiar la estrategia. Primero revisar la legalidad de acuerdo con la legislación aplicable. Luego caracterizar el sistema ambiental de la región y del predio, esto permite describir cuáles son los procesos ecosistémicos del sitio y el uso viable posible. Y entonces, sólo entonces, pones el proyecto. Y de ahí se tiene que ir ajustando hasta llegar a un plan maestro final”.

Los consultores encontraron otro problema: la caracterización ecológica y la congruencia jurídica se tendrían que dar a nivel de la unidad natural, esto es, del ecosistema mismo. Sin una caracterización previa del sistema ambiental no es posible entender todos los procesos que ocurren en una zona. En un mapa de ordenamiento, como los que utiliza la autoridad regularmente para tomar las decisiones, no es posible ver dónde comienza una selva inundable, dónde termina o cómo se dan los flujos hidrológicos.

¿Qué nos falta?, le preguntamos a Rojas. “Falta evaluación ambiental estratégica. Una planificación integral por regiones y ecosistemas, donde participen los tres niveles (país, Federación, estados y municipios). Eso sería la base, luego vendrían los procedimientos de evaluación de impacto ambiental (la MIA) y los proyectos. Habría entonces planes y programas nacionales de sustentabilidad, estrategias de desarrollo sectorial y regional, desarrollo local sostenible, tendrías políticas de conservación, ordenamientos y diseños de proyecto”.

Para la caracterización ecológica del sistema ambiental en Mayakoba se utilizó fotografía aérea georreferenciada y verificación en campo, lo que permitió hacer una evaluación ambiental más completa que no sólo revisó la geografía, sino también evaluó las condiciones biológicas e hidrogeológicas del sitio.

Turismo de valor

El resultado fue una propuesta única que cambió el “concepto vista al mar. El 90% de la estructura hotelera se ubicó a más de 600 metros de la playa, lo que permitió preservar los ecosistemas de duna y manglar.

—¿Fue difícil convencer a los inversionistas de dejar atrás la vista al mar?

Muy difícil. Querían litoral. Además, un punto crítico es que fluía mucha agua por debajo del predio, pero el manglar no estaba bien. De forma natural había quedado en una cuenca ya sin salida al mar, lo que aumenta la salinidad y la cantidad de nutrientes. Y esa fue nuestra entrada. Revisamos cómo el clima, la geología, la dinámica marina y la geomorfología crean los ecosistemas. Estos factores explican por qué hay una selva media y baja en la parte alta del terreno, luego una cuenca paralela al mar donde está el manglar, luego la duna, la laguna arrecifal y cómo todo funciona como un engranaje. La única forma de preservar los ecosistemas y ser sustentables era dejar las construcciones mayores detrás del manglar y en la playa sólo construcciones menores y ligeras. Eso generaba otro problema: cómo pasar al mar. Ahí, junto con otros expertos, se generó la idea de usar el conocimiento de la hidrogeología natural para construir canales de agua que dieran acceso al mar y restablecieran el flujo de agua. Esos mismos canales llevaron el litoral tierra adentro. A cambio de no usar intensivamente el litoral marino, creamos una cantidad increíble de litoral interior con un sistema de canales que funciona de manera natural.

Apoyados en hipótesis científicas innovadoras, basadas en un estudio muy detallado de la superficie y de la hidrología subterránea, y simulaciones con modelos matemáticos, se construyó un sistema artificial de canales de 13 km de longitud cubriendo una superficie de 26 hectáreas.

—Entonces, cambiando paradigmas,
¿fue el desarrollo turístico el que 
ayudó a recuperar el manglar?

Así fue. A los engranes naturales les agregamos los engranes artificiales de los nuevos canales, del hotel, del club de golf. Así todo funciona de manera integrada: el desarrollo pasa a formar parte del ecosistema, pero también depende de él. No puedes contaminar, no se puede nadar en los canales, ni pescar. Para transportarse se camina, se usan lanchas y carritos eléctricos.

—Pero poner un club de golf, 
¿no es una barbaridad?

Se puede cuando hay las condiciones propicias. Fíjate dónde estamos situados. Al final de un río que nadie usa y toda esa agua sale al mar de forma subterránea. Lo único que hicimos es hacer canales para dejar ver el agua, le dimos pendiente para permitir un flujo continuo. La franja del manglar con un sistema de canales alrededor tuvo un sentido ecológico primero y luego un sentido de transporte y de ventilación. Porque si pido que pongan las construcciones atrás tengo que pensar en que haya viento, porque si no, es insoportable el calor.

—¿Cómo resuelven el problema de los mosquitos?

Las cuatro pistas del campo de golf y cuatro canales están orientados para formar un túnel de viento natural que ayuda a eliminar en gran medida el problema de los mosquitos y reduce la temperatura al interior del manglar. Además, al restaurar el flujo de agua se repobló al manglar con una cantidad de peces impresionante: los peces son consumidores de insectos. Sigue habiendo algunos mosquitos pero, de hecho, se fumiga muy poco en Mayakoba.

—Mayakoba resultó de lo que se ha aprendido sobre las funciones del ecosistema y de la aplicación del 
conocimiento científico.

Aun así, fue una intervención muy complicada. Teníamos un ordenamiento que permitía eliminar 50% de la vegetación natural de cualquier tipo. ¿Te imaginas lo que fue luchar para decir ‘esto no se toca’? Al final, sólo quitamos manglar para las pistas y para los canales, pero recuperamos al manglar y sus funciones en su conjunto.

—Un problema para promover este 
tipo de proyectos son los costos.

En aquella época, el conocimiento científico era mucho menor y las herramientas tecnológicas, muy básicas. Teníamos imágenes de satélite de cinco metros de resolución. Hoy tenemos una precisión de 15 cm y pueden construirse modelos digitales de elevación del terreno en muy corto tiempo.

Visión a largo plazo

Los resultados de este gran esfuerzo, publicados en el “Informe anual de cumplimiento de términos y condicionantes ambientales: Desarrollo Turístico Mayakoba”, el último del 2015, son motivo de orgullo.

Al inicio del proyecto, 25% de los mangles estaba muerto; para el 2007, sólo 2.5 por ciento. Y de acuerdo con el sitio de OHL Desarrollos, su talla se incrementó de 2.5-3 metros hasta 12 metros en los ejemplares ubicados al borde del sistema de canales.

Además, las mejoras al ecosistema han convertido a Mayakoba en un santuario para cientos de especies, muchas de ellas, identificadas como en riesgo. El sistema de canales permitió la creación de un ecosistema estuarino que ha servido para la alimentación, refugio y descanso de casi 600 especies de aves, peces, reptiles, crustáceos y moluscos que usan el manglar, la selva baja, la duna/playa y los canales como hábitat.

Mayakoba se ha convertido en un sitio para la observación de aves. Invitamos al lector a disfrutar de esta maravilla natural a través de las fotografías de James Batt (https://www.flickr.com/people/jamesbatt/), quien ha registrado magistralmente la gran biodiversidad de aves en la zona. Actualmente, fotógrafos de National Geographic imparten cursos. “Ves a los fotógrafos acercarse en las lanchas eléctricas a cinco metros de las aves y las aves ni se inmutan. Están tranquilas, no hay ruido, hay comida, nadie les molesta excepto algún cocodrilos,” dice Rojas. “Es un lugar único en el mundo”.

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