gender summit 8
Cumbre de género, tras la ciencia sin fronteras
¿Cómo puede la ciencia ayudar a trascender fronteras de género, geográficas, entre disciplinas y educativas?
Hubo talleres dirigidos a mujeres en materia de ciencia . Foto: Cortesía
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¿CÓMO PUEDE LA CIENCIA ayudar a trascender fronteras: de género, geográficas, entre disciplinas y educativas?

La clave está en la diversidad y la inclusión, el objetivo central de las Gender Summits (Cumbres de Género), iniciadas en Europa en 2011.

El pasado 28 y 29 de abril se llevó a cabo, en la ciudad de México, la Gender Summit 8, la segunda que se organiza en Norteamérica y la primera en incorporar la perspectiva latinoamericana. El evento fue organizado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), uno de los socios en esta plataforma de encuentro.

Para Judith Zubieta, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y participante en la Cumbre, el hecho de que Conacyt sea una de las instituciones que auspicia este tipo de reuniones es muy relevante. “Conacyt es la agencia más importante de nuestro país que se encarga de promover, propiciar y fomentar marcos normativos y legales, además de que está a cargo de toda la operación del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación en el país”, dice la Dra. Zubieta, actuaria y experta en temas de género en educación, ciencia y tecnología. “Su participación en estas reuniones es importante porque aquí se comparten problemas y denuncias, pero también experiencias de otros países y el deseo de que México tenga una base mucho más sólida, consolidada, y ciertamente mucho más vigorosa en materia de ciencia, tecnología e innovación”.

Margarita Velázquez, directora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, doctora en ciencias sociales y participante en el panel El poder de las redes de investigación, estas cumbres son importantes porque “nos hacen dialogar entre científicos sociales, naturales, y los que manejan datos, y generar nuevo conocimiento. O hablar por lo menos de la necesidad de este nuevo conocimiento con una perspectiva de género”.

Las Gender Summits surgieron en respuesta a convocatorias europeas dirigidas a tomar en cuenta el tema de género en el ámbito de la ciencia, explica Julia Tagüeña, directora adjunta de Desarrollo Científico en Conacyt y encargada del comité regional de organización. “La idea es que México sea la primera de una serie de Gender Summits latinoamericanas y, por ello, con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se invitaron a diferentes agencias latinoamericanas”, dice Tagüeña, especialista en física del estado sólido.

Este tipo de reuniones también es importante porque permite que otros actores, que no tienen regularmente oportunidad de interactuar, se conozcan y compartan sus experiencias y temas de trabajo. “Al fortalecer las redes de conocimiento, la interacción entre aquellos que estamos interesados en el estudio, el análisis, y la reflexión de estos temas es muy importante porque potencia nuestro trabajo”, afirma Zubieta.

En el Gender Summit de México participaron como socios EU y Canadá. Portia Ltd., co-fundadora de los Gender Summits también participó como coorganizadora. “Esta serie de reuniones son una especie de movimiento”, dice la Dra. Tagüeña.

MUJERES Y NIÑAS EN LA EDUCACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA

En años recientes ha habido un avance en cuanto a los años de escolaridad que alcanzan los estudiantes mexicanos en general, y las mujeres en particular, pero no se ha avanzado en cuanto a las disciplinas que, mujeres y hombres, están eligiendo para desarrollar su carrera científica. “Seguimos teniendo muy pocas físicas y físicos, ingenieras e ingenieros, matemáticas y matemáticos”, dice la Dra. Zubieta.

En un artículo publicado por Zubieta y Marrero en 2005 en la revista Agricultura, Sociedad y Desarrollo, se reporta que en 1997 la escolaridad de las mujeres registró un incremento del 122% respecto a 1970, al pasar de 3.2 a 7.1 años en promedio, mientras que en los hombres el incremento fue de 108%, pasando de 3.7 a 7.7 años en promedio

Actualmente, la escolaridad de las mujeres es de 8.8 años en promedio (con pequeñas diferencias entre hombres y mujeres) pero Zubieta alerta que eso significa tan solo una secundaria incompleta.

“El problema es que en la primaria y en la secundaria hay muchos factores que están operando como definitorios de las vocaciones profesionales de las niñas (y también de los niños). Maestros que no entusiasman a sus alumnas mujeres por las matemáticas, o no les dan posibilidades de participar en la clase, hay una cantidad de sesgos y barreras, unas muy claras, otras menos obvias, que operan para que las mujeres no cultiven su gusto por las ciencias duras, las ingenierías o las matemáticas”, dice la investigadora.

Zubieta propone actividades mucho más enfáticas de promoción de la ciencia hacia el interior de nuestra sociedad “que aún desconoce los beneficios de invertir en ciencia y de tener una comunidad científica fuerte”. El esfuerzo debe venir no sólo de la academia sino también de las instituciones encargadas, como el Conacyt. Se requieren también políticas con visión y perspectiva de género que reconozcan las diferencias que hay entre la situación de los hombres y la situación de las mujeres.

REDES DE CONOCIMIENTO

Para la Dra. Velázquez la importancia de estas redes se centra en que “el conocimiento se puede transferir a otros sectores no académicos”. Se trata de una forma en que la academia comparte el conocimiento en beneficio de la sociedad.

Velázquez enfatiza que el tema de género no es un tema de mujeres sino un tema de las relaciones de género y su importancia radica en que “la perspectiva de género implica dar una película integral de los impactos del conocimiento y de la acción pública en la vida cotidiana de mujeres y hombres y en lo que cada uno hace que es complementario”.

La Dra. Velázquez estudia el tema de “Género, sociedad y medio ambiente” y ejemplifica:

“Yo no estudio el cambio climático porque no soy física, lo que estudio son las acciones y las relaciones que producen un cambio climático. A mi me interesa saber quién y qué produce el cambio climático y cómo ese conjunto de relaciones se pueden modificar para incidir en las acciones de mitigación y prevención, pero para hacerlo, necesito saber qué es el cambio climático y los científicos duros, para pararlo, necesitan saber qué hace la sociedad que produce el cambio climático”.

IMPULSO EN LATINOAMÉRICA

El 27 de abril, un día antes de la cumbre, se llevaron a cabo dos eventos paralelos sólo por invitación: una reunión de representantes de instituciones de ciencia y tecnología de Latinoamérica y un taller dirigido a mujeres en etapas tempranas de sus carreras en ciencia (ver: ““Sean guerreras, salgan de su casa, vayan a la universidad”).

“Un reto que enfrentamos es que las mujeres aprovechen su preparación para formar parte de nuestra fuerza académica y laboral” dice Tagüeña. “Ese fue el motivo por el que nos pareció que hacer el taller previo a la conferencia era muy importante porque la idea del taller es dar consejos para que puedan mantenerse en la vida académica más allá de obtener el título. Es importante tener claro que opciones tomar”.

Las mujeres que participaron en el taller forman parte de un programa que tiene Conacyt para la incorporación de mujeres indígenas al posgrado y que atiende alrededor de unas 170 a 200 mujeres al año, explica Dolores Sánchez, directora adjunta de Posgrados y Becas de Conacyt.

Para el taller se decidió invitar a un grupo de mujeres que pudieran continuar en contacto. A diferencia de otras entidades donde el programa de apoyos depende de los consejos estatales de ciencia y tecnología, en Guerrero, el programa está a cargo de la Universidad Autónoma. De esta forma, todas las participantes forman parte de un grupo “y se van a seguir viendo y trabajando juntas lo que les permitirá seguir creciendo. Justo lo que estábamos buscando: una sinergia posterior y un impacto capitalizable”, explica Sánchez, maestra en ciencias sociales.

Dentro del “Programa para Fortalecimiento Académico para Indígenas del Conacyt” aún hay muchos retos que vencer. Entre ellos, llegar a los lugares con menor nivel de desarrollo donde la población de mujeres indígenas con estudios de licenciatura concluido es muy pequeño. Es necesario ayudarlas con la difusión de otros programas que les permitan cursar sus estudios universitarios. Finalmente, se busca aumentar la demanda. “Hasta ahora hemos atendido al programa con los recursos disponibles peor la idea es crecer el número de becas”, dice Sánchez.

Sobre la eficiencia de terminación, las mujeres inscritas en este programa tienen eficiencias terminales similares a las de los programas nacionales de posgrados de calidad que van del 60-75% al concluir el periodo de estudio y que se eleva a los 6 meses o un año, por quienes han presentado una tesis y han rebasado el tiempo de los cursos, que generalmente es de dos años.

“Ser indígena no te hace distinto, lo que hace es que tengas menos acceso a ciertos medios que te permitan desarrollar capacidades. Ser indígena no debe condicionarte a no ser matemático o físico”, enfatiza Velázquez.

DATOS PARA DECIDIR

Durante la cumbre, Zubieta presentó el libro Participación de las mujeres y niñas en la educación nacional y en el sistema de ciencia, tecnología e innovación en México, escrito en colaboración con Mónica Herzig.

Este libro hace una propuesta metodológica y conceptual para revisar el tema y proporciona información cuantitativa que permite tener un panorama bastante completo de la complejidad que viven niñas y mujeres para ingresar, permanecer y egresar del sistema nacional educativo pero también del sistema de ciencia, tecnología e innovación, dice Zubieta.

El reto que enfrentan este tipo de investigaciones sigue siendo el acceso a la información. “No sabes que difícil fue conseguirla. Necesitamos que todas las instituciones encargadas de generar información estadística hagan sus publicaciones desagregando todas sus cifras por sexo. El mismo Conacyt no separa por sexo quiénes son los beneficiarios por ejemplo, de los apoyos a las convocatorias de ciencia básica”.

El libro, de acuerdo a su autora, permitirá tener una película más completa, y también más optimista, en el sentido de que “si realmente queremos tener una sociedad más equitativa, un país más justo, tenemos que garantizarle el mismo acceso, las mismas posibilidades a mujeres que a hombres”.

laura.vargas@eleconomista.mx

(ACTUALIZACIÓN: 11:21)

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