La abstracción de lo espiritual
El regreso a lo elemental
Rectángulos forman parte de la exposición de Ryan Brown en la Galería OMR. Foto EE: N. Gaia
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Cuando las formas establecidas en un sistema se rompen, viene la crisis... y en esa crisis llega la angustia. Es una de las sensaciones que experimento al entrar a la Galería OMR para ver la exposición de Ryan Brown, Stare at the Wall, donde rectángulos de colores colocados en el piso y parte del techo, que parece resquebrajarse de diferentes maneras, te reciben en la entrada.

“No estoy influenciado de manera directa por relaciones sociales y el contexto político, pero no puedo negar que existe una correlación a través de los componentes visuales. (Las piezas de la exposición) son parte de un serie que comencé hace unos años, inspirada en un catálogo de subastas, lo cual es un contexto extraño, por un lado sirve para propósitos comerciales, pero al mismo tiempo sirve para llevar un registro de la historia del arte contemporáneo.

“Hay cierto nivel de agresión, de destrucción (...) Empezó de una manera metódica de composición de formas geométricas (...) Básicamente son rectángulos y donde debería ir el arte (dentro del rectángulo), hay colores. Es en la deconstrucción donde me encuentro a mí mismo, no puedo decir que hallo paz, porque no es un proceso pacífico, pero de esta manera me siento cómodo”, comenta Ryan.

Cuando uno está rompiendo algo es porque está buscando algo nuevo...

“De alguna manera, pero me gusta permanecer con una identidad anónima como artista, no me considero el generador de originalidad, porque es cansado y no me interesa”.

Y es que los orígenes de la abstracción que le interesan a Ryan provienen de un punto de vista espiritual, teosófico, en donde el trabajo con las formas geométricas no le pertenece a nadie; para él, su trabajo es una especie de reintroducción o reformación de las formas, que parecieran haber estado ahí por siempre.

“Trabajo fuera de un marco temporal. Es común que la gente quiera categorizar este tipo de trabajo en un contexto histórico, que entiendo y es importante, pero mi aproximación a la geometría es universal. El espíritu que tengo como artista es el de la libertad: libertad para usar cosas y apropiarte de ellas, y no preocuparte por cruzar una línea o entrometerte en el territorio de otro artista”, asegura.

En el espacio principal encontramos tres lienzos rectangulares: Best Practice, Intermediate Practice y Advanced Practice; en el espacio superior encontramos dos instalaciones escultóricas: Voyage, un columpio que desciende del techo, y Leisure, un grupo de sillas de playa de tamaño desproporcionado que están cerradas y van colocadas contra la pared. Ambos diseños “sirven para ofrecer un escape momentáneo de nuestra existencia diaria, de la adolescencia hasta la edad adulta”. Contraponen los placeres simples del diseño utilitario y la belleza estética sin función. Y, por último, una serie llamada Echo, compuesta por 500 pinturas originales que presentan una carita feliz: “Es una continuación de la tradición del retrato, que tiene una historia larga y ha tenido diferentes aproximaciones. Ésta es mi propuesta, es en parte cómica e infantil”, comenta Ryan.

Las caritas felices resultan extrañas: son sencillas y expresan una sensación de individualidad, pero fueron creadas con una máquina a manera de producción en serie, por lo cual podría ponerse en entre dicho la etiqueta de originalidad. Y, sin embargo, son únicas.

El retrato no es ajeno al creador. Contrario a muchos artistas plásticos que no poseen las habilidades para el dibujo o la pintura, Ryan se considera un dibujante calificado, una habilidad que valora. Y es que creció en un medio artístico: su padre era ilustrador de libros infantiles, entre ellos los de Plaza Sésamo.

“Como artistas somos muy conscientes de nuestro contexto cultural y social, pero es difícil encontrar un lugar para el arte tradicional en el contexto contemporáneo. Hay muchas comunidades artísticas, es una cuestión de encontrar tu lugar”, nos dice el artista.

Stare at the Wall 

Galería OMR

Córdoba 100, Roma Norte. 

Hasta el 9 de julio

@faustoponce

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