Falacia patética
Obsesión por la materia
Encendido por influencias como Sebald, Žižek y la música neofolk, Gustavo Abascal crea geografías inesperadas.
Concepción Moreno
Nov 22, 2016 |
21:25
El título de las obras surge de las lecturas de Abascal, una relación entre lo visual y lo literario. Foto EE: Natalia Gaia
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Gustavo Abascal (Ciudad de México, 1979) estudió artes visuales y literatura, “brincando de un lado al otro”, como él mismo explica. Por eso sus obras suelen contar una historia.

Los títulos de sus piezas salen de lo que ha leído. “Busco la relación entre los visual y lo literario, me interesa el microtexto”, dice.

En Falacia patética, exposición en Arredondo\Arozarena, Abascal exhibe el producto de su residencia en Viborg Kunsthal, Dinamarca. Son obras que se relacionan unas con otras como un rompecabezas. Va del juego arquitectónico a la cartografía, de los lugares que descubrió en Dinamarca a un catálogo imaginario de piedras. La constante es la obsesión por la materia: “Es una interpretación matérica; dejo que el material hable por sí mismo”.

La selección que se exhibe en la galería es de dibujo, grabado y pintura; las piezas son de pequeño y medio formato. “Me gusta que la obra sea íntima (...) El formato no está ligado a los tiempos de producción, sino más bien al contentillo”; es decir, cada pieza responde a estados de ánimo del autor más que a ambiciones mayores. No confunde lo grandote con lo grandioso.

Música, literatura y filosofía como combustible

Hace algunos años, Abascal exploró la producción de arte relacionado con la música. El black metal lo inspiraba. Ahora, aunque reconoce la influencia musical (en especial del neofolk), dice que su obra se ha vuelto más contemplativa, más cercana a la obra de pensadores como W. G. Sebald, Slavoj Žižek o el estadounidense Eugene Thacker. Abascal piensa que su obra reciente crea un puente entre lo figurativo y lo abstracto. Representa elementos aislados de la naturaleza, estructuras arquitectónicas sacadas de contexto y una especie de cartografía fantástica. Bosques, dunas, rocas, todo caracterizado por esa búsqueda de la forma propia de la materia: lo “matérico”.

La pieza “Latitud azarosa” es un mapa falso de Europa. Nació de los lugares de Europa del este y del norte que planeaba conocer pero a los que no fue. Escandinavia y la zona oriental europea se unen formando composiciones plásticas. “Encuentro en la naturaleza estructuras que podrían llamarse brutalistas”.

Durante la conversación entre quien esto escribe y Abascal, el artista arroja conceptos filosóficos como “tenebrismo invertido”, “realismo especulativo” y “aislamiento espléndido”. Este último —sacado del trabajo del filósofo Slavoj Žižek— lo vivió en carne propia. “En Dinamarca tuve el contacto social mínimo. Estaba todo el tiempo en el taller, haciendo un grabado tras otro de un modo que podría ser obsesivo (...) Žižek habla del aislamiento espléndido cuando se refiere a sociedades avanzadas que usan su ventaja tecnológica para evitar el contacto social. La estupidez de estar embotado en uno mismo”. Así él en Dinamarca, usando su residencia artística para evitar relacionarse.

Mi pieza favorita es el “Catálogo de piedras imaginarias”, todo un ejercicio de la fantasía, una liga entre lo fantástico y un realismo cientificista. Abascal dibujó una serie de estructuras que pueden entenderse como rocas. Con estos dibujos en mano visitó el Instituto de Geología de la UNAM e invitó a los científicos a crearle una ficha falsa a cada una de las rocas, con detalles como su composición química, sus usos, el lugar de origen; de tal suerte que cada una de esas piedra falsas cuenta una historia que es un bello producto apócrifo. Y uno halla de nuevo la obsesión del artista con las cimas y valles de la materia.

Falacia patética puede resultar una experiencia de shock: uno puede buscar la lógica interna de lo expuesto y no encontrarla. O puede acceder a estas piezas entre abstractas y figurativas y hallar en ellas un poema existencial.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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