Andrew Birk, artista
El artista de las largas caminatas
Caminar como obra de arte. Andrew Birk ha perfeccionado el arte del paseo. No sólo camina con el fin de ir de un lugar a otro, sino también para crear.
Concepción Moreno
Feb 14, 2017 |
22:14
Andrew cada vez se siente menos cómodo en las galerías tradicionales. Foto Archivo EE: Hugo Salazar
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Caminar como obra de arte. Andrew Birk (Portland, Oregon, 1985) ha perfeccionado el arte del paseo. No sólo camina con el fin de ir de un lugar a otro, sino también para crear. “Caminar es mi taller”, dice. Ha caminado desde su casa en Tlalpan a la Condesa. 4 horas caminando. Y él como si nada.

Andrew usa el slang chilango con soltura. Su español es fluido y divertido.

El sábado pasado protagonizó una de sus caminatas pero esta vez acompañado de cómplices. Un grupo de unas 15 personas lo siguió desde el mástil de la bandera en el Zócalo hasta el Centro Banamex para ver Zona Maco. Dice que así, tras la caminata, las piezas de Maco cobraron otro significado. El contexto que lo cambia todo.

Andrew nació en Portland pero casi desde siempre estuvo enamorado de Latinoamérica, en especial de México:“Fui a una escuela donde la mitad de las clases eran en español. Ciencias en español, historia en español. Aprendí antes la historia de México que la de Estados Unidos”.

Aunque en su escuela los profesores venían de varias de las grandes capitales latinoamericanas —Lima, Buenos Aires— en su memoria quedó fijada una maestra mexicana que les compartía la cultura de su país. “Nos llevaba comida, textiles. Aprendí a decir Popocatépetl e Iztaccíhuatl”.

Dice Andrew que vivir en México siempre fue su sueño. Mientras que los de su generación viajaban por Europa, él venía a México. Hasta que finalmente se estableció en nuestro país a los 25 años.

Uno diría que para alguien del llamado primer mundo la Ciudad de México le parecería un caos delirante. Pero Andrew está hecho de otra pasta. “La ciudad me pareció mejor que lo que cualquiera podría imaginar. Portland es muy cuadradito, muy ordenado. En cambio, la CDMX está toda ordenada pero sin ese hipercontrol, su crecimiento es orgánico, de intuición. Y yo coincido con esa manera de ver la vida”.

Caminar por la ciudad se convirtió, pues, en su manera de conocer México de manera íntima. ¿Sus paseos son un performance? “Todo puede ser un performance o una coreografía. Es más un gesto sin la teatralidad del performance”.

En sus caminatas por la ciudad Andrew saborea las texturas, no solo las visuales, también las sociales, las de la historia que aprendió de niño. “Me gusta eso de no controlar a la naturaleza (de la ciudad) sino reconocernos como parte de ella”.

Recién llegado dio clases de arte. No sentía miedo de usar peseros o el Metro. El único inconveniente: su estatura. Los asientos de los micros son demasiado pequeños para alojar a este mexicano de Portland.

Arte con Amor

La caminata creativa no es la única obra de Andrew. También pinta. Últimamente está trabajando en una serie de obras hechas con lodo y pasto. Así como le gusta el paisaje urbano, también disfruta de ir al campo. Amigos suyos lo invitan a sus ranchos y él trabaja con ese material orgánico.

Su obra es autobiografía. Tiene que ver con los momentos por los que pasa. Ahora está interesado en su salud y por eso pasa días en el campo y por eso camina tanto. Su sueño es hacer una caminata desde Baja California a British Columbia: la friolera de 5,000 km. “Mis pinturas con pasto y lodo son un registro de mi cuerpo. Es para preguntarme quién soy, dónde estoy”.

Esa experiencia del cuerpo, dice, es similar a lo que hacía Ernest Hemingway. “Los escritores estaban encerrados en su estudio trabajando con su imaginación, Hemingway no, salía y tenía experiencias y de eso escribía. Yo busco interactuar con el mundo para obtener ideas. En inglés dicen means to an end. En este caso el arte es el mean y el end”. El arte como fin en sí mismo.

Andrew dirige una plataforma de arte llamada Amor. En ella promueve a artistas jóvenes y de otras ciudades, especialmente de Cuernavaca. “Tengo listas de nombres de artistas interesantes que he visto en Cuernavaca. Aquí en Tlalpan (donde está su casa y es también la sede de Amor), estoy más cerca de Cuernavaca que del Centro”, dice y se ríe.

Amor no es su primera experiencia como promotor de arte y sus esfuerzos se unen al boom de espacios alternativos fuera del circuito tradicional de galerías. Pero Andrew dice que son más una comunidad que una competencia. “Todos estamos ayudándonos, no chingando”.

Y en resumidas cuentas, ¿qué es el arte para Andrew Birk? “Una razón para salir de la pinche cama. Es mi razón para vivir. Soy como una ballena que se va a lo profundo del mar y regresa a la superficie para enseñar lo que encontró”.

En el circuito tradicional de galerías —digamos kurimanzutto, OMR— “no me siento bienvenido. Lo que hacen en Ladrón o en Bikini es mucho más fresco. Por eso me gusta ir a ver qué están haciendo en la UAM o la Esmeralda... Yo pertenezco a una galería, la Anonymous Gallery, pero pertenezco a una generación que cada vez se siente menos cómoda en las galerías. Yo quiero caber ahí cada vez menos”.

Pena ajena

Dice Andrew que las relaciones México-EU le parecen “vergonzosas”.

“Ninguno de los dos países tiene suficientes datos para conocerse. Todo lo que saben es lo que sale en Hollywood y mierda así. La realidad está cambiando en ambos sentidos”. De hecho ha dejado de comprar todo lo hecho en EU para apoyar a las marcas mexicanas. Fuma cigarros Camel porque son hechos en México.

Donald Trump le da pena ajena. Pero acepta que es parte de un mecanismo que va más allá del elector promedio. “En EU, hay mucha hipocresía. Se quejan de Trump pero sus impuestos se van para financiar la maquinaria de guerra contra países donde se matan civiles”. Agrega que en México hay corrupción, que los impuestos se van a los bolsillos de los políticos, “pero al menos no se usan para matar niños”.

Dice que es muy cínico respecto al sistema electoral de su país pero de todos modos votó. Por Bernie Sanders. “Voté por presión de la familia y los amigos, pero también lo hice pensando en mis amigos gays, y en mis amigos mexicanos”.

Una consecuencia inesperada del triunfo de Trump es que ahora la gente lo mira diferente. “Me ven como el culpable”, dice serio. Todos le preguntan por Trump, desde el cartero hasta la gente de la tiendita.

El sino de ser gringo en México.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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