Archivo Gustavo Casasola
Mi domingo
Corrían los 90. En ese entonces iba yo en la primaria. Mi maestra me tenía ojeriza porque, como les dijo con preocupación a mis padres, era yo “floja con mayúsculas”. Miss Becky y yours truly teníamos pique.
Foto: Casasola
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Corrían los 90. En ese entonces iba yo en la primaria. Mi maestra me tenía ojeriza porque, como les dijo con preocupación a mis padres, era yo “floja con mayúsculas”. Miss Becky y yours truly teníamos pique.

Ella a dejarme tarea y yo a ser cada vez más irresponsable. Ah, los placeres de la infancia.

Tenía yo un compañero de lucha. René, se llamaba (espero que todavía se llame, pero pintaba para drogadicto perdido) y nos sentábamos juntos en la esquina de los parias.

René era tan flojo como yo pero tenía un plus: era chistoso. Podía, con una intervención desde gayola, detener la clase por una locura que se le ocurrió. Todos reíamos y reíamos.

Eran los 90, yo dije. Éramos la generación TLC: Milky Ways y dulces de los Cazafantasmas corrían libres por el salón. Como suele ser, había una niña que coordinaba el mercado de golosinas. Cada Milky costaba 2,000 pesos, y yo, gorda pero pobre, apenas alcanzaba a comprar un chocolate a la semana. Mi domingo, lo recuerdo bien, era una plateada moneda de 5,000 pesos.

Un día estábamos René y yo en la esquina cuando miss Becky nos ponía un ejemplo de matemáticas. Dijo: “A ver, René, si te dan 4,000 pesos de domingo y te gastas 1,500, ¿cuánto te queda?”. René se paró y dijo sin pestañear: “El ejemplo está mal porque para empezar a mí me dan 10,000 pesos de domingo”. “Ah, caray”, dijo Miss Becky, “qué suerte tienen los que no se bañan”.

Celebramos hoy al Benemérito, pero no olvidemos que este fin de semana también fue día de la expropiación petrolera. Don Lázaro salía en los billetes de 10,000 que mi amigo René recibía cada domingo circa 1993.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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