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Libritos para las vacas
Hace calor. Dan ganas de alberca, clamato y qué más: un librito.
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Hace calor. Dan ganas de alberca, clamato y qué más: un librito.

Si esta será su semana de vacaciones, y lo es para gran cantidad de mexicanos —la Ciudad de México en especial se vacía y da para decir el lugar común: “Ay, ojalá siempre estuviera así”— aproveche y llévese con usted un libro. A continuación algunas recomendaciones.

At the existencialist café, 
de Sarah Bakewell (Other Press)

La anécdota la cuenta Simone de Beauvoir: estaban ella, Jean-Paul Sartre y un amigo, todos veinteañeros, tomando cocteles. Era el año 1945 y tanto Beauvoir como Sartre se sienten frustrados ante el nivel intelectual de Francia. El amigo viene de Alemania y está entusiasmado, excitado, por la ola filosófica que recorre al país perdedor de la guerra. Se llama filología y permite hacer filosofía sobre todo lo que es. Y entonces Sartre se pone a filosofar sobre el coctel de chabacano que tiene enfrente. Fue como si la luz iluminara su ojo ciego (Sartre era bizco y veía con un solo ojo). Así nació el existencialismo, una filosofía que permite pensar en lo mundano porque lo mundano es lo único que tenemos seguro.

Una filosofía divertida, contracultural y llena de sexo. Sarah Bakewell hace una narración casi novelada del existencialismo desde Sartre hasta Heidegger. Se la pasará bien.

The Outsiders, de S.E. Hinton (Speak)

Cumple 50 años este clásico de la literatura adolescente. La propia Hinton (Susan Eloise que tuvo que abreviarse a S. E. para atraer a lo lectores varones) era una adolescente cuando lo escribió, apenas una quinceañera que consiguió casa editorial tan pronto como salió de la prepa.

Es la historia de Ponyboy y su pandilla de amigos, los Greasers, muchachos pobres sin mucha esperanza en el futuro. Sus rivales son los Socs, los niños ricos que lo persiguen.

Tal vez vio la película dirigida por Francis Ford Coppola. La novela es una delicia por sí misma. También está disponible en español bajo el título Los rebeldes, pero es más fácil de conseguir en su idioma original.

Esta historia, 
de Alessandro Baricco (Anagrama)

Baricco a veces le atina, a veces no. Es, sin duda, uno de los escritores más originales de nuestra era. Esta historia es de las veces que pega con tino.

Ultimo (así, sin acento) conoce los primero automóviles cuando es un niñito y empieza así un romance sin fin. Tiene que ir a la Primera Guerra Mundial, a la que sobrevive dañado pero con el corazón lleno de su sueño automovilístico: construir una pista de carreras tan perfecta como si Dios fuera a bajar a correr en ella.

El libro perfecto para los amantes de la carreras y los que encuentren en la palabra “bólido” un erotismo único.

El libro mayor de los negros, de Lawrence Hill. (Almadía)

Amínata Diallo se repite a sí misma su nombre para no olvidarlo, para no olvidarse.

A los 11 años los comerciantes de esclavos se la llevaron de su aldea, donde era ayudante de partera. Su vida después, como podría esperarse, no será nada fácil, pero hay mucho que contar sobre ella.

Amínata, ya anciana, con un sentido delicioso de la ironía, se sienta a escribir sus memorias cuando un grupo de abolicionistas blancos la llevan a Europa para hablar de los horrores de la esclavitud. “Los blancos me llevan y me traen”. El libro mayor de los negros cuenta sin cobardía todos los detalles del comercio de esclavos, pero su personaje principal es tan sabio que nunca pierde el sentido común y es gracias a él que recupera la libertad.

En busca del señor Jenkins, de Andrew Paxman. (Debate 
y CIDE)

Éste es el libro que yo misma me voy a sentar a leer en mis vacaciones. Paxman, quien ya había narrado buena parte de la historia político-empresarial del siglo XX mexicano en su biografía del Tigre Azcárraga, se avienta ahora el trompo de recordar a un empresario estadounidense medio olvidado por la historia de nuestro país.

William O. Jenkins llegó a México a principios del siglos XX con ganas de hacerse rico. Y lo logró. Un verdadero canalla que explotó, robó, sobornó. Fue prestamista, dueño del ingenio azucarero más grande del país y controló el star system nativo durante la Era de Oro del cine mexicano.

La biografía que Paxman ha escrito parece una novela de aventuras.

Dicen que las mejores autobiografías son las de los sinvergüenzas. El dicho puede aplicarse también a las buenas biografías.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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