Garage Picasso
El resto es silencio
Ya sé que llego tarde a la fiesta. Ustedes disculpen,
estaba de vacaciones.
compartir

Ya sé que llego tarde a la fiesta. Ustedes disculpen,
estaba de vacaciones.

Precisamente en mis vacaciones en mi destino favorito (mi cama) vi la serie 13 reasons why, la nueva revienta ratings —es un decir— de Netflix.

Ningún spoiler en esta columna. Esto más bien es un rant: ninguna serie me había irritado tanto antes.

Reconozco la buena manufactura del show. Es verdaderamente adictivo. Está construido a modo de un caso detectivesco que el espectador, junto con el protagonista, va resolviendo capítulo a capítulo.

Clay (Dylan Minnette) tiene una misión: entender por qué su amiga Hannah (Katherine Langford) se suicidó. La respuesta está en 13 cassettes que Hannah dejó para que cada una de las 13 personas que le hicieron daño la escucharan.

Y aquí es donde me pongo furiosa: el suicidio como
glamour, como una venganza cool. Como si matarse fuera la única manera de confrontar a los verdugos.

No siento ninguna simpatía por Hannah. Su muerte es una revancha vacía.

La serie tiene varias escenas gráficas de abuso sexual y de la muerte de Hannah. Ninguna de ellas ayuda a que los temas que el show quiere tratar (el bullying, sobre todo) sean abordados de manera seria y ayuden a los adolescentes luchando con la depresión a encontrar ayuda.

Selena Gómez, productora de 13 reasons why —originalmente iba a ser una película protagonizada por ella misma—, declara en el corto video con el que termina la serie que el suicidio nunca debería ser una opción.

Según ella y los otros productores, la razón para retratar de manera tan cruda la muerte de Hannah es mostrar que no hay nada deseable en quitarse la vida. A mí la escena me parece lo contrario: es una escena romántica, muy siglo XIX, de un alma joven muriendo lentamente. Es una propuesta para morir: si alguien con ideación suicida ve esa escena dice: “¡Eso!”, y aprende un método. Si esa persona no tiene atención psicoterapéutica, el programa es puro peligro.

Los mentados cassettes dan una estructura divertida al programa. Pero analicemos el hecho de que los hizo alguien que ya pensaba suicidarse. El suicidio puede ser algo largamente planeado o un acto súbito, pero lo de Hannah, esas ganas de vengarse, me parece más de un psicópata que de alguien enfermo de depresión.

Como dije: la serie está muy bien hecha. Lo que me pareció más interesante, dejando de lado la irresponsabilidad de los creadores, es el retrato de la brecha entre adolescentes y adultos. Hannah y Clay son buenos chicos, amados por sus padres, a quienes les guardan sus secretos más profundos. Es la única arista del programa que me pareció real. Yo tampoco les contaba todo a mis padres, a pesar de que necesitaba ayuda urgente cuando estaba creciendo. De cierta manera creo que la serie está más dirigida a los padres que a los muchachos. Porque a Hannah le pasa de todo y los padres se tienen que asustar y darse cuenta de que sus hijos viven en un mundo horrible. Uy.

Pero ese no es el tema central de 13 reasons why. El tema
de la salud mental es asunto que no es tratado en su justa medida. Las películas, las series, hasta los noticieros, tienden a exagerar o a simplemente fallar el blanco.

Y no es cosa menor. La OMS ha dicho que una de las grandes enfermedades de nuestro siglo es la depresión. Hacen falta miradas más profundas sobre el tema, sobre todo cuando se trata de niños y adolescentes.

El suicidio es una decisión dolorosa para quien la toma y para sus seres amados. Es un escape, no un chantaje. Si una persona en su vida habla de matarse, escúchenla y tengan cuidado: necesita su mano amiga tendida. Si no, el resto es silencio.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

0 Comentarios
Comentarios
Periódico El Economista es una empresa de