Garage Picasso
De apetitos
¿Ya vieron Voraz? No le saquen, no le saquen.
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Sí, es posible que se mareen. O que sientan asco. O que simplemente salgan horrorizados. Pero no le saquen: Voraz es una película que merece verse.

La cinta de la directora francesa Julia Ducournau es la historia que necesitamos si es cierto
que el futuro es femenino. Mi apetito por cintas sobre mujeres
hablando sobre mujeres se vio saciado cuando vi esta gloria sangrienta en el pasado Festival Internacional de Cine de 
Morelia (para más efecto, la vi en función de medianoche).

Justine (grábense este nombre: Garance Marillier) tiene 16 años y como toda su familia, siempre ha sido vegetariana.

Se va de casa para estudiar veterinaria, donde por primera vez tiene que lidiar ella sola 
contra el mundo. No importa
que su hermana mayor ya sea estudiante, el sitio es horrible y lo descubre desde el primer día.

En la escuela pasa por una novatada brutal: la bañan en sangre y la hacen comer el hígado de un conejo. Lo que debería
ser asqueroso, especialmente
para una vegetariana que se convierte en la primera probada. Sólo la primera probada: así empiezan los grandes apetitos.

La sangre la atrae. Justine ama el olor, la textura y sobre todo el sabor.

Lo que sigue es una de las
películas más gore que he visto
(disclaimer: no veo mucho cine
gore, me da pesadillas). Pero 
sobre todo es la historia de una mujer y su deseo. Sigue el deseo, Justine, te liberará.

Eso: Voraz describe el deseo
femenino como pocas cintas. Por supuesto que pasa el test
Bechdel —un examen informal que califica si una cinta es respetuosa con sus personajes femeninos— y además describe lo que significa la sororidad.

Hay escenas de canibalismo que se ven perfectamente reales (bueno, otro disclaimer: yo nunca he visto una escena de canibalismo en la vida real) y más que terror lo que verán será una cruza entre crítica del primer mundo —¿dónde si no podría darse la obsesión por el veganismo? La película es una sutil crítica a los estilos de vida posmodernos— y feminismo. Con sangre. Y un deseo sexual salvaje. Como dice un personaje de Game of Thrones, las mujeres estamos más acostumbradas a la sangre: la vemos cada mes.

Voraz no es para los débiles
de espíritu. Si de plano el gore
les da mucha nausea, sáltensela, no quiero ser la culpable de una vomitona en las salas de cine. Pero si son cinéfilos aventureros y no quieren quedarse con la duda, véanla. A diferencia de muchas películas de terror, esta
tiene un gran guión y personajes memorables, en especial la protagonista.

Un programador con sentido
del humor puso el estreno de Voraz en Semana Santa. Kudos por él. Pero les estoy hablando a los cinéfilos que no se han atrevido. Les digo: no le saquéis, como dice Cantinflas.

Julia Ducournau, nacida en 1983, es la representante de una nueva ola mujeres cineastas. Las necesitamos. Urgen más historias de mujeres y este no es necesariamente un grito feminista, es el reclamo de una cinéfila que quiere otro tipo de cuentos en pantalla.

Por décadas el cine, tanto el independiente como el de Hollywood, ha sido dominado por penes: un club de Toby irritante. Dibujan mujeres que se ven guiadas por el deseo, sí, pero por el deseo por otros hombres que suelen ser el alter ego del cineasta. Vean Voraz si quieren entender a lo que me refiero con deseo femenino sin escrúpulos.

Voraz está llamada a ser cinta de culto. No estoy segura de que eso me guste mucho: esas cintas son placer de los happy few. Sería mejor que todo mundo la viera, si no por feminista, sí porque es una buena película. Amén.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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