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El orgullo de Bagdad
En inglés, a un grupo de leones se le llama “pride”. 
Pride: orgullo. ¿Es hermoso o qué?
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En inglés, a un grupo de leones se le llama “pride”. 
Pride: orgullo. ¿Es hermoso o qué?

En el 2003, cuando las fuerzas estadounidenses bombardearon la ciudad de Bagdad, las bombas destrozaron gran parte de la ciudad. También el zoológico, orgullo de la ciudad imperial. Imaginen Chapultepec demolido por los obuses; imaginen el zoo del Bronx o el de cualquier gran ciudad.

Los animales quedaron sin norte. Abandonados a su suerte, la mayoría murieron de hambre o por efecto de las bombas.

Los leones del zoo escaparon juntos y anduvieron por los restos
de la ciudad durante varios días hasta que los mataron soldados estadounidenses.

La anécdota le sirve a Brian K. Vaughan para contar una historia de guerra y deshumanización en su novela gráfica Pride of Baghdad (Vertigo).

Los protagonistas son cuatros leones: Noor y su cachorro Ali, la vieja Safa, y el macho, gordo y lento, Zill. “El cielo está cayendo, el cielo está cayendo”, les advierte una urraca. Y de pronto el cielo de los leones se ve surcado por aviones de guerra y de obuses.

Noor ansía la libertad. Tiene un plan con las gacelas, una alianza: si escapan juntos, los leones no tocarán a ninguna gacela. Parece tan fácil vencer a esos seres de dos patas que los animales sólo conocen como “cuidadores”. Y entonces sucede: la guerra.

Safa sólo quiere descansar. Si por ella fuera, esperaría la muerte en su cubil. La vida en libertad le parece una monserga.

Pero, como dijo Sartre, estamos obligados a la libertad. También los leones.

La anécdota de los leones recorriendo Bagdad en los días posteriores a la invasión de Irak sirve a Vaughan para contar los desastres de la guerra desde otro punto de vista: el de la inocencia de animales salvajes que han pasado su vida encerrados para diversión de los humanos.

La manada de leones recorre la ciudad derruida sin entender nada. Ali descubre el cadáver de un “cuidador” —un ser humano— pero Noor prohíbe devorarlo. ¿Por qué? Por pura lealtad. En un animal cabe más humanidad que en una persona.

En una de las escenas más tristes de la novela gráfica (o cómic), los leones entran al palacio imperial de Hussein y encuentran, moribundo, a uno de su especie, un león sin garras y sin dientes que muere ante Noor y sus compañeros. ¿Qué especie de crueldad se necesita para destruir así a un animal tan majestuoso como un león?

Y el ejército invasor no se queda atrás: disparan a todo lo que se mueva. Su “loable” objetivo de destruir una dictadura los convierte en asesinos.

Bajo las balas de los estadounidenses caen nuestros leones, un tristísimo final. Pride of Baghdad es un cuento trágico. Nuestros personajes son víctimas, como las miles de personas que habitaban Bagdad cuando comenzaron los bombardeos.

El arte de Niko Henrichon mantiene ese aire etéreo del sueño. ¿Es todo esto verdad?, se pregunta la manada. ¿Dónde quedó nuestra amada sabana? ¿Moriremos sin regresar a la libertad? Sí. Y lo mismo se puede decir de toda una generación de Medio Oriente, atrapados entre la violencia interna y la amenaza que es Estados Unidos, el Occidente completo.

Pride of Baghdad se publicó en el 2006, tres años después de la invasión. Su actualidad es contundente. En español se consigue como Los leones de Bagdad. Búsquenla si quieren romperse el corazón.

Anuncian el programa de Hay

Empieza la temporada de los Hay Festival en el mundo. El más importante es el original, el de Gales.

Los invitados son un lujazo. Neil Gaiman, el escritor de obras maestras como Sandman y American Gods, entre ellos (de México, por cierto, va Juan Villoro). Ustedes saben que soy gaimaniana. Llévenme, les escribo notas bonitas.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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