Garage Picasso
Adiós, Michael; hola, Sarah
Se va una leyenda del cine de serie B y llega la novela de una autora inolvidable.
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El 9 de mayo el mundo se enteró de la triste noticia: a los 77 años moría en su casa Michael Parks.

El nombre no le sonará a la mayor parte de la gente, pero si ve su foto dirán todos: “Aaah, ése era”. Y sí, ése fue. El misterioso drug dealer Jean Renault en Twin Peaks. El chivato que le dice a Uma Thurman dónde está Bill en Kill Bill vol. 2. El actor de From dusk till dawn, y de una larga colección de cintas de serie B. Sí, a veces la llamada serie B —las películas de bajo presupuesto que suelen llegar directo a video sin pasar a las salas de exhibición— tienen actores y rostros más interesantes que los de las grandes producciones. Parks era uno de ellos.

Actor fetiche de Quentin Tarantino, Robert Rodríguez y Kevin Smith, Parks deja un hueco grande en la filmografía de los tres. Smith dijo el día que supo de su muerte que nunca conoció a un mejor actor que Michael Parks y puede que sea cierto: Parks tenía un modo de mirar que completaba toda una escena sin hacer nada más.

Nunca se llevó ni se llevará un premio de la Academia, es más: a lo mejor ni lo recuerdan en su recuento anual de los fallecidos en el año, pero Parks se mantendrá en la memoria de millones de cinéfilos cada vez que vean su cara en Kill Bill y digan “sí, era él”.

Downton Abbey con onda

Ya alguna vez les he hablado de ella. ¿No lo he hecho? Bueno, se las presento. Se llama Sarah Waters y es, por ahora, mi escritora favorita.

“Pero, Concha”, me dirán, “siempre tienes una escritora favorita”. Es verdad, pero Sarah se ha mantenido en mi corazón desde hace un par de años.

Acaba de salir a la venta Los huéspedes de pago (Anagrama), su más reciente novela. No voy a reseñarla porque no llevo sino un par de páginas, pero ya quiero hundirme de todo en ella. Tan es así que mientras esto escribo es domingo en la madrugada, desvelada por la prosa de Sarah no pude sino ponerme a escribir.

¿Vieron Downton Abbey? Los huéspedes de pago se sitúa justo en la misma bisagra histórica: la del cambio social en Inglaterra tras la Primera Guerra Mundial, cuando la clase media urbana empezó a comerle el mandado a la clase de los señoritos campiranos dueños de grandes casas y propiedades en general afuera de las ciudades.

Una familia rancia es la de las Wray, madre e hija, que ante el apuro económico y la dificultad para seguir manteniendo su caserón de campo, se ven en la necesidad de rentar la mitad de su propiedad a una pareja de jóvenes citadinos, los Barber.

No sé mucho más porque en eso estoy. Conociendo a Sarah, la cosa se irá tornando más oscura, más cómica y más erótica a cada página que pasa. Sí, Sarah Waters es capaz de conjugar todo eso en una misma obra: erotismo, comedia y oscuridad.

Si no quieren empezar con Los huéspedes de pago, les recomiendo con todo mi corazón que lean Doble identidad (Anagrama), una de las novelas más divertidas de la década pasada, la historia de los raterillos de la era victoriana y de un romance que va más allá de la conveniencia de la época.

Si lo suyo es más la novela erótica, échense El lustre de la perla, también en Anagrama (esta editorial ha traducido toda la obra literaria de Waters), una historia descarada de amor entre mujeres que nació de la investigación sobre pornografía victoriana que Waters hizo para su tesis doctoral.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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