una parodia descarnada del mundo empresarial
Cinta negra, el engaño del éxito y el poder
Entrevista con Eduardo Rabasa, quien presenta su nueva novela bajo el sello Pepitas.
Vicente Gutiérrez
May 18, 2017 |
21:19
Eduardo Rabasa aborda las aspiraciones laborales. Foto EE: V. Gutiérrez
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¿Qué obliga a un ser humano pisotear, sacrificar a su familia y ser despiadado para alcanzar un gran puesto en el corporativo de moda?

La respuesta puede estar en Cinta 
negra (Pepitas Editorial) segunda novela del escritor Eduardo 
Rabasa, quien hace una parodia descarnada del mundo empresarial, el éxito y sus consecuencias.

“Es explorar los efectos en un sistema de ideas e incluso la teología corporativa o del éxito en un individuo. Es una sátira y muchos de los elementos son situaciones un tanto absurdas, pero al mismo tiempo no están tan alejadas de la realidad”, señaló el autor.

La cinta negra es el máximo reconocimiento profesional al que se puede aspirar en una empresa llamada Soluciones, es ahí, a ese mundo, donde Rabasa introduce al lector que podría acabar dándose cuenta de que puede ser el protagonista capaz de cometer las peores bajezas por alcanzar un premio.

“Uno de los libros que leí antes de escribir fue el de un alto directivo de Google y me impresionó por esa actitud autocelebratoria de ‘todo el mundo quiere trabajar ahí por la alberca de pelotas, la fuente de sodas o ir en chanclas’... pero todo ese sistema ‘buena onda’ no se refleja en lo laboral; califican a la gente semana a semana en porcentajes y es absurdo... son métodos de control para generar ansiedad y competencia encarnizada”, explicó.

Para el escritor, la realidad es que “tanto Facebook como Google están acabando con muchas cosas, entre ellas, con el periodismo, porque usan artículos de quien sea, los ponen en sus plataformas y ellos se llevan los ingresos por publicidad”.

Cinta negra retrata y critica a las corporaciones, el maltrato a los trabajadores y la ansiedad de éxito y reconocimiento sobre todas las cosas. Un croquis de cómo algunas corporaciones impulsan estructuras de secta donde el acceso a lo más alto de la cadena de mando es sinónimo del ascenso al cielo.

“Hay un discurso en las empresas sobre ‘esfuérzate y llegarás a ser jefe’ y es falso. De cierto nivel para arriba se da la ambición, la competencia, donde la ética y la moral se olvida; es pasar por arriba de todos.

“En la novela intento condensar los rasgos más visibles de esta ideología, como especie de religión donde están claramente las jerarquías pero curiosamente no sabes dónde está el premio. A mucha gente le queda claro que hay que matarse y matar a quien sea por ese numerito en la cuenta bancaria”.

¿No estás siendo un poco jipi?

“Yo digo que no. La gente procura tener una casa y sustento en un nivel lógico de lo que te puede dar un empleo. Pero es demencial cuando el trabajo, el ascenso, el éxito dejan de ser un medio para y se convierten en un fin en sí mismo”.

Para Rabasa, el triunfo, la casa, el auto del año y un gran trabajo en lugar de una relación amorosa o una mejor vida se han convertido en los objetivos de mucha gente.

“El sistema educativo, la familia y cada vez más la propia sociedad te obligan, pero ¿realmente es necesario sacrificar todo por eso por un gran puesto y una gran cuenta de banco? No, me niego a creerlo”.

Eduardo Rabasa aseguró que le daría risa que un alto y millonario ejecutivo leyera Cinta negra.

“A mí me queda claro que el personaje central es un antihéroe y un ser despreciable y mi fantasía es que algún día un empresario poderoso se identifique con él y diga: ‘Claro, el protagonista está haciendo lo correcto... ¿de qué otra forma se puede hacer y alcanzar el éxito?’ es mí fantasía”.

Rabasa fue elegido en la lista Bogotá 39-2017 del Hay Festival, que reconoce el talento de 39 de los mejores escritores de ficción de Latinoamérica menores de 40 años, tema que ha causado polémica por la elección de varios mexicanos.

“La lista de la ignominia (risas). Es un reconocimiento pero después de que causó tanto enojo, tanto odio, a veces creo que lo mejor era no estar. Lo chistoso, en mi caso, es que nadie me ataca por los libros, que sería una crítica muy válida; lo que molesta es que yo sea el editor de Sexto Piso y ocupe un lugar en la lista; como si Juan Villoro quisiera quedar bien con la editorial, lo que es una estupidez. Veo a la lista como una vitrina y nada más”.

vgutierrez@eleconomista.com.mx

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