Transmutaciones
Opción preferencial por el Yo
Desde hace años, la jerarquía católica mexicana se ha visto envuelta en escándalos...
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Desde hace años, la jerarquía católica mexicana se ha visto envuelta en escándalos. La recepción de narcolimosnas, la intromisión en asuntos civiles con declaraciones contra el Estado laico, las diatribas contra los matrimonios de personas del mismo sexo (MMS) y el derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad, el silencio acerca del feminicidio y el encubrimiento de la pederastia clerical son sólo algunas de las fallas más graves de obispos y arzobispos, con contadas excepciones.

En este elenco, destaca el arzobispo de la Ciudad de México, Norberto Rivera, quien se ha enfrentado reiteradas veces con las autoridades de la Ciudad, en particular en torno a la despenalización del aborto y la aprobación del MMS, llegando incluso a proferir amenazas de excomunión contra quienes las aprobaron. A unas semanas de que Rivera presentara su renuncia, por su edad y cuando aún está pendiente la decisión del papa al respecto, el libro Norberto Rivera, el pastor del poder es una lectura útil para recordar o adentrarse en la vida pública de este príncipe de la Iglesia.

El especialista en religión Bernardo Barranco reunió en esta publicación nueve ensayos de personas católicas que analizan la trayectoria de quien ha encabezado la diócesis metropolitana durante 22 años. El resultado, como podría esperar quien haya seguido los medios en este lapso, es un retrato crítico de un jerarca que, lejos de optar por los pobres, optó por los ricos, en un afán de poder que, como señalan varias voces, el papa Francisco mismo condenó en su homilía a los obispos en el 2016.

Desde el título, el coordinador caracteriza a Rivera como un personaje cuya conducta se contrapone a la supuesta misión de la institución a la que pertenece. Lejos de actuar como pastor, como guía espiritual que acompaña al “rebaño” de fieles y lo guía, éste es un hombre autoritario, que se arroga la verdad y ha ejercido un ministerio vertical, en la línea de Juan Pablo II, con quien tuvo afinidad gracias a su aliado Marcial Maciel. La relación de Rivera con el fundador de los Legionarios de Cristo aparece como uno de los hilos conductores de su ascenso eclesial y social. Otros hilos lo unen, en sus inicios, con un concepto cristero de la relación entre clero y Estado, como confrontación, y lo enlazan, más tarde, con un grupo de obispos ultraconservadores, el llamado Club de Roma.

La red se extiende mediante alianzas con empresarios, acuerdos con jefes de gobierno y lazos de amistad ¿o interés? con funcionarios de todos los partidos, que le permitieron acercarse al poder político y hacer negocios opacos, con la Basílica de Guadalupe.

Además de destacar la opción preferencial por el poder de quien se configura como mal pastor, el libro nos lleva a cuestionar las condiciones que han posibilitado el encumbramiento y permanencia de éste y otros religiosos que se le asemejan en afán de dominación, enriquecimiento, ataques al Estado laico, misoginia, homofobia y doble moral. Como bien sugiere Alberto Athié, el encubrimiento de la pederastia ha sido un mal sistémico al interior de la Iglesia católica. Falta aún que Rivera y otros respondan por sus faltas a la doctrina cristiana y a las leyes civiles. Por otro lado, como plantea la teóloga feminista Marilú Rojas Salazar, el concepto tradicional de los roles de género que ciega al cardenal ante las necesidades reales de las mujeres y de la sociedad forma parte de una estructura patriarcal y machista que afecta también a las mujeres que pertenecen a esta Iglesia.

Más allá de fallas y vicios de la jerarquía católica, esta lectura nos obliga a cuestionar a las autoridades, aliadas o coludidas con ésta, que han dejado en la impunidad crímenes como la violación de menores o delitos como el lavado de dinero o la apropiación de riquezas en nombre de la religión. ¿Será que los une a Rivera una opción preferencial por el Yo? Así atentan contra el bien público y la justicia.

lucia.melgar@gmail.com

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