Parque San Bernabé
El ecoturismo tiene un espacio dentro de la ciudad
Las 340 hectáreas de bosque de coníferas en la delegación Magdalena Contreras son una joya de la naturaleza.
Foto EE: Nelly Toche.
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Saliendo de la glorieta de San Jerónimo, a 30 minutos, se encuentra una experiencia única en la Ciudad de México. “Parece un oasis”, nos cuenta Raúl Pacheco, guía certificado del Parque ecoturístico San Bernabé Ocotepec. Antes de ingresar en las 340 hectáreas de bosque de coníferas, nos advierte que será un “encuentro con uno mismo, con el silencio, con la naturaleza, con la aventura y a la vez es un contraste entre la maravilla y el desastre de la civilización”.

Llegando hasta 3,150 metros de altura a nivel del mar, en el sur poniente de la delegación Magdalena Contreras, pegado a Los Dínamos y atravesando la sierra de las cruces, vemos el hogar de conejos teporingos, gallinas de monte, águilas, búhos, pájaros carpinteros, azulejos y otras especies que se integran el proyecto que esta comunidad ha emprendido de forma decidida.

Se trata de una empresa comunal, nos explica Mireya Sánchez Mendoza, integrante del parque y guía certificada. “La idea era frenar la mancha urbana, que nos estaba comiendo y los terrenos abandonados”. Así, el comisariado presentó el proyecto de un parque que además fuera sustentable y pudiera emplear a la misma comunidad de manera segura, hoy este espacio logra conservar los recursos naturales a través de un proyecto que se espera sea sustentable, productivo y rentable.

Conservación y esparcimiento responsable

El ingeniero Luis Antonio Martínez Yañez, jefe de departamento de producción de la Comisión Nacional Forestal en la Ciudad de México, explicó que los bosques de la Ciudad de México deben ser protegidos de manera especial, “son los últimos pulmones verdes que quedan, por lo que se deben buscar alternativas, no nada más para su aprovechamiento, también para su conservación de una manera sustentable y que reditúe ingresos para quienes se encargan de su cuidado. (El parque) es un caso donde se ha logrado detener la mancha urbana, pero además comenzar con la conciencia de jóvenes a los que les tocará cuidar esto en un futuro”.

Dijo que dentro de las actividades de la comunidad, también ellos son los responsables del manejo del bosque, por lo que se hacen labores de mantenimiento como chaponeo, brechas cortafuego, protección contra incendios, reforestación, etcétera.

Recordó que el manejo del bosque no es sinónimo de conservar. “Son seres vivos, tienen un ciclo y aquí están por cumplirse, esos árboles ya presentan problemas de plaga, de sanidad, entonces es necesario buscar alternativas para que esos árboles se rejuvenezcan. Nuestros árboles están por cumplir más de 100 años y si bien fijan el carbono, un árbol joven viene con toda la fuerza del mundo y asimilan muchas cantidades de carbono”.

Por ello la creación de esta propuesta donde se dan alternativas sustentables para quienes viven en estos bosques, pero además se comparten con toda la ciudad y otros estados, es una apuesta que se espera sea replicada en otras zonas de la ciudad.

“Entre amigos y familias de San Bernabé, empezó todo”, nos cuenta Mireya, orgullosa. “Somos 125 comuneros, pero en activo son 75, entre acuerdos, votaciones y un gran esfuerzo se logró y hoy somos 16 personas al frente del parque, lograr lo que hoy tenemos no ha sido fácil, incluso que todos arropen el proyecto es un reto que a la fecha seguimos trabajando, pero el resultado es nuestra mayor satisfacción”.

Por su parte Raúl, uno de los guías más jóvenes explica que este proyecto está hecho para niños, personas de la tercera edad, aventureros, amantes de la naturaleza, deportistas y curiosos: “todos tienen cabida pues tenemos actividades de rappel, tirolesa, un venadario, un vivero forestal, un ojo de agua, una granja didáctica, hay asadores, área de juegos, senderismo, campismo, ciclismo de montaña, tirolesa, rappel y lo último, una cabaña con una de las mejores vistas de la ciudad que puede alojar a grupos de hasta 18 personas y un restaurante...Parece increíble que a tan sólo a unos pasos de la civilización se pueda disfrutar de la naturaleza a este nivel”.

Mireya retoma la plática y mientras nos preparamos para descender 50 metros en la imponente pared de roca nos cuenta que desde hace once años se convirtió este territorio en un parque, pero no se hacía de manera profesional: “Hoy incluso somos el primer grupo certificado de guías en ecoturismo en la Ciudad de México, avalado por la Secretaría de Turismo y apoyados por Conafor. Contamos con una bitácora, primeros auxilios, teléfonos de emergencia, botiquín y seguridad para nuestros visitantes”.

Para recorridos guiados entre semana, campamento y rappel se puede marcar al 55 29 21 01 12 y los fines de semana la gente acude de manera directa a disfrutar de las distintas actividades. La entrada por persona es de 20 pesos adultos y10 niños. Las visitas guiadas, 70 pesos por persona y 100 pesos para acampar con un mínimo de 10 personas.

En transporte público se puede llegar por la ruta 42 que sale del metro viveros, la 66 saliendo de Miguel Ángel de Quevedo y saliendo de taxqueña ruta 111.

nelly.toche@eleconomista.mx

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