Nuestro miedo a invertir
Joan Lanzagorta
Anteriormente mencionamos que la escasa cultura, además de la gran cantidad de información que se maneja en el medio financiero, al igual que otros factores, contribuye a que mucha gente tenga un gran miedo a invertir.
Comentamos también que para poder combatirlo el primer paso era conocer sus características. Comenzamos por tanto a exponer un método cuyas primeras actividades se encaminaban hacia ese objetivo, procedimiento que complementamos ahora con algunas reflexiones que nos permitirán combatirlo poco a poco:
1- Reconocer que uno es responsable por su bienestar financiero. Esto es esencial: toda persona debe comenzar reconociendo que su futuro financiero depende de él, de su trabajo, logros, habilidades y aprovechamiento de las oportunidades que se presentan.
Cada activo que tenemos conlleva siempre una responsabilidad, un ejemplo podría ser el crédito que se utiliza para la compra de una casa.
Pero el concepto es mucho más profundo: un activo sentimental como el matrimonio o los hijos conllevan también responsabilidades -incluyendo las monetarias- que se deben enfrentar.
2- Aceptar que no existe un modelo simple y único para las inversiones. Mucha gente sigue, para invertir, reglas “de dedo” simplistas y sin un mayor análisis de por medio. Esto es un error.
El camino de las inversiones, como todo en la vida, es complejo: uno debe comenzar por aceptarlo y considerarlo con la seriedad que merece para así comenzar a conocerlo y aprender de él.
3- Buscar incrementar el conocimiento financiero y aprender de sus propios errores. En muchas ocasiones, la mejor manera de aprender es tratando de tomar las mejores decisiones que se puedan con la información que se tiene a la mano. Como seguramente se cometerán muchos errores, es importante saber aceptarlos y aprender de ellos.
4- Enfocar nuestras metas. Todos los asuntos sobre gasto, ahorro e inversión son una combinación de tres cosas: nuestros valores, la claridad en lo que queremos alcanzar y la desmitificación.
Los valores vienen al principio: nos dicen cómo queremos vivir y qué cosas son importantes para nosotros. Nuestras metas nos permiten entender, de manera muy concreta, qué queremos hacer con nuestro dinero. Nos permiten enfocar nuestros esfuerzos.
La claridad viene después: nos permite ver la manera como vamos a alcanzar esas metas. Este enfoque nos permite sacudirnos nuestros prejuicios y creencias infundadas que podrían empañarnos el camino al éxito.
5- Valorar nuestras expectativas. Lo que una persona quiere y espera de su vida cambia con el tiempo. Por ejemplo:
hace algunos años los mexicanos soñaban con tener una buena casa y comer bien. Ahora, el mayor anhelo de muchos es ganarse la lotería y tener mucho dinero.
Recordemos que cuando la vida está equilibrada y se gana buen dinero, las personas suelen motivarse y gastarlo en cosas buenas. Cuando falta ese balance, los problemas de la vida son amplificados y es mucho más difícil solucionarlos.
Las finanzas personales, al final, son una herramienta que nos permite tener una vida mucho mejor y eso debe ser valorado en su justa dimensión. Sin embargo, obsesionarse demasiado en ellas, dejando de prestar atención a otras cosas mucho más valiosas, puede ser tan desastroso como no hacer nada.
Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet:
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